viernes, 12 de mayo de 2017

La zarzuela incomprensible.




Seb.
Buenos días, Don Hilarión.

Hil.
Buenos días nos de Dios, a los hombres de buena voluntad y comportamiento.

Seb.
Pues no crea usted que con esa fórmula va a saludar a tantos …

Hil.
¿Qué me dice, amigo mío? Viene usted desanimado, porque esa respuesta …

Seb.
Pues sí. La verdad es que salí de casa, no diría que eufórico y optimista (los tiempos no están para demasiadas alegrías), pero en el camino ha ocurrido algo que me ha desalentado y casi deprimido.

Hil.
¿Y puede saberse …?

Seb.
Pues sí. Es más, me gustaría conocer su opinion. Ya sabe usted que la tengo en mucha estima.

Verá usted. Venía yo en el Metro hacia aquí, cuando he escuchado media conversación…
  
Hil.
Por casualidad …

Seb.
No, por casualidad no. Porque el individuo hablaba a voces, como si quisiera que todo el vagón se enterase. Vamos, que he estado a punto de decirle: “guarde usted el teléfono”, con lo alto que habla, no le hace falta …”

Hil.
Bueno, bueno, Y dice usted que ha escuchado la conversación ..

Seb.
Toda no, sólo la mitad. porque como era por teléfono …

Hil.
Ya, ya. Pero muchas veces no hace falta oír a las dos partes. De lo que dice uno, se deduce lo que va diciendo el otro…

Seb.
En este caso, no sé ... Pero, bueno … Tampoco me hacía falta, con lo que le he escuchado al sujeto … ha sido suficiente ..

Hil.
Bueno, bueno, tranquilícese. Y dígame, ¡porque me tiene usted en ascuas!

Seb.
Pues el individuo venía hablando de zarzuela. y, ¿sabe lo que ha dicho? entre otras cosas… Pues que , como la gente hoy no entiende los textos de la zarzuela, hay que cambiarlos… Así … Ni más, ni menos.

O sea, que hoy no entendemos lo que escuchamos …

Hil.
Ya, ya. Y como no lo entendemos, claro, hay que meterles la tijera, el destornillador o el berbiquí… ¡Cualquier cosa que sirva para levantarlo, haga el daño que haga!

No es nuevo. Ya lo hemos oído varias veces …

Seb.
Ya, pero, ¡qué quiere usted! Hoy me ha molestado más esa idea. Porque, ¡dígame, ¡Es que somos tontos! ¿Quién le ha dicho a ese sujeto, ente o individuo, que no entedemos lo que oímos? ¿Quién le ha investido a él, y a otros como él,  del conocimiento y la autoridad para “explicarnos” las cosas?  ¿Por qué estos prójimos se creen los salvadores de la Zarzuela?

Hil.
¡No se altere, Don Sebastián! ¡ Procure serenarse! Nada va a conseguir con ponerse al borde del infarto.

Tiene usted razón, Don Sebastián. Ya lo dice nuestra zarzuela. Pero es que esto de llamar ignorante al público, se ha convertido en una práctica para esos “expertos” que se creen el culo del arca.

No digo que no haya personas que no entiendan ciertos libretos; que muchos espectadores no adviertan la ironía, el sarcasmo, la sátira y la puya de ciertos parlamentos o de ciertas canciones.

Mire usted, me consta –porque he sido testigo directo– que hay quien cree que la canción de las viudas de La corte de Faraón, es machista … porque aquello de que “con él en la casa entra toda … pero toda su autoridad”.  Pero, la excepción, dicen que confirma la regla…

En fin, tengo la impresión de que la ignorancia no está en el patio de butaca, sino en aquellos que se creen “listos” y buscan presentarse como “salvadores” de lo que sea… de la Patria, del Arte o de la Zarzuela.

Seb.
¡Que bien! Con esto que me acaba de decir, me ha dado usted como una medicina … ¡Como se ve que es boticario!

Pero hay más. El del teléfono, siguió con su perorata y añadió que Enseñanza libre es una obra machista y que de ninguna manera … Vamos .. Dijo, exactamente (refiriéndose al texto) que “hay que cortarlo de raíz”.

Hil.
Con que machista… ¡Vaya!   ¡Otra pata para el mismo banco! ¡Qué manía de juzgar con criterios éticos de hoy lo escrito hace cien años! ¡Qué fácil es generalizar! 

Entonces, el del teléfono propondría cambiar todo el texto, incluido el de las canciones..
 
Seb.
Pues no, mire usted. Supongo que su interlocutor le diría algo como eso, porque le escuché decir que no, que las canciones van enteras. como fueron escritas, sin tocar nada. ¡Ah! Y que la música es magnífica.

Hil.
¡Ah, bueno! Algo es algo … Porque no me hubiera extrañado nada que también atribuyera a la música carácter machista, o pornográfico… Porque …

¡Ay, Señor, Señor! Siempre lo mismo. ¿Qué hemos hecho para que nos castigues con gentes de esta guisa, que deciden por nosotros lo que debemos ver y oir porque nos consideran ignorantes, poco preparados, o, incluso, indecentes?

Seb.
Pues sí. ¿Y qué buscan?

Hil.
Mucho me temo que la pasta, porque al hacer estos arreglos, “indispensables”, según  ellos, se llevan unos buenos duros.

Seb.
¿Del erario público?

Hil.
Casi siempre.

Seb.
¡Estamos apañaos!

Hil.
¡Ay, Don Sebastián! No le dé más importancia. Esto es así. Tómese usted el chocolatito, que le va a sentar bien.

Seb.
¡Qué bueno es tener un amigo boticario! Y, ¿dígame? lo del chocolatito lo dice usted por ¿el número musical de La gatita blanca”, o por el delicioso alimento a base de cacao y azúcar?.

Hil.
¡Hombre! … Si estuviera aquí el del teléfono, podría preguntarle. ¿No le parece?


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