lunes, 26 de enero de 2015

ZARZUELA: LUNA DE MIEL EN EL CAIRO.




Opereta en dos actos y un epílogo, de José Muñoz Román. Música de Francisco Alonso. Estreno: 6 de febrero 1943, en el Teatro Martín, de Madrid.  Acción del primer acto en El Cairo, la del segundo en un oasis y la del epílogo en Alejandría.

LUNA DE MIEL EN EL CAIRO

Teatro de la Zarzuela – 31 de enero al 15 de Febrero de 2015.
Intérpretes
Ruth Iniesta (Martha). Mariola Cantarero (Myrna). María José Suárez (Marisa / Márgara)
David Menéndez (Eduardo). Enrique Viana (Rufi). Manel Esteve (Regidor  / Secretario). Eduardo Carranza (Don Celestino / Ministro de Lymburgo).
Escenografía: Daniel Bilanco. Vestuario: Jesús Ruiz. Coro del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director de escena: Emilio Sagi. Dirección musical: Kevin Farrell.

Nueva producción del Teatro de la Zarzuela.
(Programa doble con Lady, Be Good!, musical en dos actos de Guy Bolton, Fred Thompson e Ira Gershwin, con música de George Gerswhin). 


Personajes principales e intérpretes del estreno. Martha, princesa de incógnito y enamorada de Eduardo (Maricarmen, vedete). Myrna, cantante, esposa de Rufi  (Aurelia Ballesta, tiple). Doña Basilisa, aristócrata y dama de compañía de Martha (Sara Fenor, actriz cantante). Lilyan (Margarita Arranz, actriz cantante). Elena, madre de Rufi (Pilar Perales, actriz). Márgara (Mercedes Cerrillo, corista).
Don Moncho, millonario gallego (José Álvarez Lepe, actor cómico). Eduardo, compositor (Carlos Casaravilla, tenor). El Mudir, gobernador de El Cairo (José Bárcenas, tenor cómico). Rufi, libretista, esposo de Myrna (Rafael Cervera, actor cantante). Florido, secretario de Don Moncho  (Luis Heredia, actor cantante). Ponciano Mendes, padre de Myrna (Tomás González, actor).
Decorados de Morales y Asensi sobre bocetos de Vargas Ruiz. Vestuario de Humberto Cornejo. Figurines de Julio Torres.

Números musicales.  Acto I. Preludio. Foxtrot de Eduardo (“Su voz apenas cantaba”; “Ven que te espero en El Cairo”). Caricatura del swing. Myrna. Rufi. Eduardo. Coro (“Llévame a una “boite” que esté de moda”). Dueto de Martha y Eduardo (“Ven compositor”). Martha y oficiales (“Está llorando”). Salida del Mudir y coro (“Delicada es la misión”). Martha, Mudir, Basilisa (“Por amores fingí”).  Fin I acto. Vals. Eduardo, Martha y tiples (“En la noche azul”).
Acto II. Preludio y canción de Dragomán (“Soy dragomán y mi dolor”). Terceto. Marta, Eduardo, Myrna y coro (“Una princesita de alma soñadora”). Terceto. Marchiña. Myrna, Rufi, Eduardo (“No te enfades ni por nadie ni por nada”). Baile tirolés. Otto y Fritz (“El baile del tiro-tirolés”). Canción de Martha (“Tu melodía llega a mi”). Fin acto II. Marta, Eduardo, todos (“Mentían sus ojos”)
Epílogo. Apoteosis. (“Hay que olvidar”).


Argumento[1]. Acto I.  En un suntuosos hotel de El Cairo, Eduardo busca inspiración para su próxima opereta. También están Rufi, su libretista, Don Moncho, un espléndido millonario gallego y otros personajes. Eduardo necesita un gran amor que le motive y Myrna, esposa de Rufi, le sugiere la Princesa Marta, que se encuentra en el hotel, disfrazada, porque su padre quiere casarla con un vejestorio. Martha acepta la propuesta que se le hace y canta una canción que el compositor reconoce: es la que oyó por teléfono y la que le ha llevado a Egipto. Los dos están dispuestos a casarse.

Aparece el Mudir y ordena que nadie salga del hotel. Busca a Myrna, que se ha escapado, porque su padre, el general mexicano Ponciano Mendes se opone a su amor con Rufi.  En realidad, el Mudir tiene el encargo del militar que Myrna y Rufi se casen inmediatamente, pero la pareja acaba de escapar en avión hacia Constantinopla.

Marta, vestida de novia, entra diciendo que es Myrna y pide a Eduardo que se case con ella, aunque no se casarán realmente porque los papeles son los de Myrna y Rufi. Eduardo acepta. Regresa el Mudir diciendo que han detenido a la Princesa Martha, que pretendía escapar con un músico español, que ha sido encarcelado (en realidad son Myrna y Rufi).

Acto II. Un  oasis donde los recién casados tienen que pasar la luna de miel por orden del general mexicano; si el matrimonio va bien, recibirán una recompensa, pero si no, serán divorciados. Myrna parece muy alegre, pero Martha la recuerda que debe parecer triste. Rufi, que ha escapado, intenta abrazar a Myrna que le rechaza, recordando que ellos siguen siendo Eduardo y Martha. Todo se  complica con la presencia inoportuna de Don Moncho y Doña Basilisa (dama de compañía de Martha). Eduardo está a punto de descubrir el enredo, pero Martha lo impide: hay que seguir fingiendo.

Una criada anuncia la llegada de dos personas: Don Ponciano (padre de Myrna) y Elena (madre de Rufi) que quieren casarse y buscan el consentimiento de sus hijos. Al verlos, Ponciano, como no le conoce, se equivoca, abraza al compositor y le pide la mano de su madre; Rufi, acepta, en nombre de Eduardo.

Don Moncho, al ver que la situación se enreda cada vez más, propone escapar, pero Ponciano y Elena aparecen diciendo que han visto a sus respectivos hijos abrazando a otras personas. La confusión aumenta porque, Florido, el secretario de Don Moncho se hace pasar por el Príncipe Ciríaco, que es, para el Mudir, el verdadero pretendiente de Martha. El Mudir se desespera. Ponciano pretende aclararlo todo: su hija, dice, se está haciendo pasar por una princesa, pero no es la que Elena conoce, es la otra. Rufi y Myrna, entrando, confirman quienes son y Eduardo se entera de que la Princesa Martha era quien trataba de inspirarle. El músico, enfadado, rompe los papeles y se marcha.

Epílogo. Hotel de Alejandría. Rufi escribe su opereta mientras Eduardo recuerda que Martha, la culpable de todo, está zarpando en un barco. Don Moncho les recuerda que hay que estrenar la obra porque no queda dinero. A Rufi y Eduardo no se les ocurre nada y Don Moncho les da la solución: escribir lo que ha pasado. La propuesta convence a todos. Sólo es necesario cambiar el triste final por otro alegre y amoroso. Don Moncho va sugiriendo ideas y hace entrar a su hija Carmina, que resulta ser Martha. Eduardo la abraza y la muchacha confiesa que la verdadera princesa le cambió los papeles y ahora trabaja como mecanógrafa.

Comentario. Una de las más interesantes obras de Francisco Alonso de la posguerra, Luna de miel en El Cairo, presenta dos características evidentes. De un lado puede decirse que es una “opereta arrevistada” de las denominadas “blancas”, consecuencia de las directrices político-morales de la época, caracterizadas por la ausencia de cualquier referencia erótica, tanto en el texto como en el vestuario, a pesar de que la protagonista sea una vedete y no una soprano. La otra cualidad es la música. Alonso, siempre muy pendiente de la evolución de la música teatral de su tiempo, emplea en esta obra –como en otras–, ritmos novedosos procedentes del extranjero; formas alejadas de las tradicionales en la zarzuela.

La obra se presta a una escenografía y un vestuario espectaculares, con todos los ingredientes de lo exótico. El texto, con un enredo bastante complicado, y de un desarrollo extraordinariamente rápido, muestra el formidable ingenio de su autor, un maestro en este tipo de teatro.

En cuanto a la partitura, llama la atención la referencia al jazz y la moderna orquestación utilizada por el compositor granadino, que llega a emplear el saxofón, instrumento inexistente en las zarzuelas tradicionales.  Podemos destacar el inicial fox-trot de Eduardo, que reaparecerá a lo largo de la opereta; la “caricatura del swing”, con sus llamativos solos de trompeta y trombón. La salida del Mudir es pomposa y hasta solemne, como corresponde a la dignidad del personaje. La marchiña se convirtió, desde el primer momento, es éxito multitudinario, un verdadero “bombazo”. El vals que cierra el primer acto deriva en ritmo de blues y toda la partitura está llena de sorprendentes efectos instrumentales.

La parte vocal no es demasiado exigente, influida, sin duda, por las características canoras de los intérpretes a los que estaba destinada.

Un detalle curioso es que, a pesar de titularse Luna de miel en El Cairo, la música es de evidente influencia norteamericana.


[1] A partir del libreto original.

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