martes, 24 de enero de 2017

ZARZUELA: LA VILLANA



Zarzuela en tres actos, divididos en siete cuadros. Libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández–Shaw. Música de Amadeo Vives. Estreno: 1 de octubre de 1927, en el Teatro de la Zarzuela, de Madrid. Acción en Ocaña y Toledo capital (el último cuadro), a principios del siglo XV.

LA VILLANA
Nueva producción. Teatro de la Zarzuela, de Madrid
27 de enero a 12 de febrero de 2017.
Intérpretes:

Nicola Beller Carbone* / Mayte Alberola** (Cassilda).
 Milagros Martín (Juana Antonia).
Sandra Fernández (Blasa).
Ángel Ódena* /  César San Martín** (Peribáñez). Jorge de León* / Andeka Gorrotxategi** (Don Fadrique). Rubén Amoretti (David y el Rey).
Manuel Mas (Roque). Javier Tomé (Olmedo). Ricardo Muñiz (Miguel Ángel)

Escenografía: Nicolás Boni. Vestuario: María Araujo.
Iluminación: Juan Gómez-Cornejo (AAI). Coreografía: Mónica Runde.
Dirección de escena: Natalia Menéndez.
Orquesta de la Comunidad de Madrid.
Coro de la Comunidad de Madrid, titular del Teatro de la Zarzuela
(Dtor.: Antonio Fauró).
Dirección musical: Miguel Ángel Gómez Martínez.
Nueva producción del Teatro de la Zarzuela, de Madrid.
*     Días 27, 29, 2, 4, 8, 10 y 12.
**   Días 28, 1, 3, 5, 9 y 11.

Personajes e intérpretes del estreno. Casilda, esposa de Peribáñez (Felisa Herrero). Blasa, esposa de Roque, tía de Peribáñez (Cándida Folgado). Juana Antonia, mujer del campo (Rosita Cadenas).
Peribáñez, hacendado de Ocaña (Pablo Gorgé). Olmedo (Antonio Palacios). Don Fadrique, el Comendador (Mateo Guitart). Roque, tío de Peribáñez (Pepe Moncayo). David, el judío, y el Rey (Redondo del Castillo). Miguel Ángel, marido de Juana Antonia y capataz de la hacienda de Peribáñez (Enrique Gandía).
Decorados: Salvador Alarma (Actos 1 y 3) y José Martínez Garí (Acto 2). Director de escena: Antonio Palacios. Director musical: Juan Antonio Martínez


Números musicales. Acto I. Escena. Juana Antonia, Miguel Ángel (“Mi amo Peribáñez”). Coro de segadores (“Trébole, ¡ay, Jesús como huele!”). Peribáñez (“Tengo un majuelo, de tres verdores”). Olmedo y coro (“Este anochecido vase a desposar”). Coro (“Ya suenan las campanillas”). Dúo de Casilda y Peribáñez (“Jamás soñé la dicha que logré”). Escena. Miguel Ángel, Olmedo, Juana Antonia y Coro (“Nostrama ya se ha casado”). Dúo de Casilda y D. Fadrique (“¡Caballero bien portado!”). Dúo de Peribáñez y D. Fadrique (“Señor, feliz me hiciste”). Dúo de Peribáñez y Casilda (“Ya estamos en casa…”). Romanza de D. Fadrique (“Tus ojos me miraron”). Acto II. Cuadro I. Romanza de Casilda (“La capa de paño pardo”). Romanza de David (“Allá, en la judería toledana”). Dúo de Casilda y Peribáñez (“Me guarda la sombra que dejas  aquí”). Cuadro II. Dúo de Peribáñez y David  y Coro (“¡Malvado! ¡Calma tus iras!”). Cuadro III. Coplas de Olmedo. Olmedo y tres gañanes (“A la fuente de la Zarza”). Escena. Peribáñez, Casilda, Olmedo y Coro (“La mujer de Peribáñez”; “Sosiégate, corazón”).  Escena. Peribáñez, Casilda, Coro, D. Fadrique (“La hora ya llegó”). Concertante. Todos (“Por el tono de su voz”). Acto III. Cuadro I. Plegaria. Casilda (“Se fué… ¡se fue!”). Dúo de D. Fadrique y Casilda (“¡Casilda! ¡Señor!”). Cuadro II. Coro de labriegos (“Vengo de despedida”). Escena. Olmedo, Juana Antonia y ballesteros (“¡Peribáñez le mató!”). Romanza de Peribáñez (“Señor, aunque villano”).


Argumento. Acto I. Casa de Peribáñez. Unos campesinos vienen a festejar a Peribáñez, el labrador más rico de la comarca por su boda con Casilda, una bella moza de la zona. [Escena]. El ambiente es de fiesta y todos ofrecen a Peribáñez sus regalos. [Olmedo y coro].

La comitiva de la novia aparece en la lejanía [Coro]. Peribáñez ayuda a Casilda a descender del adornado carro que la transporta [Dúo de Casilda y Peribáñez] e inician el camino hacia la ermita. Cierran la comitiva Olmedo y Juana Antonia que le pide unas coplas; el mozo accede y la dedica un verso algo picante. Son interrumpidos por la aparición de Miguel Ángel que vienen en busca de una soga para encintar a un novillo al que persigue el Comendador.

La ceremonia ha terminado [Escena] y la alegría es interrumpida por la aparición de Olmedo y Miguel Ángel anunciando que el Comendador ha sido malherido por el toro y le traen desmayado. Lo colocan en un sillón y Peribáñez ordena a todos que salgan en busca de ayuda, de manera que quedan solos Casilda y don Fadrique. [Dúo de Casilda y Don Fadrique]. Casilda arrima su ramo de azahar a la nariz de don Fadrique y éste se recupera y al ver a la muchacha queda prendado de su belleza. 

Al recuperarse, el Comendador, en agradecimiento a las atenciones recibidas, permite a Peribáñez que sea su amigo [Dúo de Peribáñez y Don Fadrique]. Muy poco tiempo después, Peribáñez y Casilda quedan solos y, a la luz de la luna, reiteran su cariño [Dúo de Peribáñez y Casilda].

Olmedo regresa y se encuentra con don Fadrique, que se se declara enamorado de Casilda [Romanza de D. Fadrique].

Acto II. Cuadro I. Cocina de la casa de Peribáñez. Peribáñez ha sido nombrado capitán de una leva de labriegos que ha de salir a luchar contra el moro. Casilda le entrega una capa para que se proteja durante la ausencia [Romanza de Casilda]. Los amigos de Peribáñez le prometen cuidar de su hacienda y de su esposa, cuando aparece un forastero pidiendo posada. Se trata de David, un judío toledano que ofrece pagar su estancia con unas arracadas de finas perlas [Romanza de David]. Peribáñez no acepta pago alguno y ofrece su casa al recién llegado, que, en realidad es un hombre de don Fadrique. La despedida de los recién casados es emocionada [Dúo de Casilda y Peribáñez].

Los traidores Blasa y Roque, al servicio del Comendador, facilitan la entrada de don Fadrique en la casa, el cual intenta conquistar a Casilda que le rechaza enérgicamente.

Acto II. Cuadro II. En una venta en el camino de Ocaña a Toledo, David, enfurecido porque unos labradores han intentado emborracharle, sugiere el engaño del Comendador. Peribáñez le acusa de mentir, pero David le recuerda su posición de villano y que nada podrá contra quien es su señor [Dúo de Peribáñez y David].

Acto II. Cuadro III.  En la era de Peribáñez, mientras se aventa la parva se escucha la voz de Olmedo cantando unas coplillas. [Coplas de Olmedo]. Juana Antonia sale y comenta con el mayoral el asedio de que es objeto la virtuosa Casilda.

Entra Peribáñez triste y preocupado, porque ha de marchar. En el encuentro, ambos se declaran su amor nuevamente y se prometen fidelidad. [Escena]. Interrumpe la despedida la aparición de los labradores y el Comendador [Escena], quien se dirige a Peribáñez y le nombra caballero, entregándole su propia espada. Todos temen la reacción de Peribáñez [Concertante]. Casilda maldice su hermosura; don Fadrique justifica su enamoramiento, Roque y Blasa, insisten en su acción traidora; Peribáñez muestra su inquietud y, finalmente, emprende la marcha, pidiendo a don Fadrique que cuide de su casa y de su esposa.

Acto III. Cuadro I. Casilda ante una imagen de la Virgen lamenta su situación y reza [Plegaria]. Don Fadrique la contempla embobado antes de hablarla y confesar toda su pasión [Dúo de D. Fadrique y Casilda]. La mujer pide auxilio a la Virgen y le rechaza. El Comendador insiste con más intensidad al verse desdeñado. Casilda corre y se encierra en la casa, don Fadrique la sigue y enloquecido entra en ella por una ventana. En ese instante aparece Peribáñez que, al ver en el suelo la capa del Comendador, desenvaina la espada y entra también en la casa en auxilio de su esposa.

Acto III. Cuadro II. Plaza de Toledo frente a la catedral. Unos labriegos cantan y bailan. [Coro de labriegos]. Se anuncia la llegada del Rey en cuyo acompañamiento van los ballesteros de Ocaña reclutados por Peribáñez. Un pregonero anuncia que el Comendador ha sido muerto y que se premiará a quien proporcione alguna pista sobre el criminal. Olmedo sospecha enseguida lo que ha ocurrido [Escena] mientras forma a los ballesteros para que pase la procesión. Al llegar el Rey a la plaza aparecen Peribáñez y Casilda; el hombre declara ser el matador de don Fadrique; el Rey ordena que le prendan, Casilda pide piedad y los ballesteros, en lugar de detener a Peribáñez piden al Rey que le escuche. Éste accede y oye la historia del labrador [Romanza de Peribáñez]. El Rey le perdona recordando que también los villanos entienden de honor.


Comentario. Basada en la obra de Lope de Vega Peribáñez o El comendador de Ocaña, La villana es una de las grandes obras del género lírico, aunque esté ausente del repertorio habitual. De hecho, han pasado 33 años desde  la última vez que se pudo ver en el Teatro de la zarzuela,

De la extensa autocrítica publicada en El Imparcial[1], extraemos estas interesantes ideas firmadas por Romero y Fernández–Shaw:

Al efectuar un trasplante tan radical como es el de pasar la obra desde el drama puro a la híbrida zarzuela, aspiramos a que el público letrado vea nuestro libreto como una imitación a lo lírico de la misma obra.
En cuanto al lenguaje, el mismo Lope de Vega nos señala una orientación precisa. Situada la acción muy a principios del siglo XV –puesto que el Rey Enrique III, que figura en ella como personaje esencial, murió en el 1406– el dramaturgo hace hablar a sus personajes en el lenguaje de su propia época –siglo XVI y XVII–, y alude insistentemente a un bailable –el villano– completamente desconocido hasta el XVI y ya en desuso en el XVIII. Nosotros hacemos hablar a nuestros tipos con la prosodia actual y sin más arcaísmos que aquellos todavía usados en las comarcas de Toledo y la Mancha, menos profanadas por el estridor del ferrocarril y el automóvil.

Tras el estreno, los críticos y comentaristas se explayaron. “Floridor” en ABC  escribió un largo comentario del que entresacamos algunos párrafos[2]:

De la copiosa partitura de La villana, en la que, como decimos, todo se ha sacrificado a la unidad y a la situación, desdeñando las pirotecnias musicales, sobresalen, en el primer acto el dúo en que Casilda y Peribáñez cantan su dulce y escondida felicidad; en el segundo acto que consta de tres cuadros, la canción a la capa de paño pardo, que tiene la pureza y la gracia de lo popular, embellecido por el arte; lo que pudiéramos llamar el “aria de las joyas” que dice el mercader judío, un terceto puramente cómico, que recuerda la buena traza de Chapí; el nocturno, de una gran riqueza descriptiva y original interpretación; un magnífico dúo de barítono y bajo, que cantaron maravillosamente Gorgé y Del Castillo, y el concertante con que finaliza el acto, página admirablemente construida, de amplia y cálida frase. En el tercero, el monólogo de Casilda, que acaba en plegaria, no de plegaria al uso y al abuso, sino suspirada y emotiva oración, a la que sigue la entrada de don Fadrique, y la vuelta de Peribáñez, que sorprende al Comendador, cuando éste pretende atentar contra su honra.

Joaquín Turina[3], en labores de comentarista desde El Debate, se explayó en su reseña:

El primer acto de La villana es un  acierto de libro; las escenas siempre movidas e interesantes, exponen sobriamente el asunto. La música, algo incierta al comienzo, hace recordar en más de un momento las fórmulas de Maruxa, compensada a veces con la fina y popular línea de las coplas que canta Roque, y con un dúo precioso, el dúo de amor entre Casilda y Peribáñez, cerrando tan bien el acto  que causa sorpresa no ver caer el telón. No obstante, la acción continúa y don Fadrique (el tenor) entra solapadamente para cantar una serenata.
El segundo acto es larguísimo y consta de tres cuadros. La música es superior a la del primero. Se destacan tres números, que muy bien pudieran colocarse a la cabeza de toda la producción de Amadeo Vives; uno de ellos es un aria de bajo, llena de dificultades y un gran sabor pintoresco a cargo de David, el tradicional judío; el otro es un delicioso terceto, un a modo de scherzo beethoveniano, fresco, espontáneo, impregnado de gracia sutil; el tercero es un dúo dramático entre Peribáñez y el judío, de contrastes violentos y de enorme efecto teatral. En el tercer cuadro, una lindísima y luminosa decoración de Martínez Gari, nos lleva a las afueras del pueblo. Un  segundo dúo de tiple y barítono eleva la música hacia un ambiente de ópera; una frase muy musical y muy humana va subiendo poco a poco, con expresión tenaz, acomodándose con diseños ligeros y ornamentos superficiales, como concentración de dos sentimientos opuestos que marchan a la vez; una modulación brusca y la gran frase recomienza de nuevo, cada vez más cálida. ¡Bravo don Amadeo! ¿Por qué no terminó usted ahí? Entra el Comendador y el coro, la emoción se pierde y se termina el acto con un concertante a la italiana.
El tercer acto es de carácter especial. Un magnífico panorama de Toledo y una suntuosa decoración representando la plaza de la Catedral en la Ciudad Imperial se deben a Alarma, el escenógrafo de Barcelona. Musicalmente este acto tiene menos importancia y solamente consignaré la imploración de Peribáñez al Rey, de acentos patéticos y un paso hacia la declamación cantada, género inusitado en la zarzuela.

Otro cronista, Enrique Díaz Canedo, tradicionalmente exigente con lo que se relacionaba con los clásicos, elogió la música y la interpretación. Entre otras frases, escribió[4]:

Han simplificado los Sres. Romero y Fernández–Shaw la acción, insistiendo en sus notas características y lo han hecho en general con el tino y la discreción tantas veces alabados en ellos. Solo leves reparos de palabra se les podría poner, en pasajes contadísimos, a cambio de otros aciertos, entre ellos el primordial de servir a la música, acomodándose a ella con holgada naturalidad. Si alguna sustitución de personajes deja perder primores del original, parece bien justificada por las necesidades de la partitura.

En  similares y elogiosos términos se expresaron todos los críticos, comentaristas, gacetilleros e, incluso, articulistas no habituales de los eventos musicales, sobre la obra, sobre la personalidad de sus autores y sobre su trabajo. J.P.M.


[1] “De la vida teatral. El estreno de La villana. Los autores adelantan sus impresiones”. El Imparcial, Madrid, 29–9–1927.
[2] “Floridor”. “Estreno de La villana en la Zarzuela”. ABC, Madrid, 2–10–1927.
[3] J. Turina. “Inauguración de la Zarzuela con el estreno de La villana“. El Debate, Madrid, 2–10–1927.
[4] E. Díaz Canedo. “Estreno de La villana en la Zarzuela”. El Sol, Madrid, 2–10–1927.

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