viernes, 28 de noviembre de 2014

LA INFECCIÓN DEL IDIOMA



Pensamientos de un barbero.

 
No hace mucho se presentaba a toda orquesta, una nueva edición del Diccionario de la Lengua Española. Periódicos, radios y televisiones difundieron la noticia y los responsables mostraron los dos volúmenes con indisimulado orgullo. Creo recordar que se dijeron frases como que el idioma está vivo, que evoluciona, que se actualiza …

No escuché ni leí en parte alguna que estuviera septicémico. Porque el español, a mi entender, está gravemente infectado por términos, frases, modelos y hasta nuevas construcciones idiomáticas originarias de otras lenguas y procedentes de nuestra propia negligencia. No hace falta ser un sabueso para darse cuenta de esta triste realidad. Pondré sólo algunos ejemplos porque no quiero que esta reflexión ocupe demasiado, ni provoque una depresión generalizada entre mis lectores (si los hay).

Llegan las Navidades y proliferan los anuncios de colonias y perfumes; la mayoría nos ofrecen las bondades del producto con vocecitas candorosas y susurrantes, pero en francés o inglés. La publicidad de los automóviles, cada día introduce más eslóganes en idiomas distintos del nuestro.


Hojeando el periódico me he topado con este par de anuncios: Madrid Beauty Days (que tiene que ver con cosas de belleza) y Madrid Horse Week (con caballos). ¿Qué les parece? En esto de la infección del lenguaje, Madrid es una de las ciudades más afectadas. Baste con recordar que los desfiles internacionales de moda que llevaron el castizo nombre de Pasarela Cibeles, pasaron a denominarse Madrid Fashion Week y, más recientemente, Mercedes Fashion Week Madrid. Qué quieren que les diga: en Madrid, cualquier semana es fantástica si se sabe aprovechar.

Pero mucho más grave es que la estación del metro de la Puerta del Sol, ¡nada menos que la Puerta del Sol!, se llame … como se llama (no escribo el nombre para no hacer publicidad, como dicen en la televisión creyendo que los espectadores son tontos).

Ayer vino un cliente y le pedí una tarjeta de visita (lo hago porque, quién sabe, a lo mejor en el futuro se hace famoso y yo puedo presumir de haberle arreglado el pelo alguna vez). Me la dio y debajo del nombre ponía “Comunity Manager”. “Manejador de comunidades”, pensé para mí, pero le dije: “¿Administrador de fincas?”. Me miró con una cara .. y no me lo dijo, pero lo leí en su mente: este peluquero es un ignorante. (Luego he sabido que hay alguna Universidad española que ofrece esta titulación. ¡Increíble!). En mi colección, tengo tarjetas en las que pone “consultor senior”… “senior”; ¡pero si el que me la dio era un crío que apenas necesitaba afeitarse!

Siguiendo con el tema, me viene a la mente que los que se dedican a la enseñanza en el mundo empresarial; no son maestros o profesores: son “trainers” o “coachs”.

La cosa se amplia si nos fijamos en los “correctores” de los ordenadores y teléfonos móviles (que por cierto se llaman “smarfones” o “aifones”). Son auténticos asesinos del lenguaje, más peligrosos que el ébola y más insistentes que mano de novio. Y capaces de acabar con la paciencia y los nervios de cualquiera. Y no les digo nada de lo peligrosos que pueden resultar.

¿Y qué me dicen de las llamadas “redes sociales”. Al principio, yo pensaba que las redes sociales eran la Cruz Roja, Cáritas, las Hermanitas de la Caridad y poco más. Pero resulta que no; que redes sociales son un invento tecnológico que permite la comunicación, más o menos masiva, entre individuos, pero con unas limitaciones que, en lo que afecta al idioma, tienen como consecuencia directa e inmediata la simplificación más radical. Por ejemplo, las letras “xq” unidas equivalen a “porque” “porqué” y “por qué”. Y no es lo mismo, al menos no lo era cuando yo iba a la escuela. Tampoco es aceptable el uso incorrecto, o la falta, de signos de puntuación, por mucho que algún académico haya escrito una novela sin ninguno de ellos.

Los ejemplos pueden ampliarse y seguro que ustedes encuentran alguno en su devenir cotidiano. No es cuestión de construir un catálogo de atentados contra nuestro idioma, pero sí de poner de manifiesto la apatía de quienes, a mi parecer, deberían procurar, prioritariamente, la limpieza de lo propio. En este caso los académicos, los lingüistas, los intelectuales y, quizá más que ellos, que no tienen poder ejecutivo, los periodistas, reporteros, contertulios, articulistas y comunicadores en general que no cuidan el lenguaje, que justifican el uso de términos extraños afirmando que están en la calle, cuando son ellos, precisamente ellos, los que los han puesto en circulación a través del altavoz de sus medios. ¿O es que lo de las tarjetas “black” se le ha ocurrido a algún frutero?.

Tienen también mucha responsabilidad las autoridades políticas porque no hacen lo necesario por defender nuestro idioma. Porque permiten que se comercialicen en España productos con las instrucciones en inglés, alemán, francés … pero no en castellano. O consienten que cuando esas explicaciones aparecen en la lengua de Cervantes, resultan incomprensibles. Son ellos los responsables de que se vendan en España objetos (estoy pensando en discos de música clásica) sin que el contenido aparezca en español.

El español es el idioma materno más hablado del mundo (414 millones) después del chino (848). Más que el inglés (335), el ruso (167), el alemán (78.2) o el francés (75) [datos de http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Idiomas_por_el_total_de_hablantes]. Y, sin embargo, esta superioridad numérica no impide que proliferen en nuestras tierras como el “spanglish” la mezcolanzas resultantes de juntar el español con otras lenguas cooficiales. Al paso que vamos nuestros muchachos se entenderán … ¡Dios sabe cómo!

Después de todo, y como uno sólo no puede luchar contra el mundo, he llegado a pensar en cambiar el nombre de mi establecimiento y, en lugar de “El Barberillo de Lavapiés”; llamarlo “Hairdresser’s Master” o “The Best Barbero of the World”. Pero he resistido la tentación.

Lamparilla

(Todo esto es consecuencia de que no sólo de zarzuelerías vive el hombre).

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