martes, 28 de octubre de 2014

CARMEN. A VUELTAS CON LOS TÓPICOS.


Düo de Micaela y Don José (T. de la Zarzuela)

Carmen. (Zarzuela en cuatro actos a partir de la “opéra-comique” de Ludovic Halévy y Henri Meilhac, basada en la novela “Carmen” de Prosper Merimée. Música de Georges Bizet). J. Pérez. R. Ignacio. J. Palacios. I. Rodríguez García. M. Nogales. R. Amoretti. J. Galan. M. Atxalandabaso. F. Tójar.  G. Bullón.. J. Vicente  Ramos. Coro del Teatro de la Zarzuela. Pequeños cantores de la JORCAM. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección de escena: Ana Zamora. Dirección musical: Yi-Chen Lin. Teatro de la Zarzuela, 23-10-2014.


No es habitual comenzar un comentario crítico con la referencia a la hoja-programa que se entrega a los espectadores. Lo hago porque en ella falta el nombre del autor, o autores, del texto castellano, en el que se han basado Saúl Aguado y Ana Zamora para elaborar el que escuchamos, autores que fueron Rafael María Liern (para la Zarzuela) y Eduardo de Bray (para el Circo de Barcelona).

Tampoco creemos que la presentación de la Carmen-zarzuela se debiera a la “valentía” de Ducazcal, empresario de la Zarzuela, y al director y compositor Gerónimo Giménez; conociendo la personalidad de Felipe Ducazcal, deberíamos pensar más en razones económicas, o, incluso, de otra naturaleza. En este mismo blog hay una entrada sobre la polémica entre la Zarzuela y el Real sobre el tema.


No estoy convencido de que Merimée, Halévy, Meilhac, Liern o de Bray tuvieran intención de convertir al personaje de Carmen en una heroína popular, ni en una abanderada reivindicativa, ni en un mito. Pero Carmen es, según para quien, alguna de estas cosas. Sea lo que fuere, la ventaja de ser un mito o un héroe, es que todo el mundo “sabe” de qué va, con lo cual si la escenografía no presenta lo que dice el libro, no importa demasiado; se supone que el público está enterado. Claro que con esa enorme estructura “mural”,  que apenas cambia es difícil imaginarse, una plaza  de Sevilla, la taberna de Curro Flores, o la sierra de los bandoleros (por cierto, una sierra llena de sacos terreros, como barricadas…). Tampoco me convenció el movimiento de actores, un sube y baja por la gran rampa del  “muro”, por el que entran y salen, indiscriminadamente, gitanas, cigarreras, bandoleros y soldados. Además, la monumentalidad de la estructura, hace que en algunas escenas los intérpretes estén demasiado apretados. Hay otros detalles: el cambio de época en cada acto, la transformación de los que acompañan a los bandidos en milicianos, la asunción de Carmen, tras su muerte, con corona de flores incluida, el desvaído colorido de tintes republicanos del vestuario, un torero con las mismas botas que calzan los militares…

No entendí el significado de la presencia de Micaela  y Carmen al comienzo de cada acto, ni la oportunidad de las frases proyectadas sobre la tela. ¡Qué habilidad no traducir el epigrama atribuido al griego Páladas o Paladas, hasta  el último acto!  Durante tres horas no supimos lo que quería decir. Por cierto, el señor Páladas parece ser un ilustre desconocido: ni siquiera aparece en la Wikipedia en castellano, y en la “Wiki” en inglés se dice que fue el mal carácter de su esposa la causa de su misoginia.

En la parte musical, la cosa fue distinta. Me gustó el coro de niños, y el titular del teatro. La orquesta sonó bien, controlada por una directora de origen chino y educación austríaca que llevó la música con demasiado rigor rítmico en ocasiones, como en la habanera, que me pareció falta de esa envoltura acariciadora que posee. En la obertura encontré un poco excesivo el volumen, no así en el resto de la zarzuela. Estupenda la entrega de la orquesta. 

En los personajes protagonistas, me gustó mucho Rocío Ignacio (Micaela). La portorriqueña Jossie Pérez (Carmen) cumplió con su papel en la parte cantable, aunque tuvo más dificultades en la hablada. Javier Palacios me pareció un Don José convincente, metido en el papel con intensidad dramática. Isabel Rodríguez y Marifé Nogales, las gitanas Frasquita y Mercedes, estuvieron muy a la altura de sus personajes, más alegres y desenfadadas que trágicas, cantaron con solvencia y soltura. Los bandidos, Javier Galán(El Donaire y Mikeldi Atxalandabaso (El Remendado), acertados y en sus personajes. A Francisco Tójar (Zúñiga) lo encontré algo encorsetado. Rubén Amoretti, por último, hizo un Escamillo potente gracias a su profundo voz de bajo manejada con eficiencia.

Me gustaron el número de las cartas, el quinteto y encontré fuera de lugar ese final (no existente en el texto original) en el que Carmen es rodeada por niños que la colocan una corona de flores. ¿Qué se pretendía, hacer de Carmen una virgen, una santa, una mártir?

Me pareció muy bueno el trabajo del libretista castellano Eduardo de Bray en lo que a la traducción de los textos cantados se refiere. Ya es muy difícil adaptar una letra a una música existente, de manera que coincidan los acentos fonéticos con las inflexiones musicales y se mantenga, además, el sentido de lo que se dice; si, además, la letra es una traducción, las dificultades aumentan. Y como el resultado es muy bueno, me parece de justicia destacarlo.

Un pequeño detalle. Un colega comentaba que en la Carmen que el vio, Don José mataba a Carmen estrangulándola; echaba de menos el compañero el uso de la navaja, arma tradicional usada en estas tierras y ambientes. Pues bien, en la función que se comenta, Don José da muerte a su amada con la tradicional navaja, arma tópica, ya se sabe. pero de tópicos también vive el hombre.


Vidal Hernando.

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