jueves, 11 de enero de 2018

Renace un ballet.


La romería de los cornudos. Ballet en un acto. Música de G. Pittaluga. Argumento de F. García Lorca y C, Rivas Cherif. Intérpretes: C. Angulo, V. Vento. J. Miró. J.M. Benítez, J.P. Delgado, bailarines. M. Mezcle, cantaora. J.L. Montón, guitarra y M. López, piano.
Coreografía: Antonio Najarro. Director de escena: David Picazo. Vestuario: Sonia Capilla. Auditorio de la Fundación Juan March, Madrid, 10-01-2017.

Han pasado nada menos que 85 años desde que este ballet fuera estrenado por La Argentinita en el madrileño Teatro Calderón. Desde entonces nadie lo ha visto, con lo que la etiqueta de “primera representación en tiempos modernos”; resulta, a lo práctico, casi un estreno. Un estreno que, además ha sido acogido con grandes y entusiastas aplausos porque el espectáculo lo merece y, sobre todo, por la intensidad con que fue interpretado.

La romería de los cornudos es un ballet español de ambiente andaluz que en ciertos momentos rezuma el perfume de Falla, pero que posee, a mi juicio, personalidad propia. Al menos la versión que hemos tenido ocasión de contemplar que, además de ser la reducción para piano realizada por el propio compositor, incluía ocho canciones de García Lorca y una de Miguel López y José Luis Montón con texto del poeta granadino. Debo confesar que tenía mis dudas sobre la fusión de dos músicas, inicialmente tan distintas. Pero he de añadir que el engarce no rechina y que músicas populares y cultas conviven sin estridencia alguna.

La interpretación me pareció magnífica, y eso que mis conocimientos de baile son nulos y no puedo apreciar los detalles que valoran los entendidos. Pero la intensidad, la brillantez y luminosidad del baile, los movimientos y las figuras, resultaron apasionantes. Taconeos, castañuelas, guitarra, ritmos de soleares o bulerías … pero nada de “folclore”, en el sentido negativo que suele darse a esta palabra. Todo lo contratio, música y danza muy serias, exigentes y de primer nivel, que no merecen estar en el olvido.

Me impresionaron especialmente Carmen Angulo (en el personaje de Sierra), muy expresiva en la gestualidad y dominadora de la técnica. El “solo” de Jonathan Miró (la danza de Chivato)  fue espectacular: poderoso, con brío y demostrativo de una capacidad física imponente. Apoteósica la danza final en la que todos estuvieron al mejor nivel, dando vida gráfica a una música resplandeciente. El papel de la romancera Solita lo hizo la cantaora María Mezcle, gaditana de nacimiento y con ascendentes flamencos; tuvo detalles de conocer el paño. Lo mismo el guitarrista barcelonés José Luis Montón, dueño de una técnica flamenca impresionante que puso a la guitarra en primer plano.

Todo el sonido fue amplificado. Ignoro las razones, pero en esa sala no me pareció necesario. En cualquier caso, habría preferido un mas bajo nivel sonoro.

Al margen de este detalle, absolutamente personal, la sesión resultó muy atractiva, y ojalá esta “resurrección” sea permanente y sirva para que salgan a la luz otras músicas nuestras de este estilo.

Enhorabuena al equipo de la Fundación March que ha sido capaz de apostar tan fuerte. El riesgo ha merecido la pena.

Vidal Hernando

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