El juramento (Zarzuela de Luis Olona y Joaquín Gaztambide). Teatro de la Zarzuela, 28-11-2012.
Poco más de media entrada
presentaba el teatro para ver y oír esta obra en tres actos escrita por Luis de
Olona, con música del maestro Gaztambide que se estrenó en la Zarzuela el 28 de
diciembre de 1958. Desde entonces, sólo se volvió a representar en 2000, en la
misma producción a la que se refieren estas líneas.
Hay que decir que El juramento es una obra magnífica, con
mucha música (trece números) en la que se mezclan ritmos y ambientes típicos
españoles (muñeiras o seguidillas) con las arias al estilo belcantista, en la
línea de Donizetti, como era habitual en la época. No faltará quien aproveche
para acusar de “italianista” a esta gran zarzuela, injustamente olvidada. Al
público del teatro, que no se movió de sus butacas y que estuvo más atento que
en otras ocasiones, no le importó lo más mínimo.
La representación ha unido
nombres muy importantes de sus respectivas especialidades y, sobre todo,
respetuosos con el mundo de la zarzuela. Emilio Sagi, como director de escena,
presenta un trabajo de primer nivel, dando alegría y vitalidad a la comedia,
moviendo bien a los actores y proporcionando al conjunto un buen ritmo narrativo.
La escenografía, estilizada hasta el extremo pero muy efectiva es
responsabilidad de Gerardo Trotti: colores cálidos y suaves, elementos
decorativos (árboles, rejas de un jardín…) casi sugeridos que hicieron buen
efecto en el público. El vestuario fue diseñado por Jesús del Pozo (fallecido
el pasado año) y es muy atractivo. Predominan los tonos blancos, las formas
recuerdan las aristocráticas vestimentas de la época en que se desarrolla la
acción.
El grupo de intérpretes, todos ellos jóvenes españoles
exige dejar escrito que responde a un excelente nivel de calidad, que no es
necesario recurrir a voces de altísimo caché y que no siempre se comprometen
con la zarzuela, quedándose en interpretar en concierto algunas romanzas y
decir que les encanta el género.
En la función comentada hizo el
papel de María, la soprano Sabina Puértolas, dominadora en el canto y la parte
hablada, con brillantes agudos y muy correcta dicción. Carmen González,
soprano, dio vida a la
Baronesa, un personaje más cómico y despreocupado al que supo
sacar un buen partido, aunque no tiene el lucimiento de María.
Los hombres son cuatro barítonos,
estructura vocal infrecuente, quizá única en el repertorio. El protagonismo
correspondió a Gabriel Bermúdez, que mostró una excelente línea de canto, con
momentos que arrancaron aplausos espontáneos a los asistentes. Dominó el papel
con potencia y musicalidad. Menos importancia en la obra tienen los personajes
de Don Carlos, servido por David Menéndez correctamente. La experiencia y dominio
de las tablas de Luis Álvarez se notaron desde su primera intervención dando
vida al personaje de El Conde, más hablado
que cantado. Por último, Javier Galán se hizo cargo del papel del Cabo
Peralta, personaje cómico en el que se desenvolvió con soltura.
Mención especial merece la
dirección de orquesta. Para los aficionados españoles el nombre del granadino
Miguel Ángel Gómez Martínez no necesita presentación, pero siempre resulta
satisfactorio comprobar cómo se ha de llevar una orquesta que acompaña a
cantantes. Segundo plano, dando el protagonismo a las voces, ayudándoles con
entradas claras y perfectamente visibles, prestando más atención a la escena
que al foso, pero sin perder a este de vista para destacar colores
instrumentales (muy señalada la prestación del clarinete) y para evitar que la
potencia que pueden desarrollar 50, 60 o más músicos ahogue la intervención del
cantante. Tampoco hubo prisas ni apresuramiento, y así la música pudo respirar,
que es lo más importante. A mi entender la Orquesta de la Comunidad de Madrid tuvo
una de sus mejores intervenciones.
En resumen, una representación
para no olvidar y, sobre todo, para no perdérsela. Todavía hay tiempo, hasta el
16 de diciembre. Merece la pena comprar una entrada y asistir a la Zarzuela. En esta caso el
precio será una inversión y no un gasto.
Vidal Hernando.

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