domingo, 1 de noviembre de 2015

ENREDOS VENECIANOS.




Sonia de Munck (Foto: T. de la Zarzuela)
 Galanteos en Venecia (Zarzuela bufa en tres actos de Luis Olona. Música de Francisco Asenjo Barbieri). C. Faus. S. de Munck. J.A. López. J.M. Padrón. C. Cosías. F. Latorre. A. Torres. Coro del Teatro de la Zarzuela (Dtor. A. Fauró).  Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección de escena: Paco Mir. Escenografía: Juan Sanz y Miguel Ángel Coso. Vestuario: Anna Güell. Iluminación: Nicolás Fischtel (AAI). Coreografía: Fuensanta Morales. Director musical: Cristóbal Soler. Teatro de la Zarzuela, 28-10-2015.


Los hados han querido que no haya podido asistir a esta primera producción de la temporada 2015-16, hasta la penúltima representación. La espera ha merecido la pena aunque he de reconocer que me ha creado una cierta incomodidad, porque mis impresiones no cumplirían una de las funciones que pretende cualquier crítico (y no se vea esto como presunción) que es la de ayudar a los posibles lectores sobre la naturaleza de lo que pueden ver o escuchar. No obstante, aquí van mis opiniones.

En primer lugar hay que felicitar a Paolo Pinamonti y su equipo directivo por haber rescatado esta maravilla de zarzuela que desde hace más de 150 años no se representaba. ¡Qué música! ¡Qué orquestación! ¡Qué originalidad! ¡Qué habilidad para fusionar melodías “italianas” con sonidos “españoles“. Una vez más tengo que recordar lo dicho muchas veces: si esta obra fuera italiana o alemana seguramente habría merecido los honores en encopetados teatros del país. Quienes han tenido la fortuna de verla han saboreado las magníficas romanzas de Laura en el primer y tercer acto,  las intervenciones de Don Juan, los dúos y tercetos, el imponente concertante del final del segundo acto y los originales números corales, especialmente la llamada “Canción de la borrachera”; en la que el conjunto vocal acompañan a Pablo, como si fueran una gran orquesta. Original es también la doble serenata de Don Juan y el Conde en el primer acto.  


Lo primero que debo reseñar es la espectacularidad del montaje a cargo de Paco Mir, hombre de probada eficacia teatral. Se trata de una presentación brillante, ágil y dinámica. A lo largo de dos horas y media de espectáculo (descanso aparte), no hay un momento de descanso para quienes mueven constantemente los elementos de la escena, a los que hay que aplaudir desde aquí. El juego de las puertas del segundo acto, pone a prueba, además, el trabajo de los intérpretes en un ejercicio de coordinación perfecto. Y el grandioso barco del tercero, que se transforma constantemente, es impresionante. ,

Detalle de la escenografia. Palacio del Conde (Foto: T. de la Zarzuela)
La zarzuela se presenta como si fuera un rodaje en el que el público participa como “extras”; en general no añade gran cosa al espectáculo, excepto una brillante actuación de Pepín Tre cuando se refiere a los tradicionales bocadillos que suelen darse en estos casos. Un texto ingenioso y divertido, con su puntito de crítica, que viene a demostrar, si se me permite, que hoy sería posible escribir, al menos el texto de una zarzuela cómica.

La interpretación corrió a cargo de un conjunto de cantantes de calidad y buen nivel interpretativo. el barítono José Antonio López , de voz potente y vibrante, hizo un Don Juan viril y valeroso, y, gracias a su aspecto, retrató perfectamente la imagen del soldado valiente, seguro de sí mismo en la conquista amorosa y un poco fanfarrón. Carlos Cosías, hizo el Conde Grimani, un personaje menos brillante que el de Don Juan; lo representó con eficacia.  Marco, el ciego, fue Fernando Latorre, que resolvió un personaje sin especiales dificultades. Algo parecido puede decirse de Andrés, que, a pesar de ser el amante de Laura, no tiene una intervención tan brillante como cabría esperar; no obstante Antonio Torres, barítono malagueño, le dio vida con solvencia. Mención especial para el personaje cómico, Pablo, interpretado por el tenor lanzaroteño Juan Manuel Padrón; estuvo muy convincente en lo interpretativo y destacado en la “Canción de la borrachera”.

Sólo dos mujeres son solistas en esta zarzuela: la Condesa Grimani y Laura. La primera, en el papel de esposa engañada que organiza todo el entramado para vengarse de su marido, fue interpretada por la mezzosoprano valenciana Cristina Faus. Dio verosimilitud a su personaje tanto en la parte actoral como en la canora.  La segunda, Laura, la muchacha inocente que se ve envuelta en un malentendido y cree que su enamorado le es infiel, fue encarnada por Sonia de Munk, soprano conocida y apreciada por el público de la Zarzuela. Cantó con elegancia y un buen gusto musical sus intervenciones solistas; la escuchamos manejar con eficacia la dinámica y a pesar de la nutrida orquesta sus pianísimos se escucharon con deleite.

El barco del tercer acto  (Foto: T. de la Zarzuela)
El trabajo del coro, magníficamente preparado por Antonio Fauró, lo que como es lo habitual no suele destacarse, fue excelente. Barbieri sabe manejar esta masa de cantantes y juega con la polifonía de las voces. Muy bien, aunque cortito, el “canto de la ronda”; perfectamente encajado en la representación, estupendo el “Coro de grumetes” donde el músico solo emplea las voces femeninas, y magnífico el acompañamiento coral a la canción de la borrachera de Pablo; esa imitación de una orquesta es una idea original, quizá única en la historia de la zarzuela, magníficamente desarrollada y muy exigente en algunos momentos.

La orquesta sonó con calidad, muy destacados los planos sonoros y sin estridencias. Su responsable, Cristóbal Soler, ha vuelto a dar muestra de saber acompañar a los cantantes de una representación lírica, algo que otros colegas olvidan.


Vidal Hernando.

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