viernes, 17 de mayo de 2019

Buscando a Doña Francisquita.


Doña Francisquita. Comedia lírica en tres actos. Texto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw. Música de Amadeo Vives.
Intérpretes: Sabina Puértolas. Ana Ibarra. María José Suárez. Ismael Jordi. Vicenç Esteve. Santos Ariño. Antonio Torres. Lucero Tena. Gonzalo de Córdoba.
Equipo técnico: Dirección de escena: Lluis Pascual. Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar. Iluminación: Pascual Mérat. Coreografía: Nuria Castejón. Rondalla Lírica de Madrid “Manuel Gil” (Dtor. Enrique García Requena). Coro titular del Teatro de la Zarzuela (Dtor. Antonio Fauró). Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director musical: Óliver Díaz.
Teatro de la Zarzuela, 16-5-2019.


En 1923, Federico Romero perdió, cuando lo llevaba al copista, el manuscrito de Doña Francisquita .. pero un desconocido llamado Fernando Álvarez Buznego lo encontró y lo llevó al Teatro Apolo. Esta anécdota la contó Lluis Pascual, con detalles cuya verosimilitud desconozco, Lluis Pascual en la rueda de prensa de presentación de esta producción. Pero el director teatral no ha tenido la suerte de que apareciera un Álvarez Buznego, y ha tomado la calle de en medio: ha suprimido todo el diálogo hablado original, con lo que ha desaparecido el desarrollo argumental de la obra. También ha desaparecido el Madrid carnavalero y, junto a este desatino la dramaturgia de una gran obra teatral. Porque, parece que hay que volver a decirlo, la zarzuela es una obra teatral.

Eliminar el libreto de una zarzuela significa prescindir de la narración de la historia teatral. Por eso  el responsable de esta producción ha escrito un corto texto que pone, básicamente, en boca de un narrador y  productor de radio y televisión, al que hace gesticular cansinamente, ideas llenas de tópicos, y verter opiniones más que discutibles. Consigue así que casi no se entienda la idea básica de la historia. Por cierto, este texto hablado también salía en los sobretítulos, algo innecesario. Como la letra “nueva” no se ha incluido en el libro-programa, como suele ser habitual, no podemos dar detalles exactos, pero hemos escuchado reiteraciones tópicas de compromisos y prisas en la realización del trabajo,  influencias de un  señor ministro que se supone que es “conocido” del público y al que el narrador se pliega con el más grande servilismo;  incluso referencias ajenas al espectáculo, como la de los “herederos” y sus negativas a autorizar ciertas modificaciones, situación que el narrador-productor  resuelve  ”como quiere”. (Ya que hablamos de textos, en el programa de mano que se entrega a los asistentes, se ha incluido el argumento de la obra… pero el original de Romero y Fernández-Shaw (!)…

Eliminar el libreto ha dejado casi sin papel a Don Matías y a Doña Francisca. Pero como los aficionados conocen bien la Francisquita … no tienen problema en saber qué ocurre en la escena.  

La discusión sobre la calidad de los libretos es … eterna y seguramente inútil; hay defensores y detractores radicales sobre su modificación; también gentes condescendientes,  o indiferentes a los que sólo importa la música. En cualquier caso, eliminar un libreto como se ha hecho, es faltar al respeto al trabajo de unos autores, y nos permite poner en duda que sea buen camino para “dar a conocer nuestro patrimonio zarzuelero”. 

La versión ofrecida desarrolla su primer acto en un estudio de radio de los años 30, el segundo en un plató de los 60 y el tercero en un ensayo en 2019. El resultado es que el primer acto parece una versión de concierto teatralmente insulsa y sin nervio. El segundo mejora por el impulso del baile y el tercero es brillante gracias a la intervención magistral, extraordinariamente aplaudida, de una Lucero Tena imponente y muy querida.

Añadir leyeFrancisquita y Fernando (Foto. T.Zarzuela)
Mientras escribo estas líneas, me asaltan muchas ideas, pero voy a terminar esta parte de la crónica con un sola: Después de casi tres horas de espectáculo, descansos incluidos, creo que el responsable de la producción ha embarcado a solistas, coros y orquesta en una travesía que no lleva a puerto alguno.

Vayamos ahora a la realización. La primera idea es que, como espectadores, deberíamos tener claro que una función puede estar magníficamente interpretada, independientemente de su planteamiento. Es lo que ocurrió ayer. Cantantes, coro, rondalla, ballet, orquesta y dirección musical funcionaron muy bien y el público lo entendió y lo premió con intensos aplausos al final del espectáculo. Hubo momentos especiales, la romanza de Fernando (“Por el humo…”) sacó al “respetable” de una frialdad manifiesta, consecuencia de lo que veía en la escena; la intervención del ballet, poderosa, rica y con carácter “clásico popular”, y, sobre todo, la presencia de Lucero Tena, firme, segura, dando muestra de su extraordinaria capacidad para obtener infinitos colores sonoros de sus castañuelas.

Soledad Puértolas (Francisquita), lució una voz soberbia  y, al tiempo, delicada. Segura en los agudos y en los adornos, cantó con elegancia y delicadeza.  Ana Ibarra (Aurora) fue una Beltrana de carácter, poderosa en los graves y firme en el otro extremo, y dio visualidad a un personaje decidido.  María José Suárez (Francisca) resulto bien, aunque se ha quedado casi sin papel (el propio personaje se queja con frecuencia). Lo mismo le ha pasado a Santos Ariño (Don Matías), que, a pesar de quedar como un papel de segunda, dio verosimilitud a su personajes con un canto rico y adecuado. Vicenç  Esteve fue un Cardona de mérito; el difícil papel, lo solventó con alguna destemplanza en el tercer acto, pero, en general salió airoso del encargo. Ismael Jordi (Fernando), fue la estrella de la noche; su voz de timbre metálico, firme, vigorosa, cantó con exquisito gusto e interpretó sus intervenciones con vehemencia y sentido teatral. Convenció al auditorio que siempre tiene en la memoria otros Fernandos que han pasado por la Zarzuela, especialmente el de Alfredo Kraus a cuya memoria han sido dedicadas todas las funciones.

El coro, como es habitual, excelente: impostación, color, cohesión y sentido teatral fueron la firma de sus intervenciones. Como en otras ocasiones hay que aplaudir el trabajo preparatorio de Antonio Fauró, su director.

Óliver Díaz dirigió la orquesta.
La rondalla quedó un poco oscurecida al estar situada en el foso; su capacidad sonora no puede competir con la de la orquesta, pero, claro, sacarla en escena sería rendirse al costumbrismo, y según declaró el responsable de la escena, ya no sabemos hacer costumbrismo y el espectador tampoco lo entiende. La Orquesta de la Comunidad sonó muy bien; cohesionada, rica en contraste, destacando numerosos detalles gracias al excelente trabajo de su director; Óliver Díaz, siempre atento a la escena, fue capaz de mostrar planos sonoros, intensidades, colores, y, sobre todo, supo mantener al grupo en el plano que le corresponde.

El vestuario me pareció rico y variado, aunque para grabar un programa de radio, no hacen falta los “modelitos” elegantes y distinguidos de los personajes; en tales casos los protagonistas suele ir “de calle”:

No alargaremos más esta simple crónica de una función en la que escuché opiniones negativas, comentarios muy críticos con la puesta en escena, pero al final del espectáculo no hubo pateos ni silbidos, como si parece que ocurrió en la función del estreno.

Me pregunto si es buena idea que esta mala adaptación de una obra maestra, vaya a ser ofrecida a través de la red. ¿Es este el tipo de zarzuela que queremos dar a conocer?
 
Escena del tercer acto (Foto. T.Zarzuela)
El Hernando

lunes, 13 de mayo de 2019

Los rollos de pianola de Guillermo Fernández-Shaw.


Portada del libro

Los Fernández-Shaw y su aportación al teatro lírico. Estudio de su colección de rollos de pianola. Esther Burgos, Adelina Clausó, Antonio Carpallo y José Prieto Marugán. SEDEM, 2018. 282 págs.


Si cualquier instrumento musical es una muestra extraordinaria del ingenio y la habilidad humanas, la pianola resulta además, una un ejemplo de sentido práctico, pues permite “hacer  música” sin tener conocimientos  de solfeo, y “tocar el piano” sin poner las manos en el teclado y, sobre todo, sin pasar horas y horas sobre él para adquirir la necesaria destreza.

Su funcionamiento es sencillo. Esquemáticamente consiste en que el aire proporcionado por unos fuelles, movidos por los pies,  pasa por los agujeros de un papel perforado que contiene la “partitura”. El mecanismo produce una asociación entre las notas musicales, las perforaciones del papel y el ataque a las cuerdas del piano que corresponden. Un sistema ingenioso y complejo muy popular a finales del siglo XIX y principios del XX.

De estos rollos de pianola, el libretista Guillermo Fernández-Shaw (1893-1965) poseía una colección importante, formada por 222 ejemplares con música variada (lírica, clásica y popular) y con relevante presencia de la zarzuela:  más de 90 rollos, tanto de obras propias como ajenas. Igualmente el libretista disponía de una pianola que, convenientemente restaurada, está hoy “en servicio”.

El libro comentado es el catálogo de esta interesante colección que une a su propio interés el de contener  rollos de zarzuelas desconocidas, que no están grabadas y que no se representan. Este inventario ofrece todos los datos sobre cada ejemplar y reproduce las imágenes de cada uno: comienzo del rollo (una especie de “portada”), etiquetas con el título y autor,  los sellos de la marca editora e incluso los timbres de impuestos con el que algunos eran gravados.

Acompañan al paciente y elaborado trabajo  una introducción sobre la pianola, sus orígenes, evolución y difusión, y una referencia a cómo llegó esta colección a las expertas manos de Esther Burgos, Antonio Carpallo y Adelina Clausó, los tres pertenecientes a la Facultad de Documentación de la Universidad Complutense, artífices del trabajo de identificación, catalogación y elaboración de las “fichas” . Nuestra contribución ha sido un recuerdo a los tres libretistas de la familia (Carlos, Guillermo y Rafael), y una defensa de la importancia del libreto en la zarzuela, algo que hoy se olvida y, en muchos casos, se menosprecia. El volumen se acompaña de una serie de índices (personas, obras, editoriales y materias) que permiten la rápida localización de cualquier ejemplar.

En resumen, un libro atractivo, muy bien editado por la Sociedad Española de Musicología, que, indirectamente, viene a recordar la importancia de la música en general y de la zarzuela en particular, en la vida doméstica de nuestros abuelos: gracias a la pianola no sólo escuchaban música en su casa, sino que ellos mismos la hacían. 

Aunque somos conscientes de la dificultad y de su coste, no sería descabellado estudiar la posibilidad de transferir la “interpretación” de esos rollos (y los de otras colecciones) a un soporte digital moderno, que permitiría su difusión global.  J.P.M.

sábado, 11 de mayo de 2019

Zarzuela: Doña Francisquita.


Comedia lírica en tres actos, el último dividido en dos cuadros. Libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández–Shaw. Música de Amadeo Vives. Estreno: 17 de octubre de 1923, en el Teatro Apolo, de Madrid. Acción en Madrid, Carnaval de 184...

DOÑA FRANCISQUITA
(Adaptación de Lluis Llach)
Nueva producción del Teatro de la Zarzuela
(Coproducción con el Gran Teatro del Liceu y la Opéra de Lausanne)

Equipo artístico:
Francisquita: Sabina Puértolas * / Sonia de Munck **
Aurora: Ana Ibarra *** / María Rodríguez ****
Doña Francisca: María José Suárez
Fernando: Ismael Jordi * / José Luis Sola **
Cardona: Vicenc Esteve * / Jorge Rodríguez-Norton **
Don Matías: Santos Ariño
Lorenzo: Antonio Torres
Colaboración especial de:
Lucero Tena, castañuelas.
Gonzalo de Córdoba, actor, narrador.

Equipo técnico:
Dirección de escena: Lluis Pascual.
Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar.
Iluminación: Pascal Mérat.
Coreografía: Nuria Castejón.
Rondalla Lírica de Madrid “Manuel Gil” (Dtor. Enrique García Requena).
Coro titular del Teatro de la Zarzuela (Dtor. Antonio Fauró).
 Orquesta de la Comunidad de Madrid.
Dirección musical: Óliver Díaz.

15 funciones:
14 de mayo al 2 de junio de  2019.

*      14, 16, 18, 22, 24, 26, 29 y 31.
**    17, 19, 23, 25, 30, 1 y 2.
***  14, 16, 18, 22, 24, 26, 29, y 2.
**    17, 19, 23, 25, 30 y 1.

Funciones especiales:t
Día 24 de mayo, grabada por Radio Clásica.
Día 29 de mayo, emisión directa porFacebook, YouTube y la web del Teatro
Con audiodescripción: 1 y 2 de junio.
Con visita táctil: 2 de junio a las 16.30 h.
Duración del espectáculo:125 minutos, con dos descansos de 20 minutos.

Todas las representaciones están dedicadas a la memoria de Alfredo Kraus, en el vigésimo aniversario de su fallecimiento.



Personajes e intérpretes principales del estreno.  Francisquita, enamorada de Fernando (Mary Isaura). Aurora, la Beltrana, cómica del Teatro de la Cruz, garbosa y provocadora (Cora Raga). Doña Francisca, madre de Francisquita (Felisa Lázaro). Irene, la de Pinto, amiga de Aurora (Beatriz Cerrillo). Basilia y Liberata, ancianas y devotas de clase media
Fernando, estudiante (Juan de Casenave). Don Matías, padre de Fernando (Ricardo Güell). Cardona, estudiante amigo de Fernando (Antonio Palacios).
Decorados y figurines: Manuel Fontanals. Director musical: Juan Antonio Martínez.

Números musicales. Acto I. Acto I.  Introducción y escena (“¡El lañador!”). Terceto. Francisquita, Fernando y Cardona (“Peno por un hombre, madre”). Pasacalle y Terceto. Aurora, Fernando y Cardona (“Allí la tienes”). Coro de estudiantes. Cardona, Fernando, estudiantes (“¿Y tú que harás ahora?”; “Cuando un hombre se quiere casar”). Canción de juventud. Cardona y todos (“Canto alegre de la juventud”). Canción del ruiseñor. Francisquita, Fernando, Cardona (“Era una rosa que en un jardín”). Final I acto. Todos (“¡Francisca! ¡Francisca!”). Acto II. Escena. Aurora, Cofrades… (“Cuando te digo que vengas”). Dúo de Francisquita y Fernando (“¡Le van a oír!”). Romanza de Fernando (“Por el humo se sabe...”). Dúo de Aurora y Fernando (“¡Escúchame! – No puedo escucharte”). Escena y quinteto. Fernando, Francisquita, Cardona, Don Matías y Doña Francisca (“Fui demasiado vehemente”). Final II Acto. Todos (“¡Olé! ¡Viva! ¡Olé!”). Acto III. Cuadro I. Escena y coro de románticos. Caballeros y muchachas. (“¿Dónde va, dónde va la alegría”?). Cuadro II. Escena (“Aurorilla, la Beltrana, ¿no quiere cantar?”). Canción del Marabú. Aurora y Cardona  (“A un jilguero esperaba”). Fandango. Dúo de Francisquita y Fernando (“Yo no fui sincera”). Final (“¡Ah! Canto alegre de la juventud”).


Argumento original. Acto I. Una plaza de Madrid. Fernando está enamorado de Aurora, La Beltrana, que le responde con burlas y desdenes, al tiempo que Francisquita bebe los vientos por Fernando. A la salida de misa, Francisquita deja caer un pañuelo que, recogido por Fernando, es la ocasión para la joven de cambiar unas palabras con el estudiante. En otro momento, Cardona trata de convencer a Fernando para que olvide a La Beltrana y ensalza la belleza de Francisquita.
                     
Aparecen Doña Francisca, su hija y Don Matías que comienza a galantear a Francisquita. Y se produce el equívoco. Doña Francisca, que es viuda, cree que las pretensiones del anciano se dirigen hacia ella. Francisquita reconoce que es a Fernando a quien quiere.

Aurora sale de la botillería y continúa despreciando a Fernando, ante lo cual Cardona interviene y consigue enfurecerla. Don Matías habla de Francisquita y los estudiantes creen que se refiere a la comedianta. A pesar de todo, Fernando comienza a cortejar a Francisquita para dar celos a la Beltrana.

Acto II. Pradera del Canal, en la ribera del Manzanares. Cardona, vestido de mujer (no olvidemos que estamos en carnaval), es perseguido por un grupo de hombres. Fernando, que ha sido citado allí por su padre, espera a Aurora, pero quien llega es Francisquita (que es quien ha urdido la cita) y le dice que está enamorada de su padre.

Aurora canta desde el merendero y Cardona (aún vestido de mujer), para enrabietarla, tiene una galante escena con Fernando y asegura que La Beltrana no volverá a reírse de él.
Fernando ha de salir de Madrid y va a despedirse de su padre, de Francisquita y de su madre. La joven consigue una declaración de amor de Fernando.

Acto III. Una calle de Madrid, de noche. Cardona insiste en burlarse de la Beltrana mientras Francisquita y su madre hacen conocer a Don Matías su decisión de no ir al baile – para que él tampoco vaya – ya que Fernando quiere reunirse allí con la joven. Francisquita ha dicho a su madre que es a ella, Doña Francisca, a quien Fernando quiere, generando un nuevo enredo que, esta vez, es advertido por Don Matías. El anciano recrimina a Doña Francisca sus devaneos porque, por la edad,  "podría ser la madre de Fernando", a lo que ésta responde que él "podría ser el padre de Francisquita". Entre todo esto, surge la realidad de este enrevesado asunto: Nada se opone a los amores de los jóvenes que se funden en un abrazo mientras los asistentes brindan por su felicidad.

Soledad Puértolas (izda.) y Sonia de Munck(dcha.) darán vida a la protagonista.

Comentario. Basada en La discreta enamorada de Lope de Vega, Doña Francisquita es, prácticamente, la obra que pone fin a la brillante carrera de un gran músico; la que ha salvado a no pocas empresas, del fracaso económico y, posiblemente, una de las zarzuelas de mayor proyección internacional, ya que se ha interpretado en toda la América hispana, Montecarlo, Bruselas, Berlín, Washington, Viena, Salzburgo, Milán… Doña Francisquita es, también, una de las zarzuelas con mayor número de grabaciones discográficas, pues se contabilizan una decena de versiones; ha sido llevada al cine en dos ocasiones (1934 por Hans Behrendt[1] y 1952 por Ladislao Vajda), y es  la única en haber sido adaptada para ballet (en 1985 por Antón García Abril).

La idea originaria de esta obra data de enero de 1923. Vives sabía que las adaptaciones del teatro clásico, eran un buen punto de partida para crear una zarzuela, y entregó a los libretistas un ejemplar de La discreta enamorada, diciéndoles: “Aquí en estas páginas hay una zarzuela deliciosa... Como está. Las dos primeras escenas son ya música. ¿Se atreven ustedes a hacer el libreto?”. Los escritores aceptaron, pero no terminaban de ver –“como está” – la zarzuela en la obra de Lope. La solución vino en trasladar la historia del siglo XVII al XIX; al Madrid romántico y más concretamente a su Carnaval.

No puede decirse que los comienzos de Doña Francisquita fueran buenos. Los cuatro actos originales de la obra de Lope fueron reducidos a tres, pero Federico Romero extravió el original que refundía los dos últimos, por lo que los libretistas hubieron de trabajar intensamente para reescribirlos. Antes de componer toda la música, Vives había empezado la búsqueda de los intérpretes y al escoger a Juan de Casenave para el papel de Fernando, obligó a los libretistas a replantear este rol, pues Casenave era un buen tenor pero no tan buen actor. El 5 de octubre, Vives, al tomar un coche de caballos, sufrió un caída que le postró en cama. Faltaba instrumentar gran parte de la obra y para esta tarea fueron requeridos algunos colegas del músico catalán: Joaquín Turina, Conrado del Campo, Pablo Luna y Ernesto Rosillo.

Todo parecía estar en contra, pero cuando se levantó el telón de Apolo, los problemas e inconvenientes desaparecieron y la obra de Romero, Fernández–Shaw y Vives comenzó su andadura con el pie derecho. La primera representación, terminó pasadas las dos de la madrugada, porque hubo que repetir casi todos los números, pero al día siguiente, los críticos ya dieron su opinión en los diferentes periódicos madrileños, advirtiendo que habían asistido al nacimiento de una de las obras fundamentales de la zarzuela.
El gran tenor canario a cuya memoria están dedicadas las representciones

Como consecuencia de su inoportuno accidente, Vives no pudo asistir al estreno y se fue enterando de su desarrollo a través del teléfono. El compositor no pudo contemplar su obra en el teatro hasta el día 26, nueve días después de la primera representación.

La versión realizada por Lluis LLach, reconocido director teatral, galardonado con importantes premios y de probada solvencia profesional, no es una la lectura, más o menos tradicional. Opina el director que hoy no es posible ofrecer una producción de tipo “costumbrista”, como considera a la zarzuela de Romero y Fernández-Shaw, porque, en su opinión, ni los intérpretes ni los espectadores están (estamos) familiarizados con estas formas de ofrecer un teatro que refleja una cierta forma de vida de un tiempo ya pasado. En consecuencia ha modificado la obra y la plantea en tres escenarios distintos: el primer acto, en un estudio de grabación de los años 30 del pasado siglo; el segundo en un plató de televisión en los 60, y el tercero, con una estética contemporánea utilizando esta música escrita hace casi un siglo. e incluye la proyección de imágenes de las dos versiones cinematográficas de la zarzuela. Para ello ha introducido la figura de un actor que, imaginamos, irá explicando-dirigiendo las consiguientes escenas. El texto hablado original ha sido modificado e incluso sustituido; el de los cantables no ha sido tocado (esto último es, además, exigencia del Teatro).  Habrá que esperar a ver y oír la función para comprobar cómo encajan los nuevos textos, estéticas y planteamientos, con los antiguos versos de los números musicales con los que tres expertos zarzueleros supieron retratar el Madrid de una determinada época. J.P.M.





[1] Esta película ha sido digitalizada por la Filmoteca Española con la colaboración del Teatro de la Zarzuela.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Hacerse el sordo y triunfar.


Il finto sordo (El sordo fingido). Ópera bufa en dos actos. Texto y música de Manuel García.
Intérpretes: Cristina Toledo. Carol García. Francisco Fernández-Rueda. Damian del Castillo. César San Martín. Gerardo Bullón. Dirección musical: José Miguel Pérez-Sierra
Equipo técnico: Dirección de escena y escenografía: Paco Azorín. Vestuario: Cristina Martínez Martín. Iluminación: José Miguelo Hueso y Paco Azorín.
Auditorio de la Fundación Juan March, de Madrid, 7-5-2019.

Un momento de la representación
Excelente espectáculo el ofrecido por la Fundación March que añade el hecho de la recuperación de una ópera simpática, entretenida, de calidad musical suficiente como para que resulte incomprensible que haya “dormido” en los archivos 188 años. Il finto sordo reúne los elementos de una ágil comedia en la que todos los intervinientes tienen un trabajo duro y exigente. Se ha escrito que fue creada para mostrar las cualidades de los mejores alumnos de García, pero el compositor no se limitó a incluir una serie de fragmentos en los que sobresaliera el dominio técnicos de sus estudiantes; no; Il finto sordo exige cualidades canoras de primera fila y maneras de actor de primer nivel. Es decir, se trata de una ópera “como Dios manda”, completa en su argumento, en su desarrollo y en su ejecución.

Paco Azorín ha planteado su versión con una acción trepidante (como corresponde a una comedia de enredo), con un entra y sale constante de personajes desde los tres ascensores que se convierten en protagonista y con muy pocos elementos de atrezzo. La acción es agilísima, los protagonistas están en escena casi constantemente (lo que supone un gran esfuerzo físico), cantan durante más de 90 minutos y hacen muy divertida la historia.

El director de escena sabe manejar a sus personajes y con elementos sencillos consiguió mantener la atención de un auditorio estudiantil novato en estas lides (se comenta una de las representaciones destinadas a estudiantes de enseñanza media, la mayoría de los cuales asistía por primera vez a ver y oír una ópera). Merece también el elogio el trabajo previo de los profesores que preparan estas asistencias.

Paco Azorín y Rubén Fernández Aguirre, responsables de la recuperación
La interpretación me pareció muy buena y, sobre todo, muy homogénea. No vi una de esas representaciones en las que destaca un “primera figura”, sino un conjunto de calidad, uniforme, con nivel vocal destacado, con medios vocales más que suficientes, con dominio del virtuosismo en los momentos en que aparece y con una actuación como actores de primer nivel.  Cristina Toledo se lució en una canción delicada y en el dúo con Lisetta (la mezzosoprano Carol García), que abre el segundo acto. César San Martín (Pagnacca), personaje fundamental de la ópera, cantó con solvencia en todas sus intervenciones, en los dúos que sostuvo con Cristina Toledo (Carlotta), con Capitano (el “sordo”), y especialmente en su aria del primer acto (“Si la donna vi dice “no”). Capitano, es el pretendiente que conseguirá prometerse a Carlotta; le dio vida el tenor Francisco Fernández-Rueda, y lo hizo con fuerza, marcando el carácter enérgico de su personaje frente a un tímido y acobardado Pagnacca que es su oponente. A ellos se unió el actor Riccardo Benfatto, en una intervención variopinta y mímica, pues el personaje es mudo.

Mención especial para el director musical Rubén Fernández Aguirre por su trabajo de preparación o coordinación y, sobre todo por el brillante y delicado “interludio”, en el que se pudieron identificar conocidas melodías populares (“Si tú me dices ven”, por ejemplo), adornadas con el siempre atractivo al estilo del gran virtuosismo romántico.

En resumen, un espectáculo muy interesante del que disfrutaron los muchachos (sus aplausos finales demostraron su entusiasmo) y que podrá verse en la página web de la Fundación, como es habitual. Felicitaciones a todos.

Vidal Hernando.