lunes, 17 de octubre de 2016

UN NOBEL DISCUTIDO







Seb.
Buenos días, Don Hilarión. ¿Se ha enterado usted de la polémica de los Premios Nobel?

Hil.
Buenos días, querido amigo. Pues no, no me he enterado.

Seb.
¡Pero bueno! ¡Cómo es posible!  ¡si está en todos los periódicos, en la radio, en la televisión! … 

Hil.
Verá usted. Estos días he estado muy ocupado con la botica; tenía que hacer inventario y cuentas, porque los señores de Hacienda me han anunciado su visita. Y ya sabe usted.

Seb.
Si es por eso, le disculpo. Hace mucho tiempo se decía: “Con la Inquisición … ¡chitón!! Ahora podemos decir: “¡Ante Hacienda … ¡contra la pared y que Dios te atienda!”

Hil.
Además, últimamente estoy pensando en desengancharme de la prensa. Últimamente son como mis placebos: la gente confía en ellos, pero, en el fondo … Pero dígame, ¿qué es eso de la polémica de los Nobel!

Seb.
Verá. Polémica, lo que se dice polémica … es poco. La cosa se ha convertido en una bronca monumental, un huracán de los gordos, un maremoto de no te menees, un tsunami como una catedral …

Hil.
Déjese usted de hipérboles y metáforas y deme la información escueta.

Seb.
Tiene usted razón. El asunto es que le han dado el Premio Nobel de Literatura … a un cantante norteamericano, famosísimo.


Hil.
¿El Nobel de Literatura … a un cantante?

Seb.
Sí señor. Como se lo cuento.

Hil.
No lo puedo creer. No será una broma de esas que circulan por el internés o como se llame.

Seb.
No, nada de broma. Los suecos son muy serios.

Hil.
… Así que la Academia sueca ha concedido el Nobel de Literatura … a un cantante moderno …
 
Seb.
… Perdone, Don Hilarión, está usted muy callado. Esperaba una reacción visceral, sanguínea, primaria. Le veo muy callado, aunque me da en la nariz que la cosa no le parece bien… 

Hil.
¡Ay, Don Sebastián! Estaba contando, mentalmente, hasta cien. Mire, tengo que mantener la calma; no debo alterarme .. por mi salud … y porque mañana viene el de Hacienda y a ese hay que enfrentarse con mucha tranquilidad.

Pero, ¿El  Nobel de Literatura a un cantante? ¡Y encima no es un cantante de zarzuela!

Seb.
Bueno, la verdad es que se lo han otorgado por las letras de sus canciones.

Hil.
¡Ah! ¡Eso cambia el asunto!  O sea, es un cantautor. ¿No será de aquellos cantautores que tuvimos en una época que arreglaban el país y el mundo con una docena de versos, que denunciaban lo mala que es  nuestra sociedad, la misma que les da de comer?

Seb.
Pues no lo sé con certeza, porque no estoy al corriente de la música que canta y, además, como es estadounidense canta en inglés (Y dicen que el inglés americano no hay quien lo entienda).

Pero, verá usted, como yo soy de natural bondadoso y condescendiente, veo en este suceso algo positivo. Y muy importante.

Hil.
¿Y se puede saber qué es?

Seb.
Naturalmente. Al darle este premio a un cantante. no por cantar, sino por las letras de sus canciones, ¿qué han premiado los suecos?

¡Piense usted, amigo mío! ¡Y extrapole, Don Hilarión, extrapole!

Hil.
Pues, como no me saque usted del pozo de la ignorancia … Compréndalo, con lo de Hacienda y el inventario, mis neuronas necesitan reposo y descanso.

Seb.
¡Pues a los libretistas, Don Hilarión, a los libretistas!

Hil.
¿A los libretistas? No le entiendo.

Seb.
Pues está claro. ¿Qué han hecho desde hace cuatrocientos años los libretistas de nuestra zarzuela? ¡Escribir canciones! Lo que pasa que las han llamado romanzas, monólogos, racontos, dúos, concertantes …. ¡pero canciones al fin y al cabo!

Sí señor. Los académicos suecos, muy sibilinamente, han reconocido la importancia de las letras en la música. Han acabado de un plumazo (un plumazo que conlleva, además, una buena cantidad de caudales) con aquello de “Primo la música, poi le parole”.

Hil.
O sea, que usted cree que los suecos se han acordado de nuestros larras, arnedos. sinesios delgados, fernández-shaws, antonios pasos, arniches, perrines y palacios .. ¿De verdad cree usted que se han acordado de los libretistas y de la zarzuela?

Seb.
Hombre, tanto como de nuestros libretistas zarzueleros … pero, en general …

Hil.
¡Ni en general, ni en particular!  Me da a mí que lo sibilino ha sido después, es decir a la hora de dar explicaciones.

Mire usted, nadie – y cuando digo nadie, quiero decir ni un alma – defiende más el trabajo de los libretistas que yo. No se trata de ponerlos por delante de la música, no, sino de darles el valor que tienen, que es mucho. Usted sabe, como yo, que muchas de nuestras zarzuelas podrían ser perfectamente representadas como teatro hablado, sin desdecir ni esto, de obras de esta naturaleza. Pero de ahí, a que las romanzas y canciones merezcan un Nobel de Literatura …

Seb.
Hombre. Yo lo hacía por encontrarle algo positivo al asunto.

Hil.
Pues si me admite una sugerencia, una proposición, un consejo: Déjelo pasar. ¡Que le dan el Nobel de Literatura a un músico o el de Medicina a un chamán indígena del Altiplano!... ¡Allá ellos! Usted, siga mi consejo: ¡Hágase usted el sueco!

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