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domingo, 26 de junio de 2016

PECADOS CAPITALES.



Pensamientos de un barbero.


Entre los parroquianos que frecuentan mi establecimiento, hay uno, don  Evaristo, que es un hombre verdaderamente culto y sabio. Tanto que cuando viene, en lugar de darle yo conversación, como es habitual en mi negocio, se la saco; le dejo que hable, hasta le provoco y escucho … porque siempre aprendo. Y encima me deja una buena propina.

El otro día, sin ir más lejos, no sé cómo salió lo de los pecados capitales. A mí siempre me extrañó que si son pecados, es decir, malas acciones, no estén incluidos en el código penal; en ese tocho de páginas donde se supone que se registran los delitos y sus castigos, además de las correspondientes va
loraciones sobre las circunstancias. Hay quien lo llama, con cierta sorna, el “Depende”; ustedes lo entenderán: que robas a uno, el código te puede castigar con … depende; que le das matarile a otro; pues … depende. Y así sucesivamente. No es que estas vacilaciones sean buenas ni malas … depende … hasta del juez que te toque en suerte … En fin, que me voy por las ramas.

Estábamos don Evaristo y yo en los pecados capitales. Y gracias a él me enteré de qué significa eso de “capitales”. Yo ya sabía que envidia, soberbia, avaricia, etc. las hay en todas partes, desde la aldea más remota del monte hasta la ciudad más grande del mundo. Lo sabía yo y lo sabe cualquiera. Por eso me extrañaba lo de “capitales”. Y don Evaristo me lo aclaró: “Capitales” viene del latín “cápita” que significa cabeza. Es decir que estos pecados son la cabeza, el origen de otros… Naturalmente, de entrada, entendí la explicación, y le dije a don Evaristo que el que puso lo de “capitales” podía haber elegido otro vocablo, porque, usted comprenda, los que somos capitalinos …

Cuando don Evaristo se marchó, con su cabello arreglado como Dios manda, me quedé pensando.

No voy a dudar de que los “capitales” sean, o puedan ser, la cabeza, el origen de otros. No hace falta decir que una envidia enfermiza puede llevar a n individuo a cometer cualquier barbaridad; lo mismo que una incontrolada lujuria. De la ira, no digamos. Pero la pereza, no me parece que sea socialmente grave, salvo para el empresario cuyo empleado la ejercite habitualmente; la gula es muy probable que produzca problemas intestinales, pero no parece que su práctica trascienda mas allá de provocar retortijones de tripas.

Pero es que esto de la moral es, ya lo sabemos, muy relativo, y depende de la cultura de cada grupo social, y aún de cada individuo. La envidia no es, necesariamente mala: envidiar la posición de alguien, o su éxito social o académico, no es malo. Recuérdese que tenemos acuñada en nuestro idioma la frase “envidia sana”.

Pero es que,  además, faltan pecados: el odio, el racismo, la intransigencia, la intolerancia … El catálogo es amplio? ¿No les parece?

No sé. A lo mejor resulta que los pecados capitales no lo son tanto, mientras no salgan del ámbito más íntimo y personal, es decir que sólo serían “pecados” cuando sus consecuencias se manifestaran en nuestro comportamiento hacia los demás.

De cualquier manera, esto de la moral es tan relativo …
Lamparilla

(Todo esto es consecuencia de que no sólo de zarzuelerías vive el hombre).

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