martes, 17 de abril de 2018

Los elementos barrocos de Literes.


Los cuatro elementos en un momento de la representación.
Los elementos. pera armónica al estilo italiano), de Antonio de Literes.
Intérpretes: O. Alemán, E. Boix, A. Peña, S. Cardoso y L. Martín-Cartón, sopranos. M. Nogales, mezzosoprano. R. Rivero, bailarín.
Equipo técnico y artístico: Dirección de escena y escenografía: Tomás Muñoz. Iluminación: Fer Lázaro y Tomás Muñoz. Vestuario: Gabriela Salaverri. Orquesta barroca: Forma Antiqva, Director musical y clave: Aarón Zapico.  Fundación Juan March, 16-04-2018.


Dentro del ciclo “Teatro musical de cámara”; y en coproducción con el Teatro de la Zarzuela, de Madrid hemos tenido ocasión de ver la representación de una de nuestras primeras óperas, estrenada hacia 1705 en el Palacio de la Duquesa  de Medina de las Torres, para cuyo aniversario se escribió. El argumento gira en torno a la disputa de los cuatro elementos (Aire, Tierra, Agua y Fuego) por ver cuál de ellos ha de tener primacía mientras el Sol está ausente. La solución la proporcionará el Tiempo quien, dando paso primero a la Aurora, anuncia la aparición del Sol. Algunos autores han considerado que este argumento era una alegoría de la primacía de Felipe de Borbón, futuro Felipe V, sobre el Archiduque Carlos de Austria en la Guerra de Sucesión española.  En esta ocasión esta alegoría ha sido sustituida por una referencia de tipo ecológico, sobre los peligros de la contaminación, enunciados por la megafonía. No estoy muy seguro de que la chavalería que llenaba la sala (esta era una de las funciones escolares) haya entendido este mensaje, pues durante su emisión, la mayoría no prestaba atención.

Una vez empezada la música, la atención si se concentró en la escena. A pesar de que es más que probable que la mayoría del auditorio no haya escuchado nunca una obra de esta o parecida naturaleza, parece evidente que el gran trabajo preparatorio de sus profesores (auxiliado por los promotores de la función) ha dado resultados. Pero, a partir de un guiño de modernidad introducido por el responsable de la escena casi al final del espectáculo (la colocación de unas gafas de sol y algunos gestos “actuales”), y, sobre todo del “hombre de oro” (el bailarín), la actitud cambió radicalmente. Los chavales respondieron con total espontaneidad y se integraron en un ambiente festivo del que me parece que hasta los intérpretes se contagiaron.  Al final, un gran aplauso sonoro y entusiasta.

La obra ha estado interpretada por seis cantantes femeninas (como era costumbre en la época): Olalla Alemán, Eugenia Boix, Aurora Peña, Soledad Cardosoy Lucía Martín, sopranos, como la Tierra, el Aire, el Agua, la Aurora y el Tiempo, y Marifé Nogales, mezzo, en el papel de el Fuego. Todas ellas desarrollaron un trabajo excelente, resolviendo sin problemas alguno las dificultades técnicas de un canto complejo y difícil, tanto en las arietas y recitativos de influencia italiana, como en las coplas y tonadas de carácter español. Aarón Zapico, desde el clave y como director ofreció una lectura excelente.

El desarrollo escénico se circunscribió al movimiento, lento, pausado y hasta elegante, de los intérpretes sobre una plataforma giratoria. No había demasiada diversidad, por lo que me dio la impresión de ser algo reiterativo, aunque reconozco la originalidad y hasta la plasticidad. El vestuario, colirista y distinguido, me gustó y lo creo muy adecuado para la representación.

En resumen, un buen espectáculo que merece la pena volver a contemplar, lo que es posible gracias a la política de difusión de la Fundación March para todos los espectáculos musicales que ofrece. Ojalá otros teatros tomaran buen ejemplo.

Vidal Hernando.

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