miércoles, 23 de marzo de 2016

EN DEFENSA DEL SAINETE


El baile de Luis Alonso.Sainete de Javier de Burgos con música de Gerónbimo Giménez (Teatro de la Zarzuela 


Pensamientos de un barbero.

Acabo de arreglar la melena a un cliente, de los de toda la vida, de los que me distinguen con  su amistad y ponen en mis manos una confianza que siempre agradezco con una sonrisa. Y cuando me quedo solo, empiezo a pensar o a escribir las reflexiones que se me ocurren. Alguna vez me he planteado si no sería mejor tener siempre algún cliente esperando, no porque así ganara mas dinero, sino porque a veces, el pensar resulta doloroso e inútil. Pero en fin.

España pasa por una situación política extraña, inconcebible, inexplicable. Los que fueron candidatos a la Presidencia del Gobierno andan enrocados en posiciones irreconciliables. Uno continúa ofreciendo la solución que puso sobre la mesa hace … otro nada quiere saber del uno, el de más acá continua presentándose como conciliador, aunque cada día tiene más evidentes las ojeras de la preocupación, quizá porque ahora busca sólo una conciliación parcial, el de más allá quiere mandar acompañado de los suyos.

Muchos de estos políticos chalanean con sus habituales monedas de cambio: los votos, los sillones y los favores. Alguno jura hoy lo que mañana desmentirá o “matizará” y pasado mañana olvidará, sin el menor asomo de arrepentimiento; otro carga las culpas sobre quienes “no le hemos entendido”, como si fuéramos tontos de baba; aquel levanta todas las alfombras con tal de perjudicar a su enemigo, aunque el suelo esté más limpio que la patena; este sólo tiene memoria para lo que le interesa, ignorando lo que la historia ha sentado como verdadero y probado.


No faltan los políticos que retuercen las normas y las leyes como si estuvieran escurriendo fregonas, conocedores de la inmunidad que le dan esas leyes que ellos hicieron para su ventaja. Otros aprovechan el río revuelto para ver qué pescan,

Y no son los únicos, porque alrededor de los políticos hay gentes que, por activa o por pasiva, tratan de aprovecharse en beneficio propio, aunque no siempre legítimo.

Hay quien dice que esta situación desvergonzada, indecente, descarada, deshonesta y obscena es un sainete. Y eso no. Esto no es un sainete, aunque nuestra Real Academia de la Lengua –que tampoco está como para tirar la primera piedra– defina el sainete como “Situación o acontecimiento grotesco o ridículo y a veces tragicómico”, entre otras cosas.

Un sainete es una obra teatral, más o menos larga, de carácter cómico y burlesco, con personajes populares y que siempre termina bien. Un sainete es el resultado de un dramaturgo ingenioso, a veces completado con la música de un compositor inspirado, que divierte y entretiene, incluso que educa al respetable cuando concluye con una moraleja.

Un sainete es un producto cultural de entretenimiento que busca divertir al público, hacerle pasar un buen rato, porque un sainete, es, además, efímero. Dura una hora o poco más, consiga o no su objetivo de distraer.

Es evidente que la vergonzosa situación política que sufrimos, ocultada o tergiversada por algunos medios que en lugar de cumplir con su deber moral de informar arriman el ascua a la sardina que más les interesa,  ignorada por tantas gentes que se aprovechan de los agujeros de nuestro sistema económico o  jurídico… es evidente que esto no es un sainete.  Quizá pueda ser un drama, o incluso una tragedia, pero no un sainete, porque un sainete puede parecer ridículo o gracioso, pero… es ficción. Lo otro es realidad, dura realidad. Y perjudicial.

Y dejo el papel y la pluma, porque acaba de abrirse la cortina de la puerta de la calle y entra otro parroquiano.

Lamparilla

(Todo esto es consecuencia de que no sólo de zarzuelerías vive el hombre).

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