viernes, 28 de junio de 2019

Zarzuela en danza: Broche de oro.


Obras de Bretón, Chapí, Chueca, Vives, Giménez, Serrano, Calleja y Barrera, Soutullo y Vert, Lleó, Fernández Caballero, Roig y popular.
Intérpretes: Cristina Arias, Ana Arroyo, Xavier Benaque, Juan Berlanga, Celeste Cerezo, María Ángeles Fernández, Alberto Ferrero, Francisco Guerrero, María López, Helena Martín, Daniel Morillo, Silvia Piña,  Luis Romero y Cristhian Sandoval, bailarines. Ana Cristina Marcos, mezzosoprano. Néstor Losán, tenor. Germán Olvera, barítono. David Durán, guitarra flamenca. Lucas Carmona, cajón flamenco.
Equipo técnico: Dirección de escena y coreografía: Nuria Castejón. Dramaturgia: Álvaro Tato Espacio escénico: Carmen Castañón. Vestuario: Gabriela Salaverri. Iluminación: Eduardo Bravo. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección musical: Arturo Díez Boscovich.
Teatro de la Zarzuela, 27-6-2019.

Un momento del espectáculo. Foto: Javier del Real.
Después del irreverente y contestado espectáculo de Doña Francisquita, el Teatro de la Zarzuela cierra su temporada lírica 2018/19 con una sorprendente, novedosa y espectacular producción que ha denominado Zarzuela en danza, y que constituye un auténtico broche de oro.

El espectáculo que hemos tenido ocasión de disfrutar  es un modelo y ejemplo de que, en pleno siglo XXI, puede revitalizarse la zarzuela sin alterar su esencia ni sus elementos básicos. Zarzuela en danza, imaginado por Nuria Castejón es una verdadera zarzuela, pues en ella se canta, se baila y se declama, y tiene, además, la particularidad de que estas actividades las llevan a cabo, básicamente, bailarines, artistas que suelen expresarse con el cuerpo y la gestualidad. Zarzuela en danza une tradición y actualidad, valores que son fundamentales para construir un espectáculo cimentado en los aciertos y errores del pasado, y que sigue vivo y crece gracias al trabajo, la imaginación y el arte de las gentes de nuestro tiempo.

Una brillante selección musical, formada por 19 fragmentos (incluido alguno de origen popular), engarzada con buena lógica narrativa, da pie al redactor del texto (Álvaro Tato) a plantear momentos poéticos brillantes y apasionados; reivindicativos para la zarzuela y la danza, y socarrones, humorísticos, irónicos …  la esencia de nuestro particular y peculiar teatro lírico.

El espectáculo es vibrante, ágil, dinámico, mantiene el interés del espectador durante casi dos horas, sin que haya un momento de descanso para los intérpretes que derrocharon esfuerzo, dedicación y entusiasmo. 

Todos los elementos contribuyen a la grandeza del espectáculo. El vestuario, variado y en algunos momentos espectacular (los mantones de Manila, movidos con habilidad y gracia); la iluminación, sencilla pero eficaz, llevando la atención del espectador al punto de interés de la acción.  La escenografía, sencilla y movida por los propios bailarines, ¡como si no tuvieran suficiente con bailar!

La actuación de los bailarines me pareció magnífica, demostraron su dominio técnico en los movimientos clásicos, en los bailes folclóricos (¡cuánta energía en la jota aragonesa!) y en los populares (¡ese Vito a “palo seco”!). Los tres cantantes estuvieron correctos; la dirección de orquesta, a cargo del malagueño Arturo Díez Boscovich, colaboró eficazmente con la escena. Mención especial para quien hizo el papel del Soñador, que ordenó el espectáculo con intensidad y energía, además de incorporarse al  baile como uno más.

El público disfrutó, vio y escuchó con atención, no dio muestras de desinterés en ningún momento y aplaudió con intensidad y entusiasmo.
 
Un momento de la danza cubana. Foto: Javier del Real.

Creo honestamente, que Zarzuela en danza, es modelo y ejemplo de que es posible crear grandes espectáculos zarzuelísticos, de primer nivel teatral, sin recurrir a las infecundas “modernizaciones”, “actualizaciones”, etc. de quienes no parece que tengan interés por la zarzuela. Sólo hace falta imaginación y, como decía Rossini, “transpiración, transpiración, transpiración”.

Vidal Hernando.

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