lunes, 22 de junio de 2015

MORTIER Y SUS REFLEXIONES.



Gerar Mortier. Reflexiones sobre la ópera, el arte y la política. Edición de Mar Fosca. Confluencias Editorial. Almería, 2015.


El belga Gerard Mortier (Gante, 1943–Bruselas, 2014) uno de los directores y gestores de teatro más populares de las últimas décadas confiesa en ese pequeño libro sus inquietudes y convicciones sobre tres grandes temas que consideraba interrelacionados.

Se trata de dieciocho artículos, tres de política, cuatro sobre arte y literatura y once sobre ópera, seleccionados por Mar Fosca y precedidos de sendas presentaciones apasionadas de Sylvain Cambreling y Peter Sellers, publicadas en el madrileño diario El País, la revista del Teatro Real, y de conferencias en la Universidad de Granada, el Museo del Prado, la Residencia de Estudiantes y el Círculo de Bellas Artes.


Mortier ha sido un personaje controvertido que no ha dejado indiferente a nadie. Gestor de ópera en Frankfurt, Hamburgo, París, Bruselas, Salzburgo y Madrid  revolucionó ciertos aspectos esta manifestación cultural y, en Madrid, por ejemplo, apostó por grandes títulos del siglo XX y obras discutidas por los aficionados y no prestó prácticamente atención a los trabajos españoles.

De la lectura de estas 228 páginas se desprenden  algunas de las ideas básicas del personaje sobre las que se puede estar de acuerdo o discrepar, pero que nos deberían hacer pensar antes de admitirlas o rechazarlas. Por ejemplo, para él, “el arte tiene que fomentar la conciencia de los ciudadanos para que estos elijan la mejor política posible”. No faltan en estos artículos relaciones entre sucesos históricos o geográficos que justifican la creación o el desarrollo de ciertas obras de arte; tampoco explicaciones sobre obras (de teatro, pintura o música) que quizá no estuvieron en la intención de sus creadores. Es decir, toda una serie de opiniones personales que, como decíamos al principio, no dejarán indiferencia en los lectores, porque tendrán que decidir si las admiten o las rechazan. Y es que Mortier  era un hombre apasionado que influía sobre quienes estaban cerca de él a consecuencia de su gran personalidad. Fue provocador y esta actitud le atrajo amistades y fobias.

Con respecto a España su relación la define Cambreling  en estas páginas: “Gerard Mortier y España fue amor y desamor, fue esperanza y desilusión, fue tenacidad y rechazo, fue amistad y traición”. En cualquier caso, no pasó desapercibida para nadie. Gracias, en parte, a los importantes recursos que se pusieron a su disposición.

José Prieto Marugán

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