lunes, 3 de diciembre de 2018

María del Pilar. Un regalo.


María del Pilar. Zarzuela en tres actos. Texto de Francisco Flores García y Gabriel Briones. Música de Gerónimo Giménez.
Intérpretes:  C. Solis. I. Sobotka. M. Rodríguez-Cusí. A. Gorrotxategi. R. Amoretti. D. del Castillo. D. Sánchez. J. Rodríguez-Norton. M. Gas.
Equipo técnico y artístico: Iluminación: R. Gras. Coro Titular del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección musical: Óliver Díaz. Teatro de la Zarzuela, de Madrid, 2-12-2018.

Versión de concierto en homenaje a Jesús López Cobos.
Estreno en tiempos modernos.


La Navidad es, en general, época de alegría y de regalos. Y aunque todavía quedan unas semanas hasta la fecha exacta, el Teatro de la Zarzuela ha hecho a sus fieles espectadores el regalo de una gran zarzuela que, salvo error involuntario, no se ha escuchado desde el año de su estreno, 1902; es decir hace 116 años. Escuchada la obra, y aunque una única audición no descubra todos sus méritos, no se entiende que María del Pilar no haya sido ofrecida ni grabada. La zarzuela, y otras especialidades de nuestra música, sufren este desinterés sin que haya razón que lo justifique.



Por comentarios de quienes han hecho posible la recuperación de la partitura (que ya está disponible para quienes quieran ponerla en escena, si tienen el valor y los recursos), sabíamos de las bondades de esta composición. El director Juan de Udaeta y personal de SGAE que le ha prestado una importante colaboración, nos puso en el conocimiento de las cualidades vocales e instrumentales de esta magnífica música. Y no exageraban: María del Pilar es una gran zarzuela en la que la amplia orquesta presta un soporte excelente a  ocho solistas cuyas intervenciones requieren cantantes de primer nivel en todos los papeles, incluso en la tradicional “pareja cómica” que aquí se muestra discreta en sus manifestaciones graciosas.

La orquesta sonó muy bien. Poderosa, delicada, suave, densa y siempre al servicio de las voces. El maestro Díaz supo dosificar la potencia de una gran formación, para no tapar las voces, especialmente el coro, cuya situación al fondo del escenario no contribuye a que “salga” adecuadamente a la sala. En la instrumentación quedó patente la maestría de Gerónimo Giménez, procedente de su formación y de su ejercicio como director de orquesta. Hay detalles muy interesantes, incluso sonoridades infrecuentes en la zarzuela como la presencia de un corno inglés.


El plantel de los solistas fue de auténtico lujo. Dos sopranos poderosas  con recursos tanto en el registro grave como en el agudo,  muy   exigente en sus intervenciones. Fueron la pacense Carmen Solis (María del Pilar) y la polaca Iwona Sbotka (Esperanza), con estupenda pronunciación castellana). La mezzosoprano valenciana Marina Rodríguez-Cusí, hizo la Señá Nieves, el personaje cómico femenino, aunque ya hemos señalado que el humorismo es muy comedido. Andeka Gorotxategi, tenor vizcaíno, lírico, brillante y pletórico de energía, cautivó en su papel de Rafael.  Ruben Amoretti, bajo burgalés, fue el Tio Valentín, de voz llena, redonda y rica en matices.  El jienense barítono Damián del Castillo, como Marcelino, estuvo a la altura de sus compañeros. De la misma eficaz manera trabajaron David Sánchez, bajo, como el Tío Licurgo, y el tenor asturiano Jorge Rodríguez-Norton, en el papel cómico de Almendrita. Mario Gas, actor, actuó como excelente narrador. A la belleza de su voz para estos menesteres unió la correcta pronunciación y una variada gama de expresividad, gestualidad vocal y entonaciones que captaron la atención del público. Lo que no me acabó de convencer fue el texto leído, mezcla de frases e ideas del libro original y conceptos actuales que, a mi entender, no permitieron que el conflicto de la zarzuela y las interrelaciones de los personajes quedara siempre claro.

No obstante, María del Pilar ha sido un regalo que hemos de agradecer. Aunque le haya faltado el “envoltorio” de una buena puesta en escena.

Vidal Hernando.

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