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lunes, 13 de septiembre de 2021

Circe. Brillante recuperación.

 

Ópera en tres actos de Miguel Ramos Carrión, con música de Ruperto Chapí. Versión de concierto. Intérpretes: Saioa Hernández. Alejandro Roy. Rubén Amoretti. Marina Pinchuk. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Coro Titular del Teatro de la Zarzuela (Dtor.: Antonio Fauró). Dirección musical: Guillermo García Calvo. Teatro de la Zarzuela: 12-09-2021.


Saioa Hernández, una vigorosa Circe.
Ha tenido que pasar más de un siglo para que tener la oportunidad de escuchar una gran obra lírica, injustamente olvidada en los archivos. Las razones de este abandono son conocidas: el desinterés de quienes han tenido y tienen la obligación moral de mantener vivo el patrimonio musical hispano que es mucho. Gracias al interés del Teatro de la Zarzuela (con Daniel Bianco al frente), y a la colaboración de la SGAE, se ha recuperado esta ópera que se estrenó en 1902 y que, entonces, alcanzó la importante cifra de 24 funciones consecutivas. Recordamos este detalle, porque sería interesante intentar conocer las razones de esta cantidad, teniendo en cuenta la población de la ciudad y su interés por los espectáculos operísticos.

Decimos esto porque Circe es una obra que en nada se parece a La revoltosa, a El rey que rabió o a La tempestad. Circe es una obra novedosa, escrita para un conjunto numeroso: una gran orquesta utilizada en todo su potencial sonoro, un gran coro que se divide en varios grupos para obtener efectos espaciales de sonido y, curiosamente, sólo cuatro cantantes. Considerando lo que hemos escuchado y sin entrar en análisis técnicos nos atrevemos a decir que Circe es obra enteramente original, con escasas influencias de modelos italianos, alemanes o franceses, aunque haya algunos momentos en que algún tema, alguna breve melodía o ritmo, nos recuerde algo conocido (como el Coro de ninfas con que se abre el primer acto).

 

La orquestación es riquísima, poderosa y brillante en su sonoridad, aunque no oculta las voces de los solistas. Y un detalle importante es que no se limita a acompañar a los solistas o a preparar sus intervenciones, sino que se incorpora a la narración musical del conjunto, entregando temas a los cantantes o recibiéndolos para subrayarlos con sus aportaciones tímbricas. Quizá convendría destacas las “tormentas y tempestades” con una extraordinaria intensidad musical.

El coro tiene un trabajo relevante, propio y denso. Chapí ha incluido efectos sonoros (al parecer para evidenciar las posibilidades del desaparecido Teatro Lírico madrileño, donde Circe se estrenó inaugurando el coliseo) recurriendo a varias localizaciones de algunas voces, dividiéndolo e incluso empleando a alguno de sus cantantes como solistas ocasionales.

 

Guillermo García Calvo y las dos solistas-

El trabajo de los solistas es irregular en su distribución: Circe, la protagonista, tiene un papel largo; prácticamente canta durante toda la obra. De menor extensión es la intervención de Ulises, Arsidas y de la mezzosoprano que sólo interviene en dos momentos: dando vida a la Voz de Juno y a la Sombra de Aquiles. Todos ellos presentan un canto alejado de las intervenciones melódicas acostumbradas; no encontraremos las melodías habituales, que se incorporan a la memoria del público, tampoco hallaremos los grandes finales en las arias que exigen las notas más altas de las tesituras. El canto se encuentra muy cercano a la declamación, pero tiene sus dificultades. Por cierto, y como curiosidad, en la sesión escuchada no hubo ningún aplauso al finalizar algunas de las arias, como suele ser habitual en las representaciones de ópera.

Sería muy positivo tener ocasión de escuchar la ópera en nuevas ocasiones (esperamos conseguirlo a través de la grabación que ha realizado Radio Clásica, que la incorporará a su archivo). Así podremos confirmar, o matizar, estas primeras impresiones.

Al margen del interés que, en estos tiempos, pueda tener la historia que se cuenta, salimos con la impresión de que el texto de Ramos Carrión es de calidad literaria, sin perder de vista que se trata de un libreto. También es destacable la escritura musical para ese texto sin recurrir, contantemente, a las posibilidades que la música ofrece para subrayar palabras, acentos o expresiones.

 La interpretación escuchada nos gustó. La sonoridad de la orquesta, brillante, poderosa y potente, pero sin estridencias, ni siquiera en los metales, que tienen en Circe un trabajo muy destacado. Escuchar la orquesta en el escenario y no en el foso, hace que su sonido nos resulte “distinto” a lo habitual y, seguramente, representa un problema a resolver por el director. Creo que el maestro García Calvo lo zanjó con eficacia y solvencia. Controló todos los detalles, que son muchos, y consiguió una amplia gama de dinámicas y colores.

La maga Circe, interpretada por la soprano madrileña Saioa Hernández, es la verdadera protagonista de la ópera. Prácticamente canta durante todo su desarrollo. Saioa resolvió su papel con eficacia, potencia, dicción clarísima (sin duda ayudada por la escritura del compositor), expresividad y convicción.  Alejandro Roy, dio vida al personaje de Ulises. Su canto poderoso y enérgico llegó a todos los rincones del teatro. El burgalés Rubén Amoretti, conocido y apreciado por sus propios méritos, volvió a ganarse el aplauso de los asistentes. Marina Pinchuck, mezzosoprano bielorrusa que sustituía a Pilar Velázquez (por enfermedad), resolvió sin problemas sus dos breves intervenciones, redondeando su aportación con una gran expresividad.

Merece especial mención el coro del Teatro. Situado al fondo del escenario, cantando con mascarilla, su mensaje llegó al público con elegancia, con la profesionalidad a que nos tiene acostumbrado. Catorce de sus componentes dieron vida al coro de ninfas, al de sirenas y al de “voces”, divisiones creadas por Chapí para ambientar mejor su partitura, aprovechando, como hemos señalado, las posibilidades del nuevo Teatro Lírico.

Circe nos parece una obra muy importante, con una música especialmente expresiva que representa un hito en la trayectoria reciente del Teatro de la Zarzuela. Hay que señalarlo y agradecerlo a quienes, de verdad, trabajan para recuperar y dar a conocer nuestro patrimonio.

 Vidal Hernando.

 

                                                               

jueves, 9 de septiembre de 2021

Ópera: Circe.


Ópera en tres actos de Miguel Ramos Carrión. Música de Ruperto Chapí. Estreno: Teatro Lírico, de Madrid, 7 de mayo de 1902.

 

                                                             CIRCE

Versión de concierto

 

2 funciones (10 y 12 de septiembre de 2021).

 

Intérpretes

Circe, maga (Saioa Hernández, soprano).

Ulises, guerrero (Alejandro Roy, tenor).

Arsidas, guerrero (Rubén Amoretti, bajo).

La voz de Juno y La sombra de Aquiles (Marina Pinchuk, mezzosoprano).

 

Coro titular del Teatro de la Zarzuela (Dtor. Antonio Fauró).

 Orquesta de la Comunidad de Madrid.

Director: Guillermo García Calvo.

                                                                            

 

Personajes e intérpretes del estreno.  Circe, Carlota Fereal.

Ulises, Augusto Dianni. Arsidas, José Mardones. La voz de Juno, Carmen Bazo Barea. La sombra de Aquiles, Dolores Pérez.

 

Números musicales. Acto I. Escena I. Coro de lamentos. Seres invisibles (“¡Ay de mí! ¡Ay de mí!”). Escena II. Entrada de maga y tormenta. Circe, voces, griegos (“Sollozos y alaridos”). Escena III. Coro. Sirenas, griegos (“¡Ah! ¡Peregrinos del mar!”). Escena IV. Encuentro. Griegos, Arsidas, Circe, ninfas (“¡Nadie! ¡Ni un ser viviente!”). Escena V. Advertencias de la diosa. Ulises. La voz de Juno (“Prevén la nave y mi regreso aguarda”).  Escena VI. Encuentro con el héroe. Circe, Ulises (“Bienvenido a mi reino, gran caudillo”). Acto II. Cuadro primero. Escena I. Coro de ninfas (“Con ramas floridas, y juncos y hierbas”). Escena II. Meditación. Circe (“Sembrad, sembrad de flores mi camino”). Escena III, Dúo de Circe y Ulises (“¡Él! De mi llanto borraré la huella”). Escena IV. Cuarteto. Circe, ninfa, Ulises (“Mis cantoras, llegad”). Escena V. Dúo de Circe y Ulises (“¡Ay, quién pudiera, Ulises, cambiar tu pensamiento!”). Escena VI. Meditación. Ulises (¿Por qué pisé esta tierra maldecida?”)- Escena VII. Coro de cacería. Cazadoras, Circe, Ulises (“De alegre montería en fiesta seductora”). Cuadro II. Escena VIII. Coro al acecho. Arsidas, griegos (“¿Oís? De la animada cacería llegan las voces hasta aquí”). Escena IX. Berceuse. Ulises, Circe (“¡Cansado estoy! ¡Qué dura la jornada!). Escena X. Enfrentamiento. Arsidas, Ulises, Circe, mujeres, griegos (“¡Escucha, Ulises, el son guerrero!”). Escena última. Himno. Circe, Ulises, Coro (“Vengan todos y el Himno de Natura entone ya la selva florecida”). Acto III. Cuadro primero. Preludio. Coro, mujeres (“¡Beber y más beber el vino embriagador!”). Escena I. Baile. Bacanal, Circe, ninfas, bacantes (“¡Silencio, silencio!”). Escena II. Escena y coro. Arsidas, griegos (“Ahí le tenéis rendido por la embriaguez del vino y del amor”). Escena III. Sueño. Arsidas, griegos (“Contigo he de beber…”).  Escena IV. Escena y vacilaciones. La sombra de Aquiles (“¡Noble adalid, escucha!”). Escena V. Huida del héroe. Ulises, Circe (“¡Dormido está, sin duda!”). Cuadro segundo. Escena VI y última. Lamento y muerte. Circe (“¡Ulises! ¡Ulises! ¡Ni el eco me contesta!”).

Sinopsis argumental. Acto primero. En uno de sus viajes, Ulises arribó al reino de Eolo, dios de los vientos, quien le proporcionó varios de ellos por si i le hicieran falta. La torpeza y la curiosidad de uno de sus hombres, abrió uno de los odres de los vientos y se desató una gran tempestad, de la que Ulises y algunos de sus guerreros consiguieron y llegar, maltrechos, a la isla de Ea, donde vivía la maga Circe. Acto I. Caverna de Circe. Se escuchan las voces de seres petrificados que lamentan su triste destino. El sonido de un caracol anuncia que un barco está punto de hundirse. La tormenta es muy violenta, los marineros griegos naufragan y son llevados a presencia de Circe, que les ofrece una bebida para reconfortarles. Pero lo que ocurre es que estos hombres son transformados en rocas. Arsidas, que lo ha visto todo escondido, huye.

Circe conoce que en el barco viajaba Ulises, vencedor de Troya, y se propone conquistarle. Ulises y Arsidas recurren a la diosa June que les anuncia que serán protegidos por su espada mágica. Aparece Circe y comprueba el poder de Ulises, quien ha reconvertido a las rocas que le rodean en seres humanos. Circe se siente enamorada de Ulises.

 

Acto segundo. Cuadro primero. El palacio de Circe. Ambos personajes, la maga y el héroe, se sienten atraídos; ambos han sucumbido a la influencia del amor. Circe exige cada vez más de Ulises y le entretiene con danzas, juegos y demás, de manera que el héroe se olvida de sus compañeros, a pesar de los intentos de estos por recuperarle.

Cuadro segundo. Circe ha organizado una cacería para distraer a Ulises y consigue su propósito: Ulises cae rendido en brazos de la maga.

Acto Tercero. Cuadro primero. Circe y Ulises, entregados a los placeres amorosos, dejan que ninfas y bacantes les entretengan con sus cantos y bailes. En un momento Ulises queda solo y se le aparece su Sombra para recordarle su deber de guerrero. Al despertar, Ulises vuelve a la razón y escapa de la isla.

Cuadro segundo. Circe lamenta la huida de Ulises, y en su desesperación, se arroja en el cráter de un volcán.

Comentario. Cuando el maestro García Calvo levante la batuta para iniciar la interpretación de Circe, habrán transcurrido 119 años, 3 meses y 2 días, desde la última representación madrileña de esta singular ópera de Ramos Carrión y Chapí. Desde entonces, Madrid y España han tenido infraestructuras suficientes para ofrecer al público esta obra, pero no se ha hecho. Los responsables han contribuido, con su desconocimiento o intencionalidad, a que una partitura de enorme importancia para nuestra historia, descansara en un archivo, olvidada, “cubierta de polvo”, como dijo el poeta. No debemos ocultar nuestro reproche, pero, cuando menos, hemos de pedir a los responsables actuales y venideros, que permitan que ese “patrimonio cultural” sea conocido por las gentes. En este contexto, nos permitimos reproducir las palabras del Profesor Emilio Casares, en el programa del mano del Teatro de la Zarzuela: “Este país no se podrá considerar mayor de edad en cultura musical mientras sigan en el más absoluto olvido decenas de obras que marcaron una época, como fue Circe”.

En esta ocasión, que no es la primera, la posibilidad nos la ofrece el Teatro de la Zarzuela, gracias al interés de su Director, Daniel Bianco, que, al frente de un equipo entusiasta, ha puesto en marcha los mecanismos necesarios para que Circe suene, aunque sea en versión concierto. A estos “conseguidores” hay que añadir el nombre de Juan de Udaeta, director de orquesta y musicólogo, que ha revisado concienzudamente los materiales originales para generar una moderna edición crítica, editada por la SGAE.

Circe inauguró el desgraciadamente desaparecido Teatro Lírico, un local moderno, ambicioso, el más grande de Madrid en su momento, dotado de los elementos técnicos más sofisticados de su época. Quizá esto pudo influir en que Chapí imaginara una producción grandiosa, con una orquesta de 80 músicos, dos bandas, varios coros distribuidos en la sala y hasta el sonido de una caracola. Al parecer los efectos teatrales y la escenografía fueron espectaculares y el resultado general resultó tan aceptado por el público, que permitió que Circe llegara a las 24 funciones consecutivas. Curiosamente, Circe se representó en el Teatro Colón, de Buenos aires, en 1912.

La música de Circe es muy original y, sobre todo, novedosa, prueba de la versatilidad de un gran músico, capaz de crear páginas de muy diversa factura. En Circe, la presencia de la orquesta es muy relevante, la orquestación es sobria o exuberante, según requiera la acción, y, aunque puedan encontrarse referencias (o influencias) francesas o alemanas, es música personal. Chapí no “copia” a nadie, ni a sí mismo; simplemente está al día de las corrientes estéticas de su tiempo.

El tratamiento de los solistas es exigente, difícil en algunos momentos, por la energía que demandan, por la delicadeza que requieren según cada escena.  El tratamiento del coro también resulta llamativo, tanto cuando actúa en escena como cuando lo hace fuera de ella.

El libreto también fue elogiado y está basado, libremente, en el Canto décimo de la Odisea de Homero y en El mayor encanto, amor, de Calderón de la Barca.

Por último, un dato importante: Circe será grabada por Radio Clásica, de Radio Nacional de España, lo que significa que pasará a formar parte de su archivo sonoro.

(El argumento ha sido extractado a partir del programa de mano del T. Zarzuela).      

 

José Prieto Marugán

 

viernes, 25 de junio de 2021

Pasodobles y marchas procesionales.

Obras de Mariano Pérez Sánchez. Recuperación histórica. Banda Sinfónica de la Sociead Musical “Santa Cecilia” de Requena. ASRESMUS. ARM-VII.

 

Nada descubrimos si recordamos que la banda es un conjunto instrumental básico para la difusión se la música, en aquellos lugares que no pueden disponer de otro tipo de grupos de mayor entidad como es la orquesta. Gracias a ella las gentes de ciudades y pueblos han tenido ocasión de disfrutar del arte de los sonidos en sus muy distintas manifestaciones. De modo paralelo y complementario, la banda ha sido y es un elemento de cohesión social y desarrollo cultural, gracias a la vocación, al esfuerzo y al trabajo constante y callado de quienes a ella se han dedicado: compositores, directores, instrumentistas… No debemos olvidar tampoco la labor educativa de nuestras bandas, proporcionando a niños y jóvenes los primeros rudimentos del complejo lenguaje musical. ¿Nos hemos parado a pensar en cuántos de nuestros grandes músicos se enfrentaron al complicado solfeo, en el precario ámbito de la banda de su pueblo?

Por otro lado, la banda es un conjunto capaz de abordar, junto a obras originales y transcripciones de gran envergadura, un tipo de repertorio de carácter popular que, además de solazar, a las gentes, las acompaña en variadas manifestaciones cívicas. En este terreno, marchas y pasodobles, forman el grueso del repertorio. Marchas y pasodobles que tienen una personalidad distinta: no es lo mismo un pasodoble torero, que uno destinado al baile, como es distinta la marcha alegre y bullanguera que anuncia la fiesta, de la procesional que acompaña a la patrona del pueblo, o de la fúnebre que escolta el último viaje de una persona querida.

Precisamente pasodobles y marchas procesionales es el contenido de este CD. Composiciones escritas por el director y compositor requenense Mariano Pérez Sánchez (1866–1946)

Abre el disco Cansons de l’horta (marcha popular sobre temas valencianos), obra de empaque, rica en colorido que muestra las posibilidades de este tipo de conjunto insrumental.

Se incluyen luego, seis pasodobles, entre los que destacaría el alegre Gallito, dedicado a uno de los toreros de esta saga, así como el Pasodoble Académico nº 1, con su aire de marcha. No puede faltar la reseña del emotivo pasodoble Julia Pérez Clemente, nombre de la hija del compositor que murió en plena juventud. Entre las cinco marchas, encontramos: Del carrer … y de l’horta, con brillante protagonismo de la trompeta: dos, solemnes y majestuosas dedicadas a la Virgen de los Dolores, patrona de Requena, y otras dos de carácter fúnebre: A la muerte de un artista, escrita para un grupo amplio y orquestada con esmero y delicadeza, e Infortunio, página escrita por Mariano Perez en “homenaje póstumo a mis dos Julias” (su esposa y su hija) que el propio compositor deseó para su propio funeral, aunque no fue posible interpretarla.  Más simpática es la breve “diana” La fiesta del patrón, música alegre, con claro aire militar.

 La interpretación de estas composiciones está a cargo de la Banda Sinfónica de la Sociedad Musical “Santa Cecilia”, de Requena, dirigida por Álvaro Albiach en 12 de las obras y por Francisco Melero en las otras dos. Se grabaron en 1994 y 1996 y han siro restauradas utilizando las modernas tecnologías disponibles. Sobre esta recuperación, quiero añadir el comentario de que estamos ante un interesante trabajo “musicológico” en el sentido de que se recupera, una música interpretada y no sólo una música escrita, como suele ser lo habitual en el campo de la investigación musical científica. Saber cómo sonaba la música en otro tiempo, a pesar de las dificultades de grabación entonces existentes, es un trabajo que me parece atractivo e interesante.  José Prieto Marugán.

 

martes, 15 de junio de 2021

Moreno Torroba. Una biografía necesaria.

 

Walter Aaron Clark y William Craig Krause. ICCMU. Col. Música Hispana. Textos. Biografías. Madrid, 2020. 436 págs.

 

Han pasado ya 39 años desde la desaparición, el 12 de septiembre de 1982 concretamente, del compositor madrileño Federico Moreno Torroba, uno de los creadores más importantes del moderno repertorio de la guitarra, además de compositor de grandes y exitosas zarzuelas, actividad, esta última, que le convirtió en el último gran autor del género.

Por fin disponemos en castellano, de su biografía. Editada en inglés en 2013, viene a llenar un hueco importante, dando a conocer la peripecia de un hombre polivalente: compositor, director, empresario, gestor …

El volumen se organiza en tres grandes “actos”, que agrupan el trabajo de sendos períodos creativos: 1891–1932, 1931–1960, y 1960–1982. Estos tres apartados se subdividen, a su vez, en tres “escenas” cada uno. En ellas se desgrana la evolución de un autor fiel a un estilo personal, y a los valores de un género teatral propio como la zarzuela, a lo largo de la complicada historia general que le tocó vivir, incluidas las influencias de la Guerra Civil española y sus posteriores consecuencias.

El libro extraordinariamente documentado, incluyendo datos inéditos y personales, pasa revista a sus grandes títulos teatrales: La marchenera, Luisa Fernanda, La chulapona, Monte Carmelo, La Caramba o El poeta, y, en el repertorio guitarrístico a páginas como la Suite castellana, Sonatina, Piezas características, Madroños, Castillos de España, Puertas de Madrid o el Concierto ibérico.

Los autores, distinguidos hispanistas y musicólogos, norteamericanos, han realizado un trabajo concienzudo y repasan los 91 años de la vida de Moreno Torroba, dejando un estudio de referencia obligada. En los apartados no musicales, es posible encontrar criterios y opiniones personales y debatibles, pero, en conjunto estamos ante una gran biografía que añade una detallada cronología y el catálogo completo de la producción del músico madrileño. Se completa con fotografías y ejemplos musicales. J.P.M.