lunes, 14 de septiembre de 2015

MARÍA MOLINER EN SOLFA.




Seb.
Buenos días, Don Hilarión.

Hil.
Buenos días, Don Sebastián. ¿De qué vamos a departir esta mañana veraniega?

Seb.
Pues vera usted. Ando dándole vueltas a un asunto cuya opinión de usted me interesa. ¿Qué le parece la nueva ópera que va a estrenarse en el Teatro de la Zarzuela?

Hil.
¿Una ópera? ¿Y nueva?

Seb.
Sí, hombre, sí. La ópera sobre doña María Moliner.

Hil.
¡Ah! Conque una ópera sobre María Moliner, ¿la del Diccionario?

Seb.
Sí, claro, la del célebre Diccionario de uso del español.

Hil.
Pues …, la verdad …  no sé …

Seb.
¡Pero hombre! Mira que me extraña.

Hil.
Pues no se sorprenda, amigo mío. Si es una obra nueva, ¿qué quiere usted que sepa? Vamos a ver, ¿quién la ha escrito?


Seb.
El libro es de Lucía Vilanova.

Hil.
Y, perdone mi ignorancia, ¿quién es esa señora?

Seb.
Pues… Me he informado y la señora libretista  es una actriz y dramaturga, asturiana por más señas, que ha tenido mucho éxito con alguna otra obra teatral como Pastoral y Munchhausen. Además es profesora de dramaturgia.

Hil.
¿Y la música?

Seb.
El compositor es Antoni Parera Pons.

Hil.
¿Y sabe usted sobre él?

Seb.
Pues mire. Es productor discográfico y compositor, es decir hombre con experiencia en esto de la música. Ha escrito mucha música popular y canciones para Jaume Aragall, Josep Carreras, Montserrat Caballé, María Dolores Pradera y otros, además de música de cámara y varias cantatas; en total unos 250 títulos

Hil.
Y en el teatro lírico, ¿Qué experiencia tiene?

Seb.
No lo sé, pero me parece haber oído que es debutante. Ahora bien, lo que también he escuchado, de una persona entendida, es que escribe muy bien para las voces.

Hil.
¡Ah, bueno! ¡Menos mal! Eso está bien, porque entre los nuevos compositores los hay que parecen estar regañados con los cantantes.

Seb.
Perdóneme, Don Hilarión, le encuentro a usted un poco incrédulo, sarcástico, desconfiado. No esperaba, la verdad, que diera saltos de alegría, pero sí que preguntara con un poquito de entusiasmo; al fin y al cabo es una muestra de que el arte lirico está vivo y sigue dando frutos.

Hil.
Vamos a ver, Don Sebastián.  Voy a ser muy sincero con usted. Nada tengo contra la libretista ni contra el músico, del que he escuchado alguna música que me parece interesante, incluso atractiva. Pero, ¿cómo quiere usted que me entusiasme?

Seb.
¿Tendrá alguna razón, supongo?

Hil.
¡¡Pues claro!! ¿No se ha dado usted cuenta? ¡Es una ópera! ¡Una ópera! ¡En el Teatro de la Zarzuela! ¿No le parece que lo propio sería una zarzuela?
  
Seb.
¡Acabáramos! Lo suyo es un ataque de celos, o quizá una muestra de intransigencia irracional. No esperaba algo así, se lo confieso. Creí que a estas alturas, ya habíamos superado la cosa esa de ópera contra zarzuela y viceversa.

Hil.
Y, ¿qué quiere? Ya me conoce, Yo por la zarzuela daría hasta la vida misma; llevo defendiéndola muchos, muchísimos años; me he peleado contra cientos de personas de toda clase y condición que la despreciaba sin conocerla, que la ponía por debajo de la ópera, cuando son cosas diferentes … Incluso he perdido más de un cliente que ha preferido buscar remedio a sus males en otra botica …

Y ahora me viene usted diciendo que el Teatro de la Zarzuela, el último baluarte del género lírico español, el único teatro de este país que mantiene viva la llama, qué digo la llama, ¡la vela! del género … ha encargado una ópera.

Don Sebastián, “lo que usted me pide…”

Seb.
Eso último es de La rosa del azafrán.

Hil.
Sí señor, de La rosa; ahí ha estado usted fino.

Y, dígame, ¿de qué va la ópera? ¿Nos van a cantar el célebre Diccionario de Doña María?

Seb.
Hombre, no creo. No conozco el asunto, pero teniendo en cuenta la personalidad y la vida profesional de esta mujer …

Hil.
No conozco los detalles, sólo sé que escribió ese magnífico y útil Diccionario que, para que usted lo sepa, consulto con mucha frecuencia.

Seb.
Bueno… Hizo el Diccionario … y algo más. Esta ilustre zaragozana fue filóloga, bibliotecaria, archivera y lexicógrafa. ¡Ahí es ná! ¡Siempre rodeada de libros!

Colaboró con las Misiones Pedagógicas de la República en la organización de bibliotecas populares y fue la primera mujer en dar clase en la Universidad de Murcia. A su célebre Diccionario, que por sus características es único en el mundo, dedicó nada menos que 15 años de trabajo.

Y, sin embargo, a pesar de estos méritos, no la dejaron entrar en la Academia de la Lengua.

Hil.
… Así que no la permitieron formar parte de esa élite de elegidos que dicen que “limpian, fijan y dan esplendor”, aunque últimamente están admitiendo más palabras de la cuenta, para mi modesto saber y entender.

Y supongo que sería más por su condición de mujer que por falta de méritos lingüísticos, porque, la verdad … dispararse todo un Diccionario solita… tiene tela, pero mucha tela.

Seb.
Efectivamente. En aquella época, las mujeres no tenían acceso a muchas cosas …

Hil.
Pues me temo por dónde puede ir el asunto de la ópera.

Seb.
Hombre, Don Hilarión. No corra usted. Habrá que esperar, oír y ver.

Hil.
Sí, sí, naturalmente. Esté usted seguro de que oiré y veré. Sin prejuicios, sin predisposición previa….Pero, sigo pensando:  ¿por qué una ópera y no una zarzuela?


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