miércoles, 16 de noviembre de 2016

REESTRENO DE "BECQUERIANA"



Becqueriana.

Ópera en un acto. Texto de los hermanos Álvarez Quintero. Música de María Rodrigo. Estreno: Teatro de la Zarzuela, de Madrid, 9 de abril de 1915.

BECQUERIANA
Versión de concierto. Reestreno en tiempos modernos
Auditorio Nacional de Música, de Madrid
28 de noviembre de 2016, 19.30 h.

Ficha artística
Ruth Iniesta, soprano. Alejandro del Cerro, tenor.
Coro de Voces Blancas María Rodrigo (Dtora: Raquel García Hervás).
Orquesta del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid
Director musical: José Luis Temes

El programa se completa con
F. Calés -  Impresiones sinfónicas
M. Rodrigo - La copla intrusa
M. Rodrigo - Rimas infantiles
Con la colaboración del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)


Personajes e intérpretes del estreno. La Ilusión (Presentación Nadal), La Pasión (María Teresa Tellaeche), La Ternura (Rafaela Leonís), El Poeta (Ignacio Genovés) y Una ninfa del bosque (Teresa Saavedra).

Argumento. Atardecer, con un  cielo teñido de rosa y oro en un bosque solitario. La brisa juega entre las ramas. Por un sendero aparece la romántica figura del Poeta, “semejante a la de Manrique, aquel loco perseguidor de un rayo de luna”[1], lentamente, abstraído en sus pensamientos a propósito de la tarde que declina. El rumor de las hojas se convierte en voces y el Poeta canta a la idealizada mujer que anhela y a la que ofrece la vida y el alma.

Sus palabras estremecen el bosque y, de improviso, surge ante él la figura de la Pasión, “de hermosura de fuego”, preguntándole si es a ella a quien busca. La respuesta es negativa. Por el camino opuesto llega la Ternura, humilde y suave, que inquiere al Poeta si es ella la buscada. Otra negativa. La Pasión insiste, también la Ternura, y el Poeta continua rechazándolas, recordando a ambas que conoce las mieles y el veneno del amor.

Un súbito resplandor ilumina el bosque y el Poeta encuentra ante sí a la Ilusión. El protagonista la reclama, pero ella, incorpórea e intangible, huye. El Poeta, alucinado, va hacia ella y al punto de tocarla, la Ilusión se desvanece en azulada llama, dejando al Poeta triste y dolorido. Y como si despertara de un sueño, cae sollozando sobre un tronco.


Comentario. Que conozcamos, sólo existen en nuestro inmenso corpus de teatro lírico, dos óperas relacionadas con la obra de Bécquer, además de la de María Rodrigo. Se trata de El monte de las ánimas, dos actos de Luis Núñez Cepeda con música de Eduardo Rodríguez-Losada, estrenada en 1927 en el Teatro Rosalía de Castro, de La Coruña, y La venta de los gatos, ópera en dos cuadros compuesta por José Serrano sobre libreto, curiosamente, de los hermanos Álvarez Quintero, que se dio a conocer en el Teatro Principal de Valencia en 1943.

María Rodrigo, compositora

La obra de la pianista y compositora María Rodrigo (Madrid, 1888–Puerto Rico, 1967), escrita en “Fuenterrabía, agosto, 1913”, se inspira en la rima “Yo soy ardiente, yo soy morena”, que abre el texto quinteriano y está presente, también, en el desarrollo de la obra. Es página con ciertas influencias wagnerianas (nada extraño si se tiene en cuenta que la autora estudió en Alemania y tuvo como profesores, entre otros, a Ricardo Strauss), consideradas entonces muy modernas y entre sus fragmentos destacan un bailable y el soliloquio del Poeta (“Amor es engaño vano”).

La prensa de la época se ocupó de esta partitura con distintas opiniones, algunas de ellas con cierto aire condescendiente por ser la compositora mujer y además debutante en lides teatrales. En La Correspondencia militar se pudo leer: “Una melodía encantadora, todo poesía y todo dulzura, cual corresponde al cerebro y al corazón femenino que la dio vida, desgranaba en la orquesta sus notas que llegaban a nuestros oídos suaves, tranquilas, acariciadoras”. En El Heraldo de Madrid dijeron: “La primera damita compositora que hemos visto en escena fue llamada, no por impulsos de cortesía, sino por dictados de justicia, pues el mérito de su obra arranca el aplauso”; y reconocieron que “la técnica amplia, la inspiración y el admirable conocimiento de los elementos orquestales, la Srta. María Rodrigo fue ovacionada con entusiasmo, especialmente en el bailable, que se repitió a instancias de todos”. Quien firmó en Lira española, con el seudónimo de “Arroyo Claro”, puso en letra de molde su entusiasmo: “La Srta. Rodrigo, pues, ha empezado con una obra en la que tenía que salvar enormes dificultades, tal vez sólo asequibles al genio de Wagner, y que salió airosa de esta enorme prueba lo demostraron los aplausos con que fue premiada al finalizar el bailable y la representación de Bequeriana”.

Aún disponemos del testimonio de Adolfo Salazar en la Revista Musical Hispanoamericana, escribió:

“La señorita Rodrigo hizo muy bien presentando una obra ligera; nada más insoportable que las recargadas obras de los principiantes, temerosos siempre de no parecer suficientemente complicados. Y además: ¿qué mayor dificultad que mantenerse siempre dentro del marco impuesto, sin salirse fuera del tiesto? Sencillez dice seguridad de mano –no confundamos, sin embargo, sencillez con simplicidad–, y la seguridad de mano y decisión de pensamiento, sentenciaban los viejos preceptistas, es lo que caracteriza el maestro. Becqueriana, en cuanto a la sensibilidad que revela, es bien la obra de una mujer. Su ligereza, digamos fragilidad; su utilidad de mariposa es la contribución a la música del eterno femenino. Sintiendo estas cualidades, algunos críticos han culpado a la señorita Rodrigo de afrancesamiento (quieren decir debussismo). ¡Qué concepto de la mujer, de Debussy … y de la música!”.




[1] Recordemos que  Manrique de Lara es el protagonista de la leyenda soriana El rayo de luna, que Bécqur publicó en El Contemporáneo, en junio de 1862.

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