lunes, 24 de septiembre de 2012

POBRES LIBRETISTAS.


Carlos Fernández-Shaw y José López Silva, libretistas de La revoltosa.

Hil.
¡Increíble! ¡Inaudito!

Seb.
Pero, ¡hombre de Dios! ¿Qué le ocurre? ¿Qué es lo que le hace mostrarse tan inquieto, tan impaciente?

Hil.
Un descuido inconveniente, una injusticia manifiesta.


Seb.
¿Y puede saberse?

Hil.
La ausencia de los nombres de los libretistas en los conciertos y recitales de zarzuela.

Seb.
Explíquese, pero, sobre todo, tranquilícese.

Hil.
Verá usted. Ayer me invitaron unos buenos amigos a un recital de zarzuela que ofrecía una notable y conocida soprano y un no menos popular barítono, cuyos nombres no vienen al caso.

Seb.
Sí, estoy al corriente, aunque yo no pude ir por mis obligaciones. Ya sabe.

Hil.
Bien. Llegamos al teatro y un aséptico acomodador nos indicó nuestras localidades y entregó el habitual programa de mano a cada uno. Me senté, leí -como si no lo supiera ya- el nombre de los cantantes y del pianista que les acompañaba y desdoblé el papel … ¡Ay, don Sebastián!

Nada dije por no incomodar a mi acompañante, pero inmediatamente sentí una sensación de rabia e impotencia que me produjo una alteración taquicárdica y la impresión de que me subían los colores.
 
Seb.
¿Y cuál era la causa de la alteración cromática de los pigmentos de su piel facial?

Hil.
No me tome usted el pelo, don Sebastián, que lo pasé muy mal. Fue sólo un instante porque pude dominarme, pero un momento muy incómodo.

¿La causa? La mísera información del programa de mano sobre lo que se iba a interpretar. Por ejemplo, ponía esto:
Alonso - La Calesera - Romanza de tiple.
Sorozábal - La tabernera del puerto - No puede ser. Tenor.
Moreno Torraba - Luisa Fernanda - Dúo.

Seb.
Ya, lo de casi siempre. La verdad es que en muchos conciertos y recitales de zarzuela no se dan más detalles.

Hil.
¡Y es una vergüenza! Porque, dígame: Alonso… ¿Qué Alonso? ¿El maestro Francisco Alonso o ese Fernando Alonso que corre que se las pela en las carreras de coche?

Luisa Fernanda. Dúo:  ¿Cuál?

Seb
Hombre, don Hilarión. Usted y la mayoría de los aficionados ya saben de qué música se trata.

Hil
Eso no es justificación y no hay excusa que valga. Esto es, simplemente, desinterés, y muestra del descuido con que se organizan alguno espectáculos. Total, como al final, la gente aplaude igual … y, además, paga.

Seb.
Tiene usted razón, no está bien, pero tampoco es para ponerse al borde del colapso.

Hil.
Eso es lo malo, que el colapso casi me da a mi y no al responsable de tanta abulia y desvergüenza.

Pero no es todo ¿Y los libretistas! ¿Dónde estaban los nombres de quienes escribieron las letras, los versos, los diálogos?

Yo se lo digo, don Sebastián: ¡en el fondo del negro cajón del olvido!

Seb.
Es verdad, Ahí tiene usted toda la razón. Casi nunca aparecen los libretistas en los programas de mano. Supongo que será por no alargar el título de las piezas, o porque consideren que lo importante es la música y su autor. No creo que haya mala intención, es una costumbre.

Hil.
Una costumbre mala. Mire usted, lo de la longitud del título se puede reducir acortándolo, como se hace en otros casos.

Es una mala costumbre que afecta sólo a la zarzuela. Si se anuncia el “Monólogo de Segismundo, de La vida es sueño, de Calderón de la Barca”, o la “Escena del sofá, de Don Juan Tenorio, de José Zorrilla”, ¿por qué nos resulta tan largo decir “Coro de doctores, de El rey que rabió, de Ramos Carrión, Vital Aza y Chapí” o “Dúo de Francisquita y Fernando, de Doña Francisquita, de Romero, Fernández-Shaw y Vives”

Seb
Pues es verdad. Pensándolo bien …

Hil
En cuanto a que es más importante la música … ¡Esa si que es gorda! ¡Y me extraña oírselo decir! Usted sabe que la zarzuela es la combinación de texto y música. Hasta los derechos de autor los cobran a partes iguales.

Seb.
Perdone, don Hilarión. Me parece que sigue usted bajo los efectos del “choc”. No le daba mi opinión, sino lo que me parece una razón generalizada. Ya se que la zarzuela es una mezcla de música y declamación; ¡sin libreto no hay zarzuela! ¡y sin canto, tampoco!
 
Hil.
Excuse mi torpeza. No quise molestarle, ¡ni mucho menos! Pero es que estas cosas me encienden.

Seb.
Ya se ve.

Hil
La zarzuela hay que presentarla con dignidad, con seriedad, con profesionalidad. No se debe salir a cantar como un zarrapastroso, ni escatimar nada a un auditorio porque  no sea el público exquisito de la capital; no es de recibo plantear una función en las fiestas de un pueblo como un bolo rutinario pensando que los oyentes no entienden, o que no habrá ningún crítico entre el público. No se puede ofrecer un programa de mano sin la mínima información. Es una muestra de abuso y falta de respeto al público.

Seb.
Así debería ser, desde luego. Pero, estará usted conmigo en que aún nos queda camino por andar.


           

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