viernes, 13 de marzo de 2015

FANTOCHINES: RECUPERACIÓN COMPLETA.




Fantochines. (Ópera de cámara en un acto. Texto de Tomás Borrás. Música de Conrado del Campo). S. de Munck. B. Quiza. F. Barrutia. Vestuario: Gabriela Salaverri. Escenografía e iluminación: Tomás Muñoz. Solistas de la Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director de escena: Tomás Muñoz. Director musical: José Antonio Montaño.

Casi 92 años han pasado desde que esta deliciosa obra viera la luz por primera vez en el Teatro de la Comedia madrileño. Y aunque, en comparación con otras partituras propias y ajenas, ha tenido bastante suerte, porque se ha representado en varias ciudades españolas e incluso en el extranjero, lo cierto es que un par de generaciones españolas han desaparecido sin conocerla.


Fantochines  es una pequeña joya, sencilla, de magnífico texto en verso y fácil argumento que llega muy directamente al público. Diría, incluso, que la incidencia del texto es determinante para mantener el interés y el disfrute del auditorio. La música es compleja, difícil, moderna para su tiempo y hasta para quienes, en el nuestro, limitan su gusto estético a la tradicional ópera italiana. Aquí la partitura es una sucesión continua de música exigente tanto para los intérpretes como para los oyentes que no tienen el fácil asidero de melodías belcantistas.

Gracias a la colaboración de la Fundación Juan March y el Programa Pedagógico del Teatro de la Zarzuela, hemos tenido ocasión de escuchar esta ópera de cámara tal y como fue estrenada en una puesta en escena sencilla y efectiva, utilizando elementos simples en la decoración y unas preciosas marionetas (como prescribe la obra) con la que, en algunos momentos, interaccionan los personajes humanos.

Sólo tres intervienen tres cantantes. Sonia de Munck, soprano madrileña, dio vida a la protagonista femenina: Doneta. Hizo frente con solvencia y energía a una partitura difícil, dura, agotadora, muy exigente que la hace trabajar en lo más alto de su registro. El barítono gallego Borja Quiza, hizo el papel del engreído Lindísimo con eficaz expresividad actoral y con una voz potentísima que llenó la sala, sobreponiéndose en algunos momentos al acompañamiento instrumental. Fabio Barrutia, barítono, madrileño, dio vida al Titerero, el narrador que nos sitúa en el entorno de la historia, y a Doña Tía, títere acompañante de Doneta, papel que, en cierto modo, podríamos asimilar a una celestina, Supo dar vida con firmeza al pregonero y con picardía como celestina.

El grupo instrumental (quinteto de cuerda, flauta, xilófono y piano) estaba situado a la izquierda del escenario lo que añadía dificultades a los cantantes, al no tener visión directa de las indicaciones del director. A las órdenes de José Antonio Montaño, sonó bien, aunque en algunos momentos tuve la impresión de que la potencia de las voces, especialmente el barítono protagonista, superaban la energía sonora del conjunto. 

Tomás Muñoz, director de escena, planteó la representación con elementos muy simples; no hacían falta más, la obra es sencilla y no necesita de aditamentos artificiales porque todo está en la música y en la palabra. Hizo actuar a los protagonistas con sencillez, destacando la vanidad de Lindísimo y la falsa ingenuidad de Doneta con eficaz y discreta gestualidad.

Mención especial merecen los títeres realizados por The root poppets, y controlados por Esther d’Andrea y Rafael Rivero. Sencillo y efectivos como el resto de la producción, llamaron la atención del auditorio.

Tres de las siete funciones ofertadas están destinadas a un público joven, entre 12 y 14 años.  Confieso que tengo mis dudas sobre lo oportuno de una música de este tipo como iniciación para quienes no conocen el teatro musical, pero me llegan noticias de que los chavales se han integrado en el espectáculo con interés y atención. Quizá haya influido la presencia de las marionetas y la gran incidencia del texto; influye también, y muy positivamente, el hecho de que los niños son preparados por sus profesores, gracias al planteamiento del Programa Pedagógico de las entidades que promueven la actividad. Estamos en el buen camino.


Vidal Hernando.

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