viernes, 4 de diciembre de 2015

POR TIERRAS SEGOVIANAS.




Escena de la boda (Foto. T. Zarzuela)
La del Soto del Parral (Zarzuela en dos actos y tres cuadros de Luis Fernández de Sevilla y Anselmo C. Carreño. Música de Reveriano Soutullo y Juan Vert.). M. Rodríguez. C. San Martín. J. Palacios. A. Frías. D. Otaola. L. Álvarez. J. Cifuentes.Dirección de escena: Amelia Ochandiano. Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda. Vestuario: Pedro Moreno. Iluminación: Juan Gómez Cornejo (AAI). Coreografía: Amelia Ochandiano y Luis Romero. Coro del Teatro de la Zarzuela (Dtor. Antonio Fauró). Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director musical: Martín Baeza-Rubio. Teatro de la Zarzuela, 03-12-2015.

Con lleno hasta la bandera hemos tenido ocasión de asistir a la reposición de esta magnífica obra zarzuela, presentada por la Zarzuela en 2010. La propuesta se mueve dentro de cánones tradicionales, y aunque algunas novedades (como el arranque del tercer cuadro) extrañen al público y a quien esto firma, lo cierto es que se pudo apreciar la calidad del texto y la riqueza melódica de la música. El público disfrutó, aplaudiendo al final y después de las principales intervenciones de los solistas.

Desde 1927, año en que se estrenó la obra en el Teatro de la Latina, de Madrid, el mundo ha dado muchas vueltas, y en la fuerza centrífuga que este movimiento genera, la zarzuela rural no tiene la consideración de entonces. Pero esto no significa que haya que arrinconarla; basta con limar algunas asperezas, pulir algunos detalles y, por parte del espectador, escucharla con la consideración de que no se pretende mostrar la “realidad actual”.  La del Soto del Parral es una historia de amor y la de una figura moral hoy poco o nada valorada: la fidelidad a una palabra dada.


La representación a que hemos asistido fue interpretada por el segundo reparto; un reparto cohesionado, competente y capaz.

"Ronda de enamorados" (Foto. T. Zarzuela)
María Rodríguez, soprano vallisoletana, dio vida al personaje de Aurora, con energía y convicción, y aunque no tiene una romanza propia, pudimos gustar su interpretación vocal en los dúos con Miguel y Germán, protagonizado, por cierto, por el barítono madrileño César San Martín, de voz varonil, redonda, potente y con excelente línea de canto. Javier Palacios, tenor valenciano, dio vida a Miguel; le encontramos algo justo en la interpretación de su papel aunque lo resolvió con eficacia. 

Autora Frías, malagueña y Didier Otaola, madrileño, se hicieron cargo de la tradicional pareja cómica. Dieron a sus personajes, Catalina y Damián, verosimilitud, gracia y simpatía, lo que les premió el público con ovación de gala. Dos personajes más, digamos secundarios, destacaron en la velada: Luis Álvarez, buen actor, dominador de la escena y habituado a estos papeles, como Tío Sabino, y Juanma Cifuentes, en el personaje de Tío Prudencio, el romancero intrigante capaz de sembrar dudas e inquietudes en quienes le escuchan.

Mención aparte merece el Coro titular del teatro, preparado con la eficacia habitual por Antonio Fauró. Salir airoso de fragmentos conocidos por todos los aficionados, como el inicial “Los cantos alegres de los zagales”, para hombres, el coro de la consulta (“¿A la consulta se puede entrar?”), femenino, y el célebre “Dónde estarán nuestros mozos”, con participación de la plantilla completa, tiene no pocos riesgos, pues el aficionad “no pasa una”. Pero no hubo problema alguno.

La orquesta fue dirigida por Martín Baeza-Rubio; la encontré demasiado potente, en especial en los metales, en los momentos instrumentales, y más suave cuando acompañaba las voces.

Debo destacar, también, la intervención del dulzainero Fernando Llorente, verdadero virtuoso del popular y difícil instrumento, y de dos niños (de los cuatro indicados en el programa) que mostraron mucho aplomo en su larga intervención al comienzo del último cuadro.

Vidal Hernando.

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