lunes, 1 de febrero de 2016

¿Y EL ESPAÑOL?



Pensamientos de un barbero.

Lo comentaba ayer con uno de mis buenos parroquianos: tenemos un idioma magnífico, con una historia envidiable, con el que podemos entendernos por medio mundo, y en el que se han escrito algunas de las páginas más grandes de la literatura mundial. Y no lo defendemos. Casi diría que al contrario, lo ponemos a un lado y,  hasta nos dejamos conquistar por lenguas extranjeras que, dicho sea de paso, no tienen demasiadas dificultades para ganar al español alguna batalla casi cada día.

Acabo de leer un artículo que su firmante titula El español conquista al mundo¸ ¡ahí es nada! Y se ha quedado tan tranquilo. El trabajo entresaca este “bocadillo”: “el potencial del español no se ve amenas reflejado en la comunidad científica”. Otros “destacados” son: “El español es la segunda lengua más utilizada en Facebook y Twiter” (incluso en ciudades como Londres o Nueva York)  y “el uso del español en la red ha crecido en un 1.100% entre 2000 y 2013”. Todo muy espectacular. Nada se dice del mal uso que se hace del idioma en esas “redes sociales” en las que cada día más nos enredamos, sin darnos cuenta de que los peces mueren en redes. Por si fuera poco el articulista proporciona algunos datos muy llamativos, de los cuales me quedo con estos dos: Hay 559 millones de hispanohablantes de los cuales 470 millones lo tienen como lengua materna-


¿Estoy contento por esto? Pues hombre, si dejara a un lado lo mal que se habla y escribe nuestro idioma, si me olvidara de las patadas a la ortografía y a la gramática que usamos y escuchamos cada día, hasta en los ámbitos más insospechados; si hiciera oídos sordos al uso de un vocabulario reducidísimo y, por lo tanto, paupérrimo, o a la incorporación a nuestra lengua de miles de vocablos bárbaros, muchos innecesarios, de procedencia anglosajona, y a la mezcla de palabras extrañas, etc., etc., etc. … no podría decir que no estoy contento.

Viene esto a cuento porque hace unos días he comprado un nuevo televisor para mi casa. Un televisor grande, aunque no monstruoso, con no sé cuántas posibilidades y funciones; algunas de ellas no las necesitaré nunca, pero ahí están. Es un chisme modernísimo; me da la sensación de que altera un poquito los colores (los presentadores de telediarios salen más pálidos, aunque esto puede ser por el miedo que les da explicar ciertas noticias) y los humanos parecen mas gordos (lo que a algunas esqueléticas les viene muy bien, a costa de que a otras les pone unas posaderas como panderos). Nunca llueve a gusto de todos, ni estamos contentos con nada. Dejo a un lado la enorme cantidad de imperfecciones de la piel de muchos de los bustos parlantes de esta nueva tele; ¡qué decepción! ver a tanta figuras con más granos que un saco de arroz…

En fin… El caso es que me he comprado un nuevo televisor y al ponerlo en marcha (antes esto lo hacía el que te lo vendía, ahora se han inventado eso del autoservicio…) me he acordado del gobierno, de la oposición, de los diputados, de los senadores y de todos los que están a sueldo del estado… Y dirá usted, amable y condescendiente lector, ¿qué tienen que ver los del gobierno con el televisor? (fíjense que he escrito “televisor” y no  “televisión”, que ahí sería otra cosa…); ¡Ah, la importancia del lenguaje!).

Pero verá usted. Al extraer de la correspondiente caja el libro de instrucciones, he encontrado un respetable volumen de más de 270 páginas en inglés y otros 14 idiomas, entre los cuales no está el nuestro. Tengo las instrucciones en húngaro, checo, rumano, lituano. bosnio, polaco, eslovaco, estonio, letón, croata, albanés, ruso y otros que no he sido capaz de identificar. ¿Error, despiste, equivocación? Podría ser ¿Política de empresa? No lo creo. ¿Intento de que aprendamos idiomas? Me extraña. ¿Entonces?

Pues mire usted, casi estoy por pensar que la culpa es nuestra, o mejor dicho, de los nuestros, por no obligar a todas las empresas que quieran vender sus productos en España a que entreguen las instrucciones en castellano. ¿Dónde están las protestas de la Academia de la Lengua, de los periódicos, de los “comunicadores”, de los responsables políticos, del gobierno.

A mí me ha dicho un buen cliente, que es muy viajado, que en Francis usted no vende nada, pero nada, si no van las instrucciones –y otros textos– en francés. ¡Es que los franceses!

¿Y nosotros? Pues eso, dando nombres en inglés a actividades organizadas por nuestras instituciones.
 

Lamparilla

(Todo esto es consecuencia de que no sólo de zarzuelerías vive el hombre).

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