jueves, 5 de febrero de 2015

LA ZARZUELA ARRIESGA CON GERSHWIN Y ALONSO.


Lady, Be Good! (Foto T.Zarzuela)

Lady, Be Good (Musical en dos actos de Guy Bolton y Fred Thompson. Música y canciones de George e Ira Gershwin). N. Garret. J. Bern. G. Beitia. T. Cook. S. Peris. L. Singleton. C. Danielsen.
Luna de miel en El Cairo. (Opereta en dos actos de José Muñoz Román. Música de Francisco Alonso). D. Menéndez. E Viana. M. Esteve. E. Carranza. M. Cantarero. R. Iniesta. M.J. Suárez. Coro del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección de escena: Emilio Sagi. Vestuario: Jesús Ruiz. Coreografía: Nuria Castejón. Escenografía: Daniel Blanco. Iluminación: Eduardo Bravo. Director musical: Kevin Farrell. Teatro de la Zarzuela, 4-4-2015.

Propuesta aventurada del Teatro de la Zarzuela al programar una comedia musical americana, aunque sea del popularísimo Gershwin, y además en inglés, y poner es escena obras no “adecuadas” para quienes creen que la zarzuela es sólo La verbena, El barberillo y Luisa Fernanda.

Apuesta arriesgada pero, en términos generales, ganada. El objetivo fundamental del teatro, distraer, lo consigue Emilio Sagi con esta producción ágil y entretenida, planteada con eficacia y dinamismo, sin complejos y extrayendo de los intérpretes habilidades que sorprenden , incluso a alguno de ellos. Un espectáculo largo, dos horas y media de duración, más el descanso, que da pie a muchas reflexiones y comentarios. Trataré de sintetizar las principales ideas que se me ocurren.


Lady, Be Good, fue representada en su idioma original, incluidas las escasas partes habladas. Esto supuso, a mi entender, un inconveniente para muchos espectadores, que se tradujo, a mi parecer y el día que trato, en una frialdad del público al no saber de qué iba la historia. No se olvide que la trama argumental y dramática está en el texto hablado (esto ocurre en prácticamente todas las operetas, sainetes, zarzuelas …). La solución de los sobretítulos no palía el problema, al menos para los del patio de butacas: estar 80 minutos, con el cuello estirado como los legionarios, leyendo lo que dicen los intérpretes (sin ver la acción)… No obstante, poco a poco el público fue entrando, gracias, en gran parte,  a una música alegre, pegadiza, insistente incluso reiterativa en la exposición del tema básico, servida por unos cantantes de primer nivel.

Espectaculares los bailables, incluido el llamativo claqué del segundo acto (creo que interpretado por Carl Danielsen. Muy brillante el primero de los números, en el que tuve la impresión de que el escenario se le quedaba pequeño a la imaginación coreográfica de Nuria Castejón.

Luna de miel en EL Cairo (Foto. T. Zarzuela)
Los intérpretes resolvieron con eficacia su cometido, tanto en la parte vocal como en la interpretativa como actores. Y hasta tuvieron su simpática vis cómica en las breves intervenciones habladas en “español”  y “mexicano” que contiene la obra (curios la coincidencia de sendas intervenciones mexicanas en las dos obras). Me gustó Jeni Bern, soprano escocesa que hizo el personaje de Susie con mucha soltura.

Luna de miel en El Cairo se ha montado en versión escénica de Emilio Sagi, creando un espectáculo que funciona perfectamente, aunque no es la obra de José Muñoz Román. Después de ver el espectáculo creo sinceramente que la historia original habría funcionado sin problemas, a pesar de que resulta bastante enrevesada por las suplantaciones de personalidad en que se basa (por cierto, Lady, Be Good también presenta un cambio de personalidad, aunque muy suave, en comparación con los líos de Luna de miel). Esto de intervenir en los libretos del teatro lírico, es un tema recurrente del que no toca hablar en este momento. Pero, creo que hay que dejar constancia de estos cambios cuando se producen.

Tampoco es momento de comparar las dos obras ofrecidas, pero si hay que destacar que desde el primer momento se nota la gran diferencia entre la orquesta de Gershwin y la de Alonso, a favor del granadino. Una instrumentación mucho más rica (Gershwin emplea demasiado eso que llamamos “doblar la voz”), una imaginación melódica mucho más variada, empleando desde las formas y ritmos del jazz hasta el pasodoble, el guiño cómico mexicano o la melodía lírica de altos vuelos.

Luna de miel en El Cairo tiene dos protagonistas indiscutibles: Martha y Myrna, servidas por sendas excelentes sopranos de nuestra escena: la zaragozana Ruth Iniesta y la granadina Mariola Cantarero. La primera lució su voz potente y cálida y su dicción impecable.  La segunda cantó con la calidad que la caracteriza e hizo una interpretación actoral magnífica, en ese rol de la tópica andaluza exagerada. Sus aspavientos y gestualizaciones fueron premiados por el público.

David Menéndez, barítono asturiano, dio vida al personaje de Eduardo. Tiene una voz potentísima que maneja con soltura. El tenor madrileño Enrique Viana, en el papel de Rufi, aprovechó las ocasiones de lucimiento que le ofrecía el personaje. María José Suárez, mezzosoprano ovetense, cumplió en los papeles secundarios que le tocó representar, especialmente en esa antigua actriz/vedete que recuerda tiempos pasados.

La orquesta a las órdenes del director estadounidense Kevin Farrell, demasiado alta. Hubo momentos en que la potencia sonora del foso (los metales y la percusión) puso en aprietos a los solistas, sobre todo cuando cantaban desde el fondo de la escena. Este exceso de volumen se notó menos, a mi juicio, en la obra de Alonso, quizá debido a la propia orquestación del maestro granadino, mas “redonda”, con menos “artistas” que la del estadounidense.

El coro merece un párrafo dedicado, por su excelente intervención vocal, afinada y empastada, sin estridencias y, sobre todo, por su demostrar sus capacidades para actuar y bailar.

El vestuario de Jesús Ruiz resultó espectacular, tanto en la obra del norteamericano, como en la de Alonso, incluidos los números finales al estilo de las revistas, añadido de esta versión, como también lo es el número musical procedente de Doña Mariquita de mi corazón, obra del propio Alonso de 1942.

Una velada larga pero atractiva que ojalá sirve para mostrar y demostrar que en eso que tan estrictamente llamamos “zarzuela” tenemos obras de muy distinto tipo, pero con calidad de primera (aquí sí cabrían las comparaciones). Sólo basta ponerlas en escena con los medios adecuados. Y el talento.

Vidal Hernando.

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