lunes, 17 de abril de 2017

Ópera: Mozart y Salieri.



Escenas dramáticas en dos actos. Libro basado en la obra del mismo título de Alekxandr
Pushkin. Música de Nicolai Rimsky-Korsakov. Estreno: 7 de diciembre de 1898, en el Teatro de Solodovnikov, de Moscú (privado en 1897). Acción en Viena, principios del siglo XVIII.
 
MOZART Y SALIERI
Auditorio de la Fundación Juan March, de Madrid

22, 23 y 29 de abril, 12 h.
26 de abril, 19.30 h.
24, 27 y 28 de abril, 11.30 h. (Funciones escolares)

Ficha artística
Salieri, bajo (Ivo Stánchev). Mozart, tenor (Pablo García-López). Mendigo ciego violinista (Fran Parrado). Criado, asistente de Salieri y enterrador (Rafael Rivero)

Dirección de escena: Rita Cosentino. Escenografía: Antonio Bartolo. Vestuario: Gabriela Salaverri.  Iluminación: Fer Lázaro.
Director musical y piano: Borja Mariño

Coproducción del Teatro de la Zarzuela y la Fundación Juan March

Función del día 26 (19 horas): Transmisión en directo por:
Radio Clásica de RNE  y a través de www.march.es/directo (streaming).
En diferido por Catalunya Radio.


Personajes e intérpretes del estreno. Mozart, joven compositor, tenor (Vasili Shkager). Salieri, compositor maduro, barítono (Fiodor Chaliapin).

Números musicales: Acto (I). Salieri (“Como suele decirse, “no hay justicia en esta tierra”). Entrada de Mozart (“¡Ajá! ¡Conque me has visto!). Salieri (¿Cómo eres capaz de reírte?”). Mozart (“Imagínate…”). Salieri (¿Venías a verme con algo semejante?”). Monólogo de Saliero (“¡No! No puedo aguantar más tiempo. Acto II. Salieri (“¿Por qué estás hoy tan taciturno?”). Mozart (“Hará cosa de tres semanas, llegaba tarde a casa”). Salieri (“¡Ya basta! ¿Qué es este miedo infantil”) Coro (“Dale, Señor, descanso eterno”[1]). Mozart (“¿Pero estás llorando”?). Mozart (“Ojalá todos sintieran tan rápido el poder de la Armonía”). Monólogo de Salieri (“¡Dormirás eternamente, Mozart!”).

Argumento. Al levantarse el telón la escena presenta a Salieri, sumido en tristes pensamientos. Él, que ha renegado de todos y que a todo ha renunciado por la música, comienza a darse cuenta de lo inútil de su sacrificio, cuando piensa que la inspiración y la gloria son terriblemente injustas, al otorgar sus favores a un músico tosco, sin criterio y vulgar, como es, a su juicio, Mozart.

Aparece Mozart y sentándose al piano improvisa una breve fantasía cuya elegancia y belleza exasperan a Salieri.

Salieri, desesperado, decide eliminar a Mozart. Le invita a comer y, disimuladamente, vierte veneno en su copa. Cuando Mozart se aleja, Salieri se da cuenta de lo estúpida y ridícula de su acción: matando al gran músico no va a conseguir que el genio creativo venga a él con la misma frecuencia y grandiosidad que iba a Mozart. Pero el mal ya está hecho y es irreversible.

Mozart y Salieri tiene, como el resto de las catorce producciones para la escena de su autor, una estructura magistral. Su construcción es de una lógica casi perfecta en la que cada uno de los protagonistas está totalmente caracterizado.

Comentario. El origen de esta obra hay que buscarlo en un hecho cuya falsedad está absolutamente probada en nuestro tiempo, La idea que circuló por toda Europa durante largo tiempo; noticia que pretendía el asesinato de Mozart, envenenado por indicación de Antonio Salieri (1750-1825), un músico contemporáneo suyo a causa de estúpidos celos profesionales. La idea de esta ópera le vino a Korsakov leyendo a Pushkin, su poeta preferido, y en 1897 comenzó el segundo cuadro, sin gran interés, como si de un mero ejercicio se tratase. El resultado le agradó y decidió continuar con el tema. El mismo Rimsky-Korsakov lo cuenta así en su Autobiografía: “Comencé por abocetar las voces del canto, aplicando más tarde el acompañamiento, bastante complicado, apartándome de la forma definitiva de la trama orquestal primitiva”. Más adelante, continúa: “En un principio enlacé las dos escenas con un intermedio, estilo fuga, que deseché luego”.

No es una página de gran envergadura, porque, en general, Korsakov no solía utilizar para sus obras profundos temas históricos o grandes dramas sicológicos, sino que tenía una destacada tendencia a poner en sus partituras cuentos o leyendas populares en las que trasponiendo lo superficial y anecdótico, profundizaba con agudas dotes observadoras.

La obra, colorista y brillante, ha conocido cierta fama en Occidente, aunque no ha llegado a las cotas de popularidad de otras páginas teatrales del mismo autor. No obstante, es posible observar en ella el gran estilo creativo y la perfecta orquestación, características evidentes en la música de Rimsky-Korsakov. J.P.M.


[1] Es una referencia al Réquiem del propio Mozart.

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