miércoles, 13 de mayo de 2015

DESCUBRIENDO A BOCCHERINI





Clementina. (Zarzuela en dos actos de Ramón de la Cruz. Música de Luigi Boccherini).
Intérpretes: Carmen Romeu, soprano (Doña Clementina). Vanessa Goikoetxea, soprano (Doña Narcisa). Carol García, mezzosoprano (Doña Damiana). Beatriz Díaz, soprano (Cristeta). Juan Antonio Sanabria, tenor (Don Urbano). Toni Marsol, barítono (Don Lázaro). Xavier Capdet, actor (Marqués de la Ballesta). Manuel Galiana, actor (Don Clemente). Orquesta de la Comunidad de Madrid. Escenografía: Juan Sanz y Miguel Ángel Coso. Vestuario: Antonio Belart. Iluminación: Paco Ariza. Dirección musical: Andrea Marcon. Dirección de escena: Mario Gas. Teatro de la Zarzuela, 12-5-2015.


Aunque esta producción se pudo ver en 2009 en el Teatro Español, de Madrid, estoy seguro de que gran parte de las personas que han asistido a la Zarzuela en estos días, han descubierto a Boccherini. Quizá sorprenda esto de “descubrir” a uno de los compositores más populares incluso entre personas no demasiado aficionadas a la música clásica. Nos referimos a su descubrimiento como autor teatral. Tengo también que decir que, para algunos, esta revelación, no ha sido entusiasta pues el día que reseño se notaba cierta frialdad en el público.  Claro, Clementina, es una zarzuela de corte clásico alejada de los estilos y formas que vendrán después y que todos conocemos. Pero es una obra muy interesante; en estos días ha salido el nombre de Boccherini junto al de Mozart.

La interpretación que hemos contemplado ha sido magnífica, gracias a un reparto excelente y equilibrado, un trabajo vocal y actoral depurado y un planteamiento musical concienzudo, sin olvidar la puesta en escena de corte clásico, como corresponde a la historia escrita por Ramón de la Cruz. No suelo recurrir a demasiados datos históricos en estos comentarios, pero sí quiero reflejar una idea que se me ocurría en el teatro: Clementina fue un encargo de la condesa-duquesa de Benavente que interpretaron sus familiares y servidores. Teniendo en cuenta la longitud y la dificultad de todos los papeles, ¡qué ambiente musical debía existir en aquel palacio de la Cuesta de la Vega madrileña!


Pero vayamos a la interpretación. ¡Excelente! Por parte de todos y cada uno de los ocho protagonistas. Carmen Romeu, la soprano valenciana, dio vida a Clementina, cantando con solvencia y suficiencia y dando a su personaje la elegancia que demanda. La norteamericana (nacida en Palm Beach) Vanessa Goikoetxea fue Narcisa, falsa hermana de Clementina, y de personalidad opuesta; cantó perfectamente y dio a su personaje el carácter revoltoso y travieso, de niña caprichosa y antojadiza que la descubrió como una estupenda actriz. La mezzosoprano Carol García Doña Damiana, aya de la protagonista; su papel es más corto pero fue planteado y resuelto con eficacia. Cristeta, la criada, pizpireta, coqueta y desenvuelta, cómplice de las hermanas, estuvo a cargo de la soprano asturiana Beatriz Díaz, que hizo una creación magnífica, tanto en lo vocal como en lo actoral.

Los personajes masculinos que cantan son dos: Don Lázaro, maestro de música interpretado por el barítono Toni Marsol, de voz potente, bien proyectada y controlada. El segundo, es Don Urbano, a cargo del tenor canario Juan Antonio Sanabria; es probablemente el papel más difícil de todos, la partitura le lleva a la zona alta de su registro y le obliga a tan numerosos y difíciles adornos, tantos que en muchos momentos podríamos hablar de “tenor de coloratura”. Se enfrentó a los problemas con valentía y los resolvió con brillantez; fue uno de los pocos momentos en que el público interrumpió la representación con una ovación cerrada.

Mención aparte merecen los dos actores, fundamentales en el desarrollo de la obra aunque su texto ha sido reducido considerablemente. Sin ellos, y a pesar del interés de la música, la función quedaría desangelada y sosa. Manuel Galiana, actor de experiencia y valía contrastadas, dio vida a Don Clemente, el padre de las protagonistas, mostró su dominio de las tablas con momentos especialmente atractivos. Por último, el barcelonés Xavier Capdet hizo el Marques de la Ballesta, personaje cómico y ridículo. Excelente, gracioso sin excesos, con dominio de la escena, con un derroche de expresividad mímica que le llevó a ganarse a los asistentes.

Para finalizar, una referencia a la dirección orquestal. Sabemos que el italiano Andrea Marcon hizo un gran trabajo previo para conseguir de sus músicos la interpretación adecuada a una partitura diferente a la que están, y estamos, acostumbrados. Y lo consiguió; la orquesta sonó con entidad pero sin apabullar a los cantantes, se destacaron los habituales contrastes dinámicos de este tipo de composiciones, sin excesos, convirtiéndolos en un adorno expresivo. Y eso que, en ocasiones, Boccherini requiere muchas repeticiones que pueden resultar reiterativas.

En resumen, una representación homogénea, de gran nivel, con un grupo de solistas (incluidos los actores de “hablado”), muy integrado en la acción y perfectamente adiestrado por un detallista director de escena, que se permitió un simpático gag, reído por el público, con una apuntadora, que rompió la tensión del “duelo” entre el Marqués y Don Urbano. 

Vidal Hernando.

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