martes, 5 de mayo de 2015

PALACIO DE LA MÚSICA: ¡LEVÁNTATE Y ANDA!



Palacio de la Música de Madrid


Buenos días, Don Hilarión, ¿qué tal?

Hil.
Pues bien, nada especial, nada que se salga de la rutina de todos los días.

Seb.
Pues yo le traigo una noticia, aunque a lo mejor ya la conoce. ¿Ha leído usted el periódico ayer?

Hil.
Pues no. Pero dígame usted la noticia.
,
Seb.
Tiene que ver con el Palacio de la Música de Madrid. Corre peligro de ser convertido en una tienda de ropa.

Hil.
¿El Palacio de la Música? ¿El de la Gran Vía? ¿Convertido en una tienda de ropa? No será una broma.

Seb.
Nada de broma. Le resumo el asunto. Usted sabe que el Palacio de la Música fue construido como sala de conciertos por el arquitecto Secundino Zuazo Ugalde entre 1924 y 1928 …


Hil.
No me diga usted nada. Me conozco la historia de ese edificio como si fuera mío. ¿Usted sabe que tenía un órgano, construido por Juan Melcher, hacia 1930, con tres teclados manuales, pedalero y 70 registros, que fue destruido por un incendio el 22 de noviembre de 1932?

Seb.
¿El 22 de noviembre?. ¿El día de Sana Cecilia?

Hil.
Sí señor, el día de la patrona de los músicos. ¡Que fatalidad! Como la santa es ciega, quizá no vió el problema a tiempo.

Seb.
¡Don Hilarión! ¡Que Santa Cecilia no es ciega! ¡La ciega es Santa Lucía!

Hil.
Perdóneme, tiene usted razón, de santos y santas entiendo poco.
Lo que sí se es que desde su terminación hasta 1966, fue sala de conciertos. ¡Cuántos nombres importantes de la música europea han pasado por ahí!

Luego fue convertido en cine, más tarde en minicines (con tres salas) y por último comprado por Caja Madrid que pensaba devolverlo a su actividad musical original.

Seb.
Ya, ya. Pero la crisis, el problema-escándalo de la Caja, o de Bankia, que tanto monta, ha parado el proyecto.

Y ahora, parece que una gran empresa comercial tiene intención de adquirirlo y convertirlo en una tienda.
 
Hil.
¡Dios mío! ¡Qué están haciendo con “mi” Gran Vía”. ¡La única calle del mundo que tiene una obra lírica!
 ¡Hay que hacer algo!

Seb.
¿Y qué hacemos!

Hil.
No lo sé. Me temo que sería necesario un milagro.

Seb.
Hombre no creo que sea para tanto. Bastaría con que el Ayuntamiento no autorice el cambio de actividad a que está asociado el edificio; bastaría también con que los nuevos propietarios tuvieran el detalle de mantener la música en ese edificio.

Hil.
Hombre eso sería una solución magnífica. Mire usted, si asó ocurre, prometo comprarme toda la ropa en las tiendas de esa empresa. Pero mucho me temo que …

Seb.
No pierda usted la esperanza. Es posible que aún quede en este Madrid nuestro gente con intereses culturales, gente que ni vea sólo negocio en todo lo que hace…

Hil.
Me da miedo. Cuando estas noticias empiezan a circular… malo. Aquí lo que hace falta es un milagro. 

Seb.
No se venga usted abajo. Recuerde usted la historia de Lázaro, aquel al que Jesucristo le dijo “Levántate y anda”.  Pero, dígame, ¿por qué tanto interés por ese edificio? Que yo sepa, en él no ha habido zarzuela, salvo algún concierto de fragmentos, de preludios e intermedios …

Hil.
¡Ah, don Sebastián!. Se lo voy a decir. Hace años, bastantes años, escuché allí mi primer concierto. No recuerdo ni la orquesta ni el director, pero fue la primera vez que oí una orquesta sinfónica. Y la obra no la olvidaré nunca: la Sinfonía Pastoral, de Beethoven.

Seb.
¡Qué me dice! ¡Así que usted empezó a aficionarse a la música con la Pastoral!  ¡Quien lo diría!

Hil.
Pues sí. Y de la manera más tonta, si me permite hablar así .

Seb.
¡Cuente, cuente!

Hil.
Yo trabajaba, en aquel entonces, de botones, muy cerca de allí, en la calle de la Montera. Uno de mis jefes será muy melómano, o se perdía un concierto. Pero aquel día, por alguna razón, no podía ir. ¡Y me regaló su entrada!

Seb.
¿Y fue usted al concierto en horario laboral! ¡Eso es absentismo!

Hil.
Lo que usted diga, pero absentismo laboral y recomendado por el jefe. ¡Que quiere! ¡Las órdenes hay que obedecerlas!

Seb.
¡Hay que ver! ¡Lo que es la vida! ¿Sabe usted lo que le digo! Si el Palacio de la Música vuelve a su actividad, le invitaré a usted al primer concierto que haya.

Hil.
Se agradece, amigo mío, se agradece. Y yo mantengo mi promesa de vestirme, de pies a cabeza, en la tienda que sea …


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