miércoles, 28 de diciembre de 2016

DESCUBIERTA UNA NUEVA ZARZUELA







Seb.
Se ha enterado usted de la noticia, imagino.

Hil.
Naturalmente, pero, guárdeme usted el secreto: Yo he sido el primero en ponerla en circulación.

Seb.
¡No me diga! ¡Pues ha liado una de padre y muy señor mío! Están todos los añorantes aficionados, los especialistas y hasta los cotillas culturales, alborotados. Pero, ¿cómo ha sido la cosa? ¡Cuente, cuente!

Hil.
Cuento. Yo tengo un buen amigo en el Teatro de la Zarzuela y me ha contado todos los detalles. Atienda.

Hace unos días llegó al teatro un paquete sin signo externo que lo identificase. Lo abrieron y encontraron … ¡una zarzuela! ¡Completa! ¡Con su libreto, partituras y una carta que decía:

Muy señores míos:
Entre las pertenencias de un antepasado mío, fallecido hace unos meses, estaba este paquete.
Al ver su contenido, yo, su heredero universal, pensé que ese teatro era el lugar adecuado para el envoltorio. Por eso se lo hago llegar con la esperanza de que la den a conocer, como homenaje a mi difunto pariente.

Seb.
¿Y nada más?

Hil.
Nada más; ni firma, ni remite, ni detalles de ninguna clase …

Seb.
Supongo que los del teatro habrán tratado de averiguar …

Hil.
Pues sí. Primero pensaron llamar a un grafólogo, pero lo descartaron porque el texto venía mecanografiado. En cuanto a la partitura, el experto consultado dijo que era un trabajo magnífico y artesanal, pero, la partitura de cada instrumento, la general y la de canto y piano, ¡estaban hechas por manos distintas! Imposible saber nada más.

Seb.
¡Qué listo su extinto consanguíneo! Estaba claro que no quería ser reconocido. ¿Y qué sabe usted de esa zarzuela?

Hil.
Todo; lo se todo. Mi amigo me lo ha contado desde la A hasta la Z. Eso sí, pidiéndome discreción absoluta. Por eso se lo cuento a usted, que es de confianza.

Seb.
Tendrá usted con ese amigo algún detalle, digo yo.

Hil.
Hombre, sí. Si algo me cuestan mis chulapas, mis informadores no me salen gratis. Es lo natural.

Seb.
Pero empiece usted. Le escucho.


Hil.
La zarzuela lleva por título uno muy barroco: Para tener vida bona, busque cada uno su poltrona o La elección del Presidente del Gobierno. Zarzuela atípica político-controvertida y fantástica, en dos actos. Libro de “un ingenio de esta corte”, música de “un solfista de este reino”. Acción en época indeterminada, pero reconocible y acoplable a cualquiera otra, en un despacho privado del Congreso y en el hemiciclo.

Seb.
¿Muchos personajes?

Hil.
No. Los masculinos son:
-       Don Procopio, candidato del PMP, Partido Monárquico Popular. La gente lo llama Para Mantener la Poltrona, porque eso de monárquico y popular parece ser un contrasentido. Tenor, la voz chula.
-       Don Simplicio, candidato del PMS, Partido Mayormente Socialista, que la gente llama Para Mantener el Sillón, porque una vez que lo pillan, no lo sueltan. Tenor, también.
-       El Tresporciento, personaje fundamental. Voz de barítono, la más frecuente. Este individuo ha de salir a la escena siempre silueteado en negro (ahí tendrá que lucirse el iluminador), porque… como trabaja en la sombra…
Seb.
¿Y ellas?

Hil.
Son tres también las principales.
-       Doña Gertrudis de las Divinas Llagas, esposa del conservador Don Procopio. Se hace llamar Gertru y es muy moderna, decidida, un punto autoritaria y defensora de las libertades eróticas de la mujer. Pero, eso sí, en la intimidad del domicilio, que no hay por qué dar tres cuartos al pregonero.
-       Doña Yolanda Esther, compañera de Don Simplicio, el aspirante que se autoproclama progresista. Es sosita y más bien bobalicona; le gusta la vida hogareña más que comer con los dedos, la cocina tradicional y la plancha. En lo erótico, es más clásica que La Eneida.
Seb.
¡Vaya, vaya! O sea que las mujeres son lo opuesto a sus hombres.



Hil.
Pues claro. ¡Qué le extraña! Es la Ley del Contraste, señor mío. Todo en este mundo está condicionado por esta norma. Fíjese: que los obreros hacen puente y se lanzan a las playas o a las montañas … los camareros, a trabajar. Que la gente llena la Puerta del Sol para tomar las uvas… Los polis y barrenderos, a currar. Que el padre es de la derechona más retrógrada, el hijo, del partido ultracomunista. Que la madre es una beata de misa mañanera y rosario vespertino, la hija … en fin…
 
Seb.
No siga, Don Hilarión, ya imagino. ¿Y la tercera dama de la zarzuela?

Hil.
Doña Encarna, Presidenta del Congreso. Más templada que el acero toledano. Y lista, se sabe todas las triquiñuelas y trapacerías de los señores diputados, lo cual le va a venir de perlas porque ¡va a tener que lidiar cada morlaco!

Seb.
¿Y cómicos? ¿Hay personajes cómicos?

Hil.
Naturalmente. En una zarzuela que se precie no puede faltar la pareja cómica. Aquí son un Ujier del Congreso (Don Ubaldo) y una taquígrafa (Doña Tecla), que iba para mecanógrafa, pero se quedó en taquígrafa porque le gusta más lo manual que lo mecánico.

Ambos se toman a chirigota lo que ocurre a su alrededor (tienen el empleo asegurado). Él, solícito y educado con las señoras diputadas, no duda en dedicar una higa a más de cuatro ... cuando le dan la espalda. Ella es todo oídos para los oradores, pero no permite que ninguno le caliente la oreja.

Además, se lo digo para que no lo pregunte, hay un coro mixto. Por cierto, en el libreto hay una nota que dice: “El autor no ha querido incorporar un  coro infantil porque le parece que, ni de broma, puede meterse a los niños en estos berenjenales.

Seb.
¿Y de qué va la zarzuela? O sea, ¿qué historia cuenta?

Hil.
Es simple. ha habido elecciones, los dos partidos mayoritarios han sacado el mismo número de diputados. Y para elegir quién presidirá el gobierno, cada uno de ellos presenta un candidato. Después habrá una votación y … que Dios nos coja confesados… perdón, que gane el mejor.

Seb.
Y de la música, ¿qué me dice usted de la música?

Hil.
Mire usted, querido amigo. Tras el consuetudinario preludio inicial, hay un “coro de ujieres y taquígrafas”, dando cuenta de que va a empezar una nueva legislatura y ellos tendrán que volver a trabajar. ¡Con lo bien que estaban! Los ujieres dicen que los políticos  pasan, pero ellos siempre quedan; ven pasar a los buenos con nostalgia y a los malos… dando palmas. Las taquígrafas comentan que hay señorías más torpes que el asa de un cubo y que, con toda clase de lisonjas y regalos, les piden que arreglen sus intervenciones, para no pasar a la historia como ignorantes.

El segundo número es un “Dúo de candidatos”, en el que Don Procopio y Don Simplicio comentan su satisfacción por haber sido elegidos.

A continuación se presenta el Tresporciento, discreto y eficiente, presumiendo de sus conocimientos “pedicuros”, o, como él dice,   de saber dónde le aprieta el zapato a cada uno.

El cuarto número es el “Dúo de las esposas”. Cada una presume de las cualidades de su marido, que en cosas de la modernidad es de lo mas avanzado. Figúrese que uno lleva calzoncillos de colores y el otro a cuadros blancos y negros. La discreción no es lo suyo, evidentemente,

En el dúo cómico, los protagonistas se quejan del trato que suelen darles a los diputados novatos, al tiempo que van caricaturizando a los candidatos a la presidencia.

Todo esto en el acto primero.

Seb.
¿Y el segundo?

Hil.
Hay un “Coro de empleados”; en el que los servidores del Congreso se encargan de comprobar que todo está dispuesto para iniciar la sesión.

Tras este número, simpático y desenfadado, se produce la “Romanza de la Presidenta”, que se dirige a los pretendientes, dándoles las últimas instrucciones antes de su primer discurso.

El tercer número es el “Dúo de los discursos”, en el que Don Procopio y Don Simplicio, han de soportar los reproches, las diatribas, las ofensas y las recriminaciones del otro.

Vuelve el Tresporciento y, cantando a “sotto voce”, explica de qué obras públicas van a salir las comisiones ilegales.

En el penúltimo número interviene la Señora Presidenta, Doña Encarna, cantando una sentida romanza que hemos denominado “Romanza de la Margarita” o “Canción del Si o el No”.

Hay, como cierre, una brillante apoteosis final y la zarzuela termina con unas palabras en “off” que dicen: “La zarzuela continuación de esta, que narra los líos entre un candidato y la esposa del otro, y viceversa, y la distribución de las comisiones, está todavía en manos de la censura”.

Seb.
Vaya, vaya. La obra promete. Pero dígame, ¿la música es toda original?

Hil.
Pues no. Mayormente si es original, pero en algunos números, el desconocido compositor, utiliza músicas muy populares.

Seb.
¿Por ejemplo?...

Hil.
Mire usted. El “Dúo de los Candidatos”, comienza con una referencia a la célebre “Romanza de Rosa” de El rey que rabió. esa que empieza “Yo que siempre de los hombres me burlé”, pero con esta letra que canta Don Procopio:
Yo que siempre del sufragio me reí,
yo que siempre del votante me burlé,
me he pasado treinta días por ahí,
dando besos  y palmadas, ¡mire usted!

Don Simplicio comienza recordando la “Canción del sembrador” de La rosa del azafrán, pero con este texto:
Cuando voy de pueblo en pueblo
mis proyectos a contar,
he de hacer un gran esfuerzo
para no echarme a llorar.

Y los dos, continúan con la segunda melodía del sembrador:
Pero si queremos las poltronas.
no nos queda otra que pactar,
y salir a la tribuna,
pa decir que España empieza a andar.

Seb.
¡Vaya chulada! ¡Hay gente que tiene gracia! ¡ Sin duda!
Pero, siga, siga, Don Hilarión, porque supongo que hay más.

Hil.
El tercer numero, es decir la presentación del Tresporciento, empieza con el recordatorio de El Caballero de Gracia, pero con una letra, digamos, adecuada:
Yo soy el del tres por ciento,
un capitalista de “igilí”,
y aunque todos a mi me conocen,
ninguno me dice: ¡Fuera de aquí!.

El quinto número, que es el dúo cómico, comienza con una melodía que usted reconocerá en cuanto le diga el título: el “Coro de niñeras” de Agua, azucarillos y aguardiente. Y empiezan diciendo:
Los diputados nos mandan
a la cantina, a por café.

Seb.
Promete, Don Hilarión, promete la cosa.

Hil.
En el segundo acto, la intervención de la Presidenta usa la música del celebérrimo “Coro de las viudas”, de La corte de Faraón. Y escuche usted el comienzo:
Al ganar la elección en tu tierra
te conviertes en u diputao,
¡Óyeme! que te doy un consejo,
pa que no seas un mal educao.

No te pido chaqueta y corbata,
pero vístete con distinción ,
no me vengas con  greñas y rastas,
porque basta con agua y jabón.

Cuando votes,
mira bien a tu jefe de filas,
¡obedece!,
¡y no pulses el otro botón!
¡Ten cuidado! ¡Que si yerras!
Vas al mixto sin más dilación.

Por último, el “Discurso de los candidatos” comienza recordando el impresionante dúo de La del manojo de rosas, entre Joaquín y Ricardo, ¿recuerda?:

Don Procopio
¿Quién es usted?
Don Simplicio
¡Don Simplicio!
Don Procopio
¿Y jura usted? …
Don Simplicio

¡Ser sincero!
¡Y usted quién es?
Don Procopio
¡Don Procopio!
Don Simplicio
¿Y está usted aquí?
Don Procopio
¡Por el dedo!


Seb.
¡Vaya descubrimiento!¿Cree usted que veremos esta zarzuela en el teatro?

Hil.
Espero que sí. Es una zarzuela desconocida, crítica, sí, pero simpática. Una obra de teatro es algo efímero y hasta inocente.  Lo malo no está en la Zarzuela, sino a los lados.

Seb.
No le entiendo, ¿a qué se refiere?

Hil.
No me diga que no se ha dado cuenta. A la izquierda del teatro, el Ministerio de Educación, y a la derecha, el Congreso de los Diputados. ¡Ahí si que cuecen habas!


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