jueves, 17 de septiembre de 2015

ORQUESTA BÉTICA: UN PROYECTO MALOGRADO.



Eduardo González-Barba Capote. Manuel de Falla y la Orquesta Bética de Cámara. Ayuntamiento de Sevilla. Instituto de la Cultura y las Artes (ICAS). Sevilla, 215. 


Dentro de siete años, más o menos, se cumplirán cien del nacimiento de una idea, de un gran proyecto, que no llegó a buen puerto, a pesar de estar auspiciado, supervisado y constantemente estimulado por uno de nuestros mejores músicos. Me refiero a la Orquesta Bética de Cámara y Manuel de Falla, cuya detallada historia ha investigado el profesor del Conservatorio Superior de Música de Sevilla Eduardo González-Barba, y que se ha plasmado en un excelente trabajo de fin de carrera, merecedor de un Premio del Ayuntamiento hispalense a las mejores tesis doctorales.

A lo largo de 366 páginas, el autor reproduce, casi día a día, la desconsolada vida de una agrupación musical nacida del interés, el esfuerzo, la dedicación y casi la obsesión del compositor gaditano, que esperaba de ella que se convirtiera en un modelo internacional, ya que no era una agrupación instrumental al uso, sino un ente formado por músicos de primera fila en cada atril.

La historia de esta orquesta aparece en todas las biografías de Falla, pero es éste el primer libro que se dedica, en exclusiva, a la formación instrumental, dando protagonismo a quienes, siguiendo las directrices, consejos e ideas de don Manuel, trabajaron con escasos resultados por sacar adelante un  proyecto para el que  ni unos ni otros estaban preparados.

Manuel de Falla concibió la idea de una Orquesta de Cámara para dotar a Andalucía de un conjunto interpretativo de primer nivel. Y aunque nunca quiso figurar en ella como miembro de su organización administrativa, lo cierto es que todas las decisiones importantes, incluso muchas de menor nivel, le fueron consultadas por Eduardo Torres, maestro de capilla de la catedral sevillana y el violonchelista Segismundo Torres y, más tarde, Ernesto Halffter quienes tuvieron que enfrentarse y resolver, como mejor pudieron, los muchos problemas de orden no musical que tenía el proyecto.

El libro tiene como objetivo ofrecer una visión real y completa de una orquesta que tuvo muchos altibajos, y que hoy se conoce más por su relación con Falla que por sus propios méritos. Está estructurado en tres partes que se ocupan, respectivamente, de la etapa fundacional (1922-24), la  amplia e irregular época (1924-1964) en que funcionó como orquesta de cámara, y su reconversión como Orquesta Filarmónica (1964-1992). A pesar de la presencia permanente de Falla en todo lo relacionado con la orientación artística del conjunto y el hecho de que el compositor le cediera en exclusiva la interpretación de El retablo de maese Pedro, la Bética no fue capaz de sobreponerse a una ineficaz gestión administrativa y comercial, y no contó con el suficiente apoyo social de la sociedad e instituciones sevillanas, ni andaluzas.

En libro hace justicia a la figura incansable de Segismundo Romero, de quien el autor escribe: “el mérito de este trabajador infatigable nunca ha sido reconocido porque la figura de Halffter ha eclipsado a la de este humilde músico. Esa injusticia se viene produciendo incluso desde los primeros estudios que existen sobre Falla” (p. 58). Es también, indirectamente, un atractivo estudio sobre la personalidad de la faceta organizativa, directiva, incluso empresarial (aunque sin incidencias de tipo financiero) del compositor gaditano, que conocía bien el terreno que pisaba.

El volumen ofrece una interesante, aunque escasa documentación gráfica y se lee con comodidad, a pesar de la ingente cantidad de datos que ofrece. Echamos de menos los anexos/índices habituales: onomástico, obras y autores estrenados, lugares de actuación, estadísticas de conciertos… Son elementos que ayudarían mucho en un libro que puede serlo de consulta por su propia naturaleza.


José Prieto Marugán

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