jueves, 1 de diciembre de 2016

MARÍA RODRIGO: DESCUBIERTA Y RESCATADA.




Francisco Calés. Impresiones sinfónicas. María Rodrigo. La copla intrusa. Rimas infantiles. Becqueriana. R. Iniesta. A. del Cerro. Coro de voces blancas “María Rodrigo”. Orquesta del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Director: José Luis Temes. Auditorio Nacional de Música. Madrid, 28 de noviembre de 2016.


Hay ocasiones en las que, durante un concierto, nos llaman la atención detalles ajenos a la música. Me ocurrió en el que comento. Y lo que me sorprendió, gratamente, fue la presencia de mucha gente joven; gente joven en el escenario, en la Orquesta Sinfónica del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, gente muy joven en el Coro de Voces Blancas “María Rodrigo”, y, sobre todo, gente joven en el auditorio. Familiares y amigos de los intérpretes, sin duda, pero gente joven, en definitiva. Alguno de ellos quizá fuera la primera vez que asistiera a un acto de este tipo, quién sabe si habrá quedado “infectado” para el futuro.

Pero vayamos a la música: Creo no exagerar al decir que hemos asistido a una velada histórica porque las obras interpretadas eran, en la práctica, verdaderos estrenos, y, sobre todo, auténticos descubrimientos. Abrieron el programa las Impresiones sinfónicas de Francisco Calés Pina (1886-1957), página descriptiva, casi pictórica en algunos momentos; las imágenes de paisajes vienen a nuestro cerebro dibujadas por una música que, ojala, se instale en los atriles de nuestras orquestas. Una música que, de haber sido firmada por algún compositor nórdico, tendría en el mercado una docena de grabaciones discográficas.


Ruth Iniesta (La Ilusión) y Alejandro del Cerro (El Poeta). (Foto: Luis Camacho)
Vino después  La copla intrusa página de 1930 de María Rodrigo Bellido (1888-1967), la compositora española, grande y desconocida. Es música de honda raíz hispana con sonoridades que en momentos recuerdan a Falla. Preciosas y atractivas son las Rimas infantiles, cinco movimientos basados en canciones infantiles tradicionales españolas llenas de color y sencillez. Música impregnada de alegría, juegos y ensoñaciones, en las que la autora madrileña muestra su conocimiento de la orquesta, una orquesta amplia de la que extrae colores, sonoridades y pequeños detalles eficazmente decorativos.

La pieza “fuerte” del programa fue Becqueriana, pequeña ópera basada en la célebre Rima Bécquer, Yo soy ardiente, yo soy morena. Fue estrenada en el Teatro de la Zarzuela, de Madrid, en 1915. El texto, en prosa, concentrado, poético, intenso y magnífico fue escrito por los hermanos Álvarez Quintero. Debo destacar la habilidad de la compositora para poner música a un texto en prosa, algo no habitual en nuestro teatro, porque la prosa suele carecer del ritmo del verso, detalle que ayuda al compositor cuando crea la música. 

Bequeriana, es casi una ópera de cámara si atendemos a su duración, a su estructura y a la presencia de sólo dos cantantes (un tenor y una soprano, que da vida a tres personajes), aunque la orquesta es de grandes dimensiones y se requiere la participación de un coro de voces blancas. También se demanda la presencia de un ballet para interpretar el amplio “Baile de las ninfas y los gnomos”, de la escena segunda.

Alejandro del Cerro, tenor santanderino, fue el Poeta abrumado que cifra en la Ilusión sus esperanzas. Ruth Iniesta, soprano zaragozana, dio vida a los tres personajes femeninos (la Pasión, la Ternura y la Ilusión). Ambos resolvieron sin problemas sus respectivas intervenciones y fueron muy aplaudidos. Creo que de ser representada, la intervención de los cantantes quedaría mucho más rica y expresiva.

Un momento del ballet (Foto: Luis Camacho)
Los pequeños intérpretes, el Coro de Voces Blancas “María Rodrigo” (preparado por Raquel García Hervás) y el grupo de bailarines (coreografiados por Patricia Roldán) dieron vida a sus respectivas partes con eficacia, lástima que el ballet tuviera que ver circunscrita su actuación a los huecos que dejaba la gran orquesta del Conservatorio. Esta última sonó con calidad, ofreció efectos dinámicos notables, sus solistas intervinieron con autoridad y todo el conjunto ofreció un trabajo  de calidad.

El artífice del concierto ha sido el director madrileño José Luis Temes; no sólo desde el podio en una labor directorial detallada, pendiente de cada músico, controlando la respuesta de la orquesta. Temes ha sido también el responsable de la revisión de todas las obras interpretadas y el rescatador de la música, magnífica y atractiva, de  María Rodrigo. Con este concierto, Temes vuelve a poner sobre la mesa un ejemplo de nuestra olvidada música, un modelo de cómo, a pesar de todo, los creadores y las creadoras españolas escribieron música de calidad para el teatro, la gran orquesta y las pequeñas formaciones. Una música que debemos recuperar cuanto antes y ponerla en circulación  en nuestros circuitos y en los ajenos.

Por cierto, las obras de María Rodrigo serán próximamente publicadas en CD. A esto se llama cerrar el círculo: descubrir, preparar, interpretar y grabar nuestra música. ¡Cuánto cariño y trabajo detrás! Hay que agradecerlo.

Vidal Hernando.

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