La edad de plata.
Goyescas. Mónica Conesa (Rosario). Alejandro Roy (Fernando). Paquiro (César San Martín). Mónica Redondo (Pepa). El retablo de Maese Pedro. Don Quijote (Gerardo Bullón). Maese Pedro (Pablo García-López. Trujamán (Lidia Vinyes-Curtis). Dirección de escena, dramaturgia, escenografía e iluminación: Paco López. Vestuario: Jesús Ruiz. Coreografía: Olga Periquet. Audiovisuales: José Carlos Nievas. Coro Titular del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid, titular del Teatro de la Zarzuela. Dirección musical: Álvaro Albiach. Teatro de la Zarzuela, 29 de enero de 2026.
La edad de plata.
Goyescas. Mónica Conesa (Rosario). Alejandro Roy (Fernando). Paquiro (César San Martín). Mónica Redondo (Pepa). El retablo de Maese Pedro. Don Quijote (Gerardo Bullón). Maese Pedro (Pablo García-López. Trujamán (Lidia Vinyes-Curtis)
Dirección de escena, dramaturgia, escenografía e iluminación: Paco López. Vestuario: Jesús Ruiz. Coreografía: Olga Periquet. Audiovisuales: José Carlos Nievas.
Coro Titular del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid, titular del Teatro de la Zarzuela. Dirección musical: Álvaro Albiach. Teatro de la Zarzuela, 29 de enero de 2026.
Bajo el título de “La edad de plata”, se ha
presentado en el Teatro de la Zarzuela el primer espectáculo lírico del año
recién estrenado. Se trata de la unión de dos obras estéticamente
disímiles en su concepción y
realización. Goyescas es, como se sabe, una ópera creada a partir del
éxito de unas piezas para piano, de Enrique Granados. El retablo de Maese
Pedro, es una “adaptación escénica de un episodio del Quijote”, para
el que Falla compuso la música y un libreto del cual el propio Cervantes podía
figurar como coautor. A estas obras hay que añadir pequeñas composiciones (Marcha
de los vencidos y Danza de los ojos verdes), que precede a Goyescas,
y Pyshé, a El retablo. Se añaden también una serie de
proyecciones bélicas que, a mi juicio nada tienen que ver con las óperas
mencionadas. Tampoco encuentro relación entre la historia de ambas óperas. Una
es una historia de amor trágica, con muerto incluido, y la otra es la narración
de un personaje novelesco que, en un momento determinado, confunde la ficción con
la realidad.
Ayer salí del teatro con la sensación de que el público, que lo llenaba, tampoco entendía el sentido y la intención de lo que estaba viendo. Creo que se olvidó de posibles significados y se dedicó a disfrutar con la realización que se ofrecía. En este sentido creo que salió satisfecho de la interpretación de los solistas, que cumplieron con su deber con eficacia y solvencia. A destacar la intervención del ballet que, tanto en los solistas, como en el conjunto tuvieron una presencia importante. El coro de la casa, como viene siendo habitual, muy eficaz y “teatral”. Alguna vez hemos dicho que no se limita a cantar sino que actúa con y se mueve por el escenario con autoridad. Sin duda es uno de los grandes puntales del coliseo. La orquesta, a las órdenes del maestro Álvaro Albiach sonó bien, quizá algo elevada de volumen, lo cual hacía que los cantantes tuvieran que elevar el suyo para ser escuchados. Esa fue la impresión que me produjo, pero la escuché con gusto y satisfacción.
En resumen, un espectáculo extraño, que no levantó pasiones en el auditorio y que, a pesar de que las obras base son cortas, me dio la impresión de que le cansó. Aplausos de cortesía.

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