lunes, 10 de agosto de 2015

EL TEATRO REAL Y EL TEATRO DE LA ZARZUELA



Francisco Asenjo Barbieri




Barbieri denuncia la diferencia de trato del gobierno al Teatro Real y al de la Zarzuela.
No es trabajo contra la ópera, sino contra los privilegios otorgados a una manifestación musical y la desconsideración hacia otra.

Los tres artículos se publicaron en el periódico
 La Mañana, de Madrid,
 los días 21 y 22 de Mayo, y 5 se Junio de 1877.




I

Cuando se agita la cuestión del teatro español; cuando autores, y empresarios serios y bufos hacen gemir las prensas con artículos y folletos; cuando los representantes del municipio y de la nación tienen sobre el tapete proyectos teatrales y los presupuestos generales del estado, me parece que no podrá ser inoportuno un recuerdo sobre los teatros cuyos nombres encabezan estas líneas; recuerdo necesario, si se atiende a que en algunos de los citados artículos y folletos se han echado a volar especies que pueden atentar al arte lírico-teatral, o al menos a que la opinión pública se extravíe porque no haya pleno conocimiento de la materia de que se trata.

Lejos de mí (que ni soy empresario de teatro[1] ni aspiro a serlo) la idea de mezclarme en esa especie de pugilato que sostienen los que más o menos abiertamente se disputan el negocio de la explotación del teatro dramático, no puedo menos de tomar la pluma, a título de español y de músico, para llamar la atención del gobierno y del público sobre el estado actual de los dos principales teatros líricos de Madrid; y como no hay razonamiento más fuerte que el que se funda en hechos públicos y notorios, ni lógica más concluyente que la de los números, voy a tratar la cuestión, valiéndome de los datos que he adquirido en mi larga carrera teatral y en las noticias que me han suministrado varios artículos de periódicos y muchos amigos particulares bien enterados de los secretos administrativos teatrales. pero ante todo, debo dejar consignado, que si en algo de lo que voy a decir hubiera error, estoy dispuesto a rectificarlo, tan luego que se me demuestre la verdad; porque no tengo intención de atacar a ninguna empresa o personalidad, sino tan solo poner de manifiesto las diferencias que hay del teatro Real al teatro de la Zarzuela, considerados bajo el  aspecto de su explotación mercantil, sacando luego algunas consecuencias relativas a su  importancia artística y al favor que a cada uno de ellos otorgan el gobierno y el público. Hagamos  ahora el estudio comparativo en números redondos[2].


Considerados ambos teatros por el total que arrojan sus localidades vendidas en cada representación, hallamos que sus entradas posibles son:

En el Real
49.000 rs. diarios
En la Zarzuela
15.000 rs. id.

En concepto de alquiler del edificio y sus accesorios:

El Real
No paga nada
La Zarzuela
368.000 rs.

Por contribuciones al estado pagan:

El Real
30.000 rs.
La Zarzuela
50.000 id.

 A poco que se medite sobre los anteriores datos, se halla que, solamente en concepto de alquileres y contribución, cuando el teatro Real paga 1.500 duros, el de la Zarzuela paga 20.900 duros; desproporción, enorme y ajena al principio de equidad : porque si consideramos que el teatro de la Zarzuela, por un local que hace 15.500 rs. de entrada, paga 20.900 duros, el Real, que hace en igual concepto 49000 rs. debería pagar en proporción,  66.067 duros; pero como no paga sino 1.500, resulta que el estado regala en cinco meses 64.567 duros al empresario del teatro Real.

Sigamos adelante.

El repertorio de óperas que se ejecuta en el teatro Real es casi totalmente del dominio público en España; por cuya circunstancia la empresa no tiene que pagar derechos de representación a los autores, salvo algún caso raro de ópera muy moderna, por la cual se paga más bien en concepto de compra ó usufructo de los papeles de música que no por derechos de autor: así es que la pequeña cantidad que esto arroja no es digna de artículo aparte, y por esto va englobada en los gastos generales, de que hablaré luego, pudiendo ahora decir que por derechos de representación el teatro Real no paga nada, al paso que el de la Zarzuela paga, por término medio, un mínimum de 112.500 rs. en cinco meses.

Los antiguos empresarios de teatro, y aún los modernos, tienen por axioma que no se debe nunca hacer un presupuesto de gastos que exceda del 50 por 100 de una entrada total, porque mayor sería ruinoso. Esto sentado, comparemos los presupuestos  generales de gastos que han tenido los teatros en cuestión durante la última temporada de cinco meses, y hallaremos que el  del teatro Real ha sido de 17.800 rs. diarios, que corresponden al 33 por ciento de una entrada, y el de la Zarzuela 8.400, que equivalen al 54 por 100; no es pues, extraño que el negocio del teatro Real haya sido seguro y el de la Zarzuela ruinoso; y aquel tanto más seguro, cuando que siendo su presupuesto general de gastos 134.000 duros para toda la temporada, antes de levantar el telón, los abonados dieron a la empresa 131.000 duros por sus abonos (según se ha dicho de público), que es la casi totalidad de los gastos. Fortuna extraordinaria que no alcanzó jamás el teatro de la Zarzuela, donde, no digo en el año anterior que ha sido muy desgraciado, sino en los años de mayor favor del público, nunca pudo contar con un abono que excediera de 4.000 duros mensuales.

En resumen: véanse aquí los presupuestos de ambos teatros durante la última temporada de cinco meses:

Teatro Real
Ingresos
188.400 duros
Gatos
134.000 duros
Ganancia
54.400 duros


Teatro de la Zarzuela
Ingresos
56.250 duros
Gatos
63.000 duros
Pérdida
6.750 duros

Como si no fueran bastantes las ventajas que ha obtenido la empresa del Teatro Real no pagando alquiler de casa, pagando de contribución menos de lo justo y contando con el inmenso favor de un público que antes de empezar la temporada le adelanta la casi totalidad de los gastos, todavía se ha dado el caso de que en uno de los años pasados el gobierno la subvencionara con 30.000 duros, según se lee en un folleto que tengo a la vista y que no ha sido desmentido hasta ahora.

Al propio tiempo, la empresa del teatro de la Zarzuela, abandonada a sus propios recursos, paga 20.900 duros solo por casa y contribución, sin que el gobierno ni nadie la haya subvencionado jamás ni ella lo haya pretendido.


II
Teatro de la Zarzuela

En el artículo anterior expuse a grandes rasgos lo que son los negocios de las empresas del teatro Real y del de la Zarzuela comparados.

De aquella comparación resulta que cuando la empresa del Real (juntando sus ganancias en metálico a la del regalo del gobierno en concepto de alquileres y contribución) hace un total de beneficio de dos millones trescientos setenta y nueve mil trescientos cuarenta reales en cinco meses,, la de la Zarzuela sufre una pérdida en metálico de ciento treinta y cinco mil reales en el mismo tiempo; siendo las causas principales de tan enorme desproporción las grandes facilidades y ventajas que el gobierno otorga al teatro Real, sin otorgar alguna al de la Zarzuela.

Estos hechos han dado motivo en diferentes ocasiones para que la prensa y los artistas clamen contra tan irritantes privilegios. Pero los apasionados o favorecidos por las empresas del teatro extranjero han salido a la defensa de éste con argumentos especiosos, entre los cuales descuella el de que la empresa del teatro Real mantiene a multitud de familias españolas. No negaré yo que esto sea verdad hasta cierto punto; pero no es argumento de excepción, porque todos los teatros de España hacen lo mismo y no lo pregonan, ni por ello les da un ardite el gobierno; antes al contrario les carga de contribuciones y dificultades. 

He dicho, hasta  cierto punto, y la prueba nos la van a dar los mismos presupuestos del teatro Real en su última temporada.

De los 188.400 duros que han entrado en la Caja de la empresa, han tocado:

A los artistas extranjeros
75.040
A los artistas españoles
58.960
A la empresa por ganancia
54.400

Desde luego salta a la vista que la ganancia del empresario solo representa una cantidad casi igual a la que ha ganado la masa general de artistas españoles empleados en dicho teatro, y que todos estos juntos han ganado 17.000 duros menos que el pequeño grupo de los artistas extranjeros.

Al mismo tiempo en el teatro de la Zarzuela han sucedido las cosas de diferente manera. El empresario no solo no ha ganado, sino que ha tenido que sacar de su bolsillo particular la cantidad de 6.750 duros para completar los 63.000 de su presupuesto de gastos, cuya cantidad total se ha quedado en España. es decir, que los artistas españoles han ganado:

En el Teatro Real
58.960 duros
En el de la Zarzuela
63.000 duros

Por consecuencia, si esto puede ser argumento en defensa de los grandísimos privilegios que goza el teatro extranjero, con mucha mayor razón lo seria para procurar que se beneficiase al teatro nacional, con preferencia sobre aquel[3].

Pero los principales argumentos que hacen los que defienden al teatro Real, consisten en decir que la cultura española hace necesaria su existencia, y que, por  ser negocio tan costoso, debe subvencionarlo el gobierno.

Convengo con el primero de estos argumentos, y aún añado que desearía  que el teatro Real fuese en todo y por todo el primero de Europa; que tuviera la mejor compañía; que se dieran en él todas las óperas mejores y también las más nuevas, perfectamente repartidas y ensayadas; que se decorara,  en una palabra, que fuera un modelo en que los artistas fuéramos a aprender, y el público de todas clases a encontrar el más dulce y honesto de los placeres.

¿Es esto lo que se acaba de ver en dicho teatro? ¿Dónde se han escondido las tiples de las condiciones de la Frezzolini, la Penco o la Patti; contraltos como la Alboni; tenores como Mario y bajos como Selva y Formes? ¿Qué óperas se han ejecutado que no fuesen del repertorio más manoseado, y además mutiladas y trasportadas en mucha parte, salvo dos tomadas del repertorio de la zarzuela francesa, y éstas mal repartidas y peor ensayadas? ¿Cómo se han decorado y vestido en      general todas las óperas?... Contesten por mí los mismos abonados y los artistas de corazón, y de seguro dirán que el teatro Real ha sido en la temporada anterior un excelente modelo en que podrán   estudiar los especuladores, pero no los artistas, a no ser que estos sigan un consejo semejante al que Ventura de la Vega dio a un joven  actor, diciéndole: ¨Vaya Vd. todos los días al teatro del Príncipe; allí hay un cómico que se llama Pedro López; estúdiele Vd. en todas sus palabras y movimientos; y cuando Vd. se lo sepa, haga todo lo contrario y será Vd. buen actor¨.

No por esto se entienda que yo condeno en absoluto cuanto se acaba de hacer en el teatro Real: nada de esto; algunos cantantes, aunque pocos, ha habido dignos del puesto que han ocupado, y alguna cosa ha hecho de empresa en cumplimiento de su deber, pero de aquí a que esta empresa haya correspondido a las legítimas exigencias del arte y del publico, y a lo que debería ser un teatro tan generosamente subvencionado, hay una grandísima distancia; y sin embargo, el empresario ha ganado en metálico sonante más de un millón de reales en cinco meses.

Parecerá tal vez a mis lectores que todo cuanto llevo dicho tiende a procurar que el teatro de la Zarzuela sea subvencionado, pero no es así, porque yo soy contrario a las subvenciones en general,  salvo las que da el público al comprar su billete de entrada al teatro; lo que sí trato de demostrar es la injusticia de que un género extranjero sea subvencionado y el español no, cuando aquel realiza pingües  ganancias y éste sufre sensibles pérdidas. Además, la experiencia ha demostrado que, aparte del teatro Real, a dónde va la gente porque sí, cuando en un teatro cualquiera se dan funciones buenas, el público acude y la empresa gana, sin necesidad de que el gobierno la auxilie; y, concretándonos a los teatros de ópera extranjera, vemos que el de Madrid está muy por debajo de los de Barcelona en la formación de compañías y en la manera de presentar las obras,, sin embargo de que los teatros de la capital del Principado no gozan de subvención alguna del gobierno, y el Real de Madrid cuenta con una muy grande, que en lugar de servir para dar esplendor al arte lírico, sirve solo para que la empresa asegure un buen negocio.

Por otra parte, el teatro Real es un edificio del estado, construido con el dinero de la nación, y que tiene ciertas cargas que el gobierno paga del presupuesto general. Este edificio, con todos sus accesorios, se da gratuitamente a un empresario para que lo explote, y, sin  embargo, ni hay diputado a Cortes que interpele sobre el particular, ni periódico que critique tan gran generosidad, hoy que estamos amenazados de nuevos impuestos. Si esto es así, porque todos aceptan como buena la teoría de las subvenciones, ¿por qué no se auxilia proporcionalmente a los demás teatros españoles?... Y si esto no puede hacerse por la penuria del rrario público, y al par se considera la subvención al teatro Real como de primera y vital necesidad para el arte lírico, ¿por qué, si se entrega la dirección y explotación de este teatro a simples negociantes, no interpone el gobierno su ilustrado veto, cuando los intereses del arte y del público llegan a ser desatendidos?...

Seguro estoy de que a estas preguntas no se me dará contestación satisfactoria, ni se remediarán los males que  he señalado. Estamos en España.


  

III

Teatro Real
Desde los días 21 y 22 del pasado Mayo, en que se publicaron mis dos artículos anteriores, hasta hoy, no ha salido al palenque de la prensa nadie que contradiga las razones que expuse a la consideración del público. Cierto es que en el mismo día 21 apareció en La Correspondencia de España un suelto en el cual se decía que mis artículos (aún no se había publicado el segundo) iban a ser refutados; pero no se ha publicado la anunciada refutación. De modo que, hasta el presente, queda en pie todo lo que indiqué en mis artículos anteriores, y me afirmo más y más en la idea de que a mis preguntas no se dará contestación satisfactoria, ni se remediarán los males que señalé.

Estos males vienen de muy antiguo. El teatro Real, desde su laboriosa y costosísimo fundación, goza de privilegios excepcionales. Para las empresas que lo ha explotado, siempre hubo facilidades, concesiones y auxilios de todo género; pero ninguna de dichas empresas llegó jamás a ser tan privilegiada como la actual , que, para enriquecerse del modo que se ha visto en mis artículos  anteriores, no solo ha conseguido el favor legal (digámoslo así), sino muchos favores extralegales, o mejor dicho, el de atropellar la ley sin que nadie se lo impida. Veamos las pruebas.

Cuando la actual empresa tomó a su cargo el entonces llamado Teatro Nacional de la Ópera, con arreglo a la escritura otorgada en 11 de Agosto de 1869, se preceptuaba en esta escritura que la duración del arriendo sería de tres años forzosos y dos a voluntad; que el empresario prestaría una fianza de 10.000 escudos, y que el mismo habría de pagar 8.600 escudos anuales, destinados a cubrir las dotaciones y salarios de los empleados del gobierno en el teatro y los gastos del alumbrado interior de éste cuando no se dieran representaciones.

Así trascurrió una temporada teatral; pero enseguida el empresario, alegando unas pérdidas no muy bien justificadas, consiguió del gobierno la novación del contrato, con las condiciones de que la duración de éste extendiera a cinco años forzosos y otros cinco a voluntad del empresario, en vez de los tres y dos que respectivamente se señalaban en la condición primera del anterior: consiguió además quedar exento de prestar la fianza de 10.000 escudos, la cual le fue devuelta, y consiguió, por fin, que se le eximiera del pago de los 8.600 escudos anuales, que hoy se cubren dando cada ministerio 100 escudos mensuales, como retribución por el palco del gobierno.

De modo, que la actual empresa del Teatro Real consiguió de un golpe tres grandes favores, que si bien son legales por la forma en que el gobierno se los concedió, no por esto dejan de ser en el fondo y en la forma privilegios irritantes en favor de un espectáculo extranjero, cuando los espectáculos españoles atraviesan un periodo de angustia sin que el gobierno les tienda una mano protectora.

Para hallar la prueba de los favores extralegales de que goza la referida empresa del Teatro Real, bastará copiar aquí algunas condiciones de la nueva escritura que sustituyó a la citada de 1869.

Dice textualmente la condición 3ª: ¨Todas las cantidades que ingresen por razón de abono, se depositarán en el Banco de España, no pudiendo retirar, de ningún modo, sino lo correspondiente a cada quincena vencida.¨

Y dice la condición 10: ¨El mismo empresario se obliga a hacer a su costa las mejoras que juzgue necesarias para comodidad y recreo del público y ornamentación de la sala, quedando las que ejecutare en beneficio del establecimiento.¨

Con solo leer las citadas condiciones, y recordar después que las mejoras que se hicieron en la temporada anterior fueron pagadas por el estado , y que los 131.000 duros que importó el abono se depositaron en el bolsillo del empresario , sin que el Banco entendiera en el asunto, basta para probar que el tal empresario salta por encima de la ley, sin que nadie le exija el cumplimiento de ella, o lo castigue con arreglo a la condición 14 de dicha escritura, donde textualmente se consigna que ¨De hecho y derecho podrá el gobierno rescindir el contrato, cuando la empresa falte a sus compromisos¨ .

¿De donde nace esta impunidad?...¿Qué poder secreto o qué mágico talismán posee la empresa del teatro Real, para que se la permita hacer en un teatro del estado y en contratos con el gobierno supremo de la nación, lo que nadie puede hacer a mansalva en un teatro cualquiera de propiedad particular y en contratos con el último de los españoles?...

La cosa es más grave de lo que a primera vista parece, si se atiende a los resultados; pero no seré yo quien ahora intente hacer comentarios, que tal vez alguno querría interpretar dándoles un color político o de partido que no pueden tener en modo alguno, porque no debe achacarse la responsabilidad a ningún hombre político en particular, sino a todos los que han gobernado en España desde que se fundó el teatro Real, quienes con el deseo más generoso y noble de proteger el arte de la música dramática extranjera, no han caído en la cuenta de que, a quien realmente protegen, es a los que especulan con los productos de un edificio de la nación, el cual, en vez de producir, como debía, bienes al arte y rendimientos al estado, produce males artísticos y pérdidas al Erario público, cuyas pérdidas vienen a convertirse en pingües ganancias para empresarios sin merecimiento.

Y cuando al par de todo esto se ve que tenemos en España, aparte de nuestro célebre teatro dramático, el género de la zarzuela, a cuyo amparo nace y se  desarrolla el genio de los artistas españoles, y se mantienen trabajosamente millares de personas y de industrias, sin que el gobierno les eche una mirada protectora, no puede uno menos de clamar: ¡ Basta de privilegios irritantes! ¡ Justicia igual para todos!.



[1] En la época a que se refiere Teodoro Robles, era empresario del Real, y Manuel Sanz de la Zarzuela.
[2] No traducimos a nuestra moneda porque no perseguimos conocer el valor actual; basta con mostrar las diferencias.
[3] EN todo caso los privilegios serían para los empresarios, no para el teatro.

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