domingo, 24 de mayo de 2015

LA ZARZUELA VENECIANA.




La dogaresa. (Zarzuela en dos actos de Antonio López Monís. Música de Rafael Millán). Intérpretes: Ximena Ayurto, soprano (Marietta). María José Martos, cantante (Rosina, parte cantada). Beatriz Argüello, actriz (Rosina, parte hablada). Milagros Martín, soprano (Hechicera). Sergio Escobar, tenor (Paolo). Jong-Hoon Heo, barítono (Miccone). Ivo Stanchev, bajo (Zabulón). Elías Benito Arranz, cantante (Marco y Dux). Orquesta Sinfónica de Navarra. Rondalla Lírica de Madrid “Manuel Gil” . Coro del Teatro de la Zarzuela. Dramaturgia escénica: Javier de Dios. Dirección musical: Cristóbal Soler. Teatro de la Zarzuela, 12-5-2015.


Desde hace sesenta y cinco años no se veía en el Teatro de la Zarzuela, de Madrid, La dogaresa, es decir que su inclusión en la temporada 2014-15 tiene casi el carácter de estreno, aunque sólo lo sea de manera parcial al ser una versión no escénica. Sus responsable, Javier de Dios, la ha llamado “concierto dramatizado”, quizá para separarse de lo que suele entenderse por “versión de concierto” de la que se diferencia, desde luego, en algunos detalles externos: orquesta en el foso, cierta actividad escénica…   En otros aspectos esta forma consiste en presentar a dos de los personajes como “narradores” del argumento de la obra, y en eliminar toda la parte hablada de los protagonistas principales. Esta separación se lleva incluso al vestuario, Rosina y Marco, los “narradores”, aparecen vestidos, digamos “de época”, para entendernos, mientras que los principales papeles lo están “de concierto”. Igualmente el movimiento de estos personajes también ha sido diferenciado: Rosina y Marco, recorren el escenario y gesticulan al modo teatral; Paolo, Marieta, Miconne y Zabulón, aparecen, desaparecen y cantan prácticamente como en un recital. Cabe pensar que los solistas han tenido un trabajo mas cómodo, al no tener que hacer frente a esa dualidad –canto/declamación– propia de la zarzuela. No sé si este camino puede llevar a alguna parte, pero debo decir que no observé en el público ninguna reacción sobre el particular; ni a favor ni en contra.


La parte musical estuvo muy bien resuelta. La soprano peruana Ximena Agurto, de bella voz, sin problemas en los agudos, con claridad en la resolución de adornos y potencia más que suficiente, cantó el papel de Marietta con convencimiento y muy buena dicción. Rosina fue un personaje desdoblado para su interpretación: de un lado la actriz Beatriz Argüello se hizo cargo de la parte hablada, mientras que la soprano valenciana María José Martos se encargó de la parte cantada, resolviéndola con eficacia y soltura. El detalle de esta separación interpretativa es muy importante y merecería la pena dedicarle alguna reflexión, aunque no sea este el momento adecuado. La soprano  Milagros Martín dio vida a la Hechicera, un escueto rol que resolvió con profesionalidad y buen hacer; su experiencia y, sobre todo, su convicción de que “no hay papel pequeño” la hicieron merecedora de los aplausos del público.

El reparto masculino estuvo a cargo de tres cantantes de primer nivel. Paolo fue interpretado por el tenor toledano Sergio Escobar; de voz poderosa, brillante y timbre afilado, se alzó con un triunfo indiscutible, aunque creo que debería haber pulido un poco algunos momentos, como en la romanza de entrada que, a mi juicio, debería haber sido más enérgica, más “dura”; al fin y al cabo, el personaje está jurando vengarse. De cualquier modo triunfó sin reservas en esta su primera aparición en la Zarzuela; seguro que le veremos en ocasiones sucesivas. Ivo Stanchev, bajo búlgaro, personificó a Zabulón con su voz potente y carnosa en los graves.  David Lorente hizo de Marco, marido de Rosina y, con ella personaje fundamental en la versión ofrecida. Es ella la que imagina y pone en práctica el plan para salvar a Paolo de la muerte y que se una a su amada Marietta; Marco, ayudará en todo lo que se le pida, aunque no siempre entiende bien las intenciones de Rosina; es un remedo del “papel” cómico tradicional en la zarzuela. Trabajó con profesionalidad y convenció al público.

El barítono coreano Jong-Hoon Heo personificó a Miccone. Tiene una voz muy bella, cálida, de timbre redondo y suave,  y muy igual en todo el registro; canta con mucho gusto y con una dicción perfecta; fue un descubrimiento para el auditorio.

El coro, bien preparado como siempre, intervino con la eficacia que es habitual, aunque su presencia estática, con indumentaria y formas de “concierto” (incluida la carpeta de la partitura) me resulta extraña en este teatro.  Pero es una condición de este tipo de producciones.

La orquesta, por último, a las órdenes del maestro titular Cristóbal Soler, estuvo en el foso, como ya hemos dicho. Quizá sonó demasiado, al menos desde el lugar que yo ocupé, pero se trata de una gran formación (la Sinfónica de Navarra), más acostumbrada al repertorio instrumental que al acompañamiento en el teatro. De todos modos se le escucharon muchos detalles preciosistas de la instrumentación de Rafael Millán, que redondean una partitura interesante y bella; un poco heterodoxa por la mezcla de estilos (se escuchan momentos zarzueleros, operísticos, números casi de opereta, como el “quinteto de los pajes” e incluso formas musicales de inspiración española).

La Rondalla Lírica de Madrid “Manuel Gil”, cumplió en su intervención en el único número en el que participa, la serenata del segundo acto,

Un detalle simpático y sorprendente: en el momento del saludo final, la orquesta y el coro entonaron el “Cumpleaños feliz”, dedicado a Antonio Fauró, director del Coro Titular del Teatro; los solistas y el público se unieron espontáneamente al homenaje a un profesional cuyo trabajo no siempre es agradecido como se merece. Vaya también, en  estas líneas, mi felicitación, maestro.


Vidal Hernando

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