jueves, 11 de febrero de 2016

JUAN JOSÉ: SOBRAN CALIFICATIVOS.



 JUAN JOSÉ:  SOBRAN CALIFICATIVOS.
Juan José (Drama lírico popular en tres actos. Letra y música de Pablo Sorozábal).  C. Solís. S. Vázquez. M. Martín. A. Gandía. A. Ódena. R. Amoretti. I. Stanchev. Dirección de escena: José Antonio Plaza. Escenografía e Iluminación: Paco Leal.  Vestuario: Pedro Moreno. Movimiento escénico: Denise Perdikidis. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director musical: Miguel Ángel Gómez Martínez: Teatro de la Zarzuela, 09-2-2016.

La función de los adjetivos es modificar un nombre para concretar lo que de él queremos decir. Sirven también para remarcar el significado estético de algo. Suelen ser una ayuda, pero no siempre. A veces, los adjetivos simplemente sobran. Juan José la ópera de Sorozábal, estrenada escénicamente 48 años después de que fuera terminada y 9 del fallecimiento de su autor, siempre ha estado acompañada de adjetivos que pretenden orientar al espectador sobre su significado sociológico. Después de verla, creo que sobran muchos de estos adjetivos. Juan José es un drama, simplemente.

Un drama grande en lo orquestal, un drama moderno en lo vocal, un drama intenso en el desarrollo, que se convierte en un excelente espectáculo. La mejor prueba es que durante sus casi dos horas de duración  nadie se movió del teatro y, me pareció observar que el público estaba inmerso en la representación. Aunque no entiendo muy bien por qué no hubo intermedios, a pesar de estar claras las diferencias de ambiente entre las distintas escenas, no me pareció que el espectador tuviera de necesidad de reclamarlo. 


De Juan José se ha escrito mucho; no es este momento de volver sobre lo dicho por unos y otros; tampoco de opinar quién puede estar más acertado sobre el significado de la obra de Dicenta-Sorozábal. Sí quiero decir que me parece todo un ejercicio de sociología, incluso de sociología histórica. Cada personaje tiene su propia historia, su propio drama, su propia responsabilidad en el planteamiento de su vida, aunque, como decía el filósofo no se puedan olvidar las circunstancias.

La ópera recién estrenada es un excelente trabajo creativo, a pesar de que el texto me parece irregular; seguramente de haberlo realizado un escritor hubiera mejorado. Un buen trabajo en lo vocal, que requiere un elenco con potencia, poderío y expresividad. Un magnífico trabajo en el apartado instrumental; una gran orquesta, muchos detalles que resaltan situaciones y momentos; riqueza tímbrica, colorido, energía …

Para poner en pie esta partitura se ha contado con el trabajo de un equipo estupendo. Carmen Solis, soprano pacense, ha sido una Rosa efectiva, convincente y dramática. Silvia Vázquez, valenciana de origen, hizo el papel de Toñuela, la amiga de Rosa, con eficacia en el canto y seguridad en el planteamiento actoral. Sin menoscabo de estas dos intérpretes, merece una mención especial Milagros Martín que dio vida a Isidra, la vieja metomentodo y alcahueta; cantó con soltura, alterando incluso la voz –forzándola incluso– para dar más verosimilitud a su personaje.

Ellos, los cuatro protagonistas, resolvieron con absoluta eficacia sus respectivos papeles. Antonio Gandía fue un Paco brillante, seguro de su poder sobre Juan José. Rubén Amoretti dio vida a Andrés, el amigo y compañero de Paco, mostrando un personaje de contraste con el del protagonista. Cantó con solvencia. Ivo Stanchev, bajo búlgaro, fue Cano, uno de los presidiarios dibujando un personaje convincente y creíble. Sobre Ángel Ódena, recayó la responsabilidad del protagonista. Su presencia física cuadraba con el personaje, su voz potente, vigorosa, capaz de llegar a todos los rincones del teatro, incluso en los momentos en que la orquesta suena con todo su poderío, interpretó al atribulado albañil con gran intensidad dramática. Dejó claro que Juan José es una víctima, del entorno y de sí mismo.


En esta producción se ha incluido un grupo de “bailarines” que no me parecían necesarios; el drama no necesita de otros aditamentos a los que ya tiene. Pero debo decir que su presencia fue discreta, sin distraer la atención, incluso muy expresiva en el tercer acto. Buen trabajo de Denise Perdikidis.

La parte musical se completó con la dirección orquestal del granadino Miguel Ángel Gómez Martínez que hizo un trabajo formidable. Hemos oído decenas de detalles de la rica y colorista instrumentación de Sorozábal; hemos escuchado una gradación dinámica exquisita, no siempre presente en el foso de la Zarzuela. Gómez Martínez supo subrayar con la fuerza de su nutrida formación, especialmente los metales, los momentos más intensos del drama, y marcar con sencillez los momentos en que la música de Sorozábal se vuelve popular, porque, el compositor donostiarra puso en su partitura la esencia del chotis, del vals, del pasodoble, de la mazurca.

El Juan José de José Carlos Plaza, como director de escena, es un excelente trabajo. A pesar de la intencionalidad evidente de la ópera,  el planteamiento del director no resulta agresivo ni agobiante; la narración es dura, porque lo es la obra; es fuerte, porque lo es el drama; intensa, porque lo es la música. El decorado es mísero  porque también lo es la vida de los personajes, incluso el “lujo” del último cuadro, resulta escueto, sin llamar la atención … y es que los pobres diablos de la farsa se contentan con poco. Muy adecuada la contribución de Pedro Moreno con un vestuario que remarcaba la situación social de cada personaje.

En resumen, un Juan José por el que hay que felicitar a todos cuantos lo han puesto en escena: a Miguel Ángel Gómez-Martínez, promotor de la idea que hoy ha cuajado, a Paolo Pinamonti, en su etapa directorial que dio vía libre al proyecto con entusiasmo, y a los intérpretes que se han comportado como un todo, como un conjunto, como un grupo cohesionado. Y con mucho trabajo detrás.


Vidal Hernando

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